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A veces la vida te sorprende y te pone a alguien en tu camino con quien tropezar, con quien hablar, con quien discutir, a quien contar batallitas, con quien dormir abrazada, con quien caminar, con quien reír a carcajadas, con quien sincerarte, con quien soñar despierta, con quien jamás, podrás sacar de tu vida…

A veces la vida te sorprende…

                Y es cierto, a mí me sorprendió… Y me hizo tropezar contigo… Y me hizo volver a creer en las personas, volver a creer en los buenos sentimientos, creer en las buenas intenciones y dejar de hacerlo en las dobles intenciones. Volver a creer en que una sonrisa, no tiene precio. En que una llamada, un “¿Cómo estás?”, “te echo de menos”, “estoy orgullosa de ti…” Pueden más que tantas y tantas otras cosas…

Porque si hay algo que tú me has dado, si hay algo que he de agradecerte, si hay algo que siempre he valorado de ti es tu confianza. Sí, eso es, tu confianza.

Gracias por confiar en mí y gracias por hacer que yo también lo hiciera contigo.

Gracias por creer en mí, en mis palabras, en mi verdad, en mí como persona, en mis cualidades… Porque siempre has tenido palabras enormes para mí, siempre has tenido esas palabras que me daban el aliento suficiente para continuar, para intentarlo, para arriesgarme… Porque a veces, nos equivocamos, fallamos, suspendemos… Pero nunca fracasamos si lo hemos intentando… Y eso me lo has enseñado tú. Gracias.

Porque si hay algo que me has dado es energía. Sí, estar contigo es cargarme las pilas de energía positiva, de querer más, de lanzarme a comerme la vida, de enamorarme hasta la médula, de no tener miedo a todo y a todos… Porque gracias a ti, miro a la vida a los ojos, de tú a tú, sin miedo, sin titubeos… Porque gracias a ti, estoy donde estoy.

Porque si hay algo que me has dado es comodidad, y aunque parezca fácil, ya has visto que no lo es. Porque fuiste tú la primera persona que me preguntó si era lesbiana de la misma manera que alguien pregunta por la hora… Porque fuiste tú la que le dio normalidad al hecho de que me enamorase de una amiga. Porque fuiste tú la que me hizo sentirme cómoda aun cuando me presentabas como “mi bollito…” a todo el mundo. Porque fuiste tú la que me hizo sentirme orgullosa de ser quien era y de ser cómo era, porque tú fuiste la primera persona que sintió orgullo viéndome a mí… Porque tú, amiga, vienes a Barcelona a verme y salimos de fiesta por los locales de ambiente, quieres que te lleve al Pride y eres la primera que se dibuja un arco iris donde sea… Porque tu amiga, eres excepcional.

Porque si hay algo que me has dado… son conversaciones, son consejos, son buenas intenciones… Porque has hablado conmigo hasta la saciedad, me has escuchado las mil y una historias que tenía para contar, has sido mi hombro, mi abrazo y mi pañuelo. Has sido mi amiga, mi hermana y mi consuelo. Has sido muchas personas en una sola… (Esto se va pareciendo ya a la Biblia…)

Porque si hay algo que me has dado son, sin duda, buenos recuerdos. Muy buenos recuerdos. Y eso, por suerte, los tengo a buen recaudo, almacenados…

Pero lo que jamás creí que me darías… Lo que jamás creí que vería… Es verte de blanco… No sé por qué, pero… Sin embargo, qué equivocada estaba… Ese día va a llegar pronto, ese día va a ser tu día, ese día… Lucirás radiante, sonreirás y comenzará una etapa nueva en tu vida y yo, amiga mía, estaré ahí, a tu lado, para alegrarme por cada paso que des.

Sí amiga mía, septiembre está a la vuelta de la esquina. Sí, el tiempo corre, los días se atropellan unos a otros, así que ultimando detalles, que cuando te quieras dar cuenta, llega el día.

Me alegro tantísimo de que hayas encontrado al hombre de tu vida, con el que compartir cada minuto, con el que compartir alegrías, aficiones, recuerdos… Me encanta veros, porque se os ve tan bien… Incluso aunque discutáis por la boda, por pequeños detalles… Se os ve genial, se ve tanta complicidad, tanta confianza… Estoy segura, amiga mía, de que os irá genial. Te llevas a un pedacito de pan, de lo mejor que hay.

Así que, vamos a ponernos guapas, vamos a verte a Alicante, a ver como luces como nadie ese blanco virginal, a verte más feliz que nunca y a comerte a besos. Vamos a disfrutar cada minuto de esa boda, de ese enlace, de esas miradas que os vais a regalar. Vamos a disfrutar viéndote a ti en tu máximo apogeo… Es tu día, amiga mía, disfruta, déjate llevar, baila, canta, hazte fotos, besa… Pero sobre todo, se feliz, porque esto es solo el comienzo, esto es solo el preludio… Esto acaba de empezar.

Gracias amiga mía, por enseñarme, que no en todos los ríos te lleva la corriente.                      

Gracias amiga mía por demostrarme el poder que tiene la mente.                                        

 Gracias amiga mía por creerme, por no dudar, por no pedir nunca nada más.                             

Gracias amiga mía por ser, por estar, por confiar…                                                                    
Gracias amiga mía,  por hacerme la vida más fácil, por estar a mí lado, por apoyarme, por quererme, por valorarme y hacer que yo misma me valore, por estar al otro lado siempre… Gracias amiga mía, por enseñarme lo que es la amistad y no frivolizar con esta palabra.                                                                     

Gracias amiga mía por compartir este día, con nosotras, con tus bollitos.

