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Las semanas pasan volando, atropellando casi a los días, que con su juventud y su inocencia, se pasean. El tiempo vuela, el tiempo tiene alas y las despliega, arrancando las hojas al calendario, arrancando las horas al reloj, arrancándote una sonrisa…

Algunos dicen que lo más caro del mundo es un diamante… Otros dicen que es el oro… Otros dicen que es una propiedad en una gran ciudad… No tienen ni idea de la vida… Lo más valioso es el tiempo, lo tengo claro.

El tiempo ni se vende ni se compra, el tiempo no puede cambiarse por cualquier otro objeto, el tiempo no se detiene, no corre, no vuelve hacia atrás… El tiempo es el tiempo. Es eso que jamás podrás controlar perfectamente, es eso que te da la vida y que te la quita, el tiempo no es solo lo que marca tu reloj de pulsera, es lo que marca tu vida.

El tiempo me ha enseñado que la vida jamás es lo que te esperas, que siempre guarda un as en la manga, que siempre juega con ventaja… El tiempo me ha enseñado a que es más importante mirar hacia delante que hacia atrás. El tiempo me ha enseñado que una sonrisa, puede ser lo más cálido del mundo y que un abrazo, puede ser el único abrigo en un invierno frio.

El tiempo borra huellas y borra heridas, pero jamás dejes que borre una sonrisa o un buen día… El tiempo es quien realmente pone a cada uno en su sitio y creo que yo ya he encontrado el mío…

El tiempo pasa tan deprisa, que a veces asusta… Por eso hay que estar ahí, al pie del cañón, para hacer que todas las horas del día cuenten, que todas las horas del día tengan su momento, tengan su sonrisa y valgan la pena.

El tiempo pasa tan deprisa, que sin darme cuenta ya han pasado ocho semanas desde que nos alegraste la vida a todos. Ocho semanas que hemos pasado mirándote y queriéndote, aunque tu aun, no te das cuenta. Ocho semanas de noches sin dormir y de llantos. Ocho semanas de risas incontroladas y felicidad plena a la hora de dormir… Merece la pena.

Es increíble lo que el tiempo ha hecho contigo, cariño. Es increíble lo que el tiempo ha hecho con todos nosotros. Nos has cambiado la vida… No sabes hasta qué punto.

Puedo pasarme horas mirándote, mientras te doy algún beso o te canto alguna canción… Puedo pasarme