Os voy a contar mí fin de semana romántico y especial, espero que os guste.

Me encanta sorprender a mi chica, organizarle mil cosas sin que ella colabore y después decirle…”Tachán…” Y cargarme las pilas con esa mirada y esa sonrisa que me dedica, que podría parar el reloj e incluso el movimiento de la tierra.

Me habían hablado de un sitio para hacer una escapada y poder relajarnos, cosa que tanto a mi chica, como a mí, nos venía de lujo. La zona en cuestión, El Valle de Arán.

Reservé un Hotel Rural precioso por esa zona, es más, cogí una suit que era digna de ver. Tenía todo pensado y organizado. Habría cena romántica, habría balneario, paseos eternos por los pirineos…

Como se cómo soy, se lo comenté. Lógicamente, no le comenté todo, solo a dónde íbamos. Busqué mucha información de los alrededores, de visitas obligadas… Hasta que un buen día, estaba en casa tranquilamente cuando me avisó una amiga de que pusiera las noticias y lo vi: Desastre en El Valle de Arán. Y ahora… ¿Qué hago…?

Veréis, cuando conocí a mi chica me llamó mucho la atención los dos sueños que me dijo que tenía y que haría cualquier cosa por cumplir. Uno era ir a New York, ciudad a la que adora, y el segundo era nadar con delfines.

El primero, el de ir a New York lo hicimos hace unos dos años, fue un viaje muy especial. Pero el segundo… ¿Dónde podríamos hacer eso?

Me puse manos a la obra, si no podíamos ir a los pirineos, algo tendríamos que hacer. Busqué información para poder nadar con delfines. Entre mi persistencia y la ayuda de otra amiga… Lo encontré. Se podía nadar con delfines en “MundoMar”, Benidorm. Así que miré hoteles, contraté todo, reservé todo y me guardé el secreto bajo llave, sabedora de la ilusión que le haría.

El día que hicimos la maleta fue muy especial. Ella iba doblando y metiendo ropa de montaña, botas, abrigo… Y yo metía el bikini, las chanclas, la crema… Pero de la manera más natural…

Cargamos el coche a primera hora y enfilamos el Mediterráneo, Benidorm, la ciudad de los rascacielos nos esperaba.

Hay que tener en cuenta que ella no sabía que no íbamos a Lleida, así que imaginad el desconcierto que tenía cuando veía que yo bajaba y bajaba por la costa. Ella venga a preguntar si había puesto bien la dirección, que el GPS tenía que estar loco, que cómo íbamos a ir a Lleida por ahí… En fin, que sacó su móvil para buscar el itinerario y yo tuve que parar en la primera área de servicio con la excusa de tomar un café y a continuación hacerle conducir a ella… Todo era poco para que tuviera las manos quietas.

Al final, se lo tuve que decir, porque era tan obvio y ella estaba tan nerviosa que a mí se me escapaba hasta la risa. No le dije a dónde íbamos, le dije simplemente que allí no podíamos ir.

Pasamos un día especial de comidas y cenas, de paseos por la playa al atardecer, de miradas, muchas miradas, de muchas conversaciones, de visitas…

Y llegó el día de llevarla a la sorpresa, al motivo de estar allí. Cuando cogimos el coche y empezamos a alejarnos del casco urbano ya empezó a mosquearse…  Pero cuando llegamos al parque se quedó un poco sorprendida… “¿Aquí me traes?”

Fuimos directamente a la taquilla y presenté mi reserva. Ella aun sin saber nada, me imagino que pensaba que era una entrada normal. La chica cogió mi papel, lo miró y me dijo: “Llegáis tarde, han adelantado la hora… Cómo ya nació el bebé delfín…” Y nos quedamos muertas… Enfilamos el camino hasta el delfinario, que para no variar estaba en la parte más alta y alejada del parque.

Por el camino ni hablaba, iba seria y con la vista puesta en el suelo… Cuando llegamos y nos sacaron el neopreno para bañarnos ya empezó a hacer preguntas… “¿Pero esto…? ¿Delfines, cariño?”

Nos hicieron esperar a pie de la piscina… Los delfines ya estaban allí. Los monitores nos dieron unas recomendaciones y unos consejos básicos mientras  les veíamos. La ilusión y el cumplir un sueño, se reflejaban en su cara. Ojalá hubiera podido captar con mi cámara ese momento, esa mirada, esa media sonrisa mezcla de timidez, de alegría, de una ilusión grandísima, tan grande que la podías tocar con la mano…

Todo pasó rapidísimo… Nos metimos en la piscina, nos hicimos fotos con los delfines, les tocamos, jugamos con ellos, hicimos “casi” el show con ellos… Fue increíble.

Yo me pasé todo el rato pendiente de ella, de verdad. Porque a pesar de que estar con los delfines es algo impactante, no os podéis imaginar cómo impactaba su mirada, su sonrisa… A veces me pillaba mirándola y me susurraba “Te quiero”, cuando nos juntábamos me abrazaba o me daba un beso… Fue especial, muy especial.

 

Lo tenía todo preparado, lo tenía todo pensado. Era nuestra escapada y quería que saliera todo bien, quería hacerla feliz, notarla feliz y con eso me quedo.

Mil gracias por estar siempre al otro lado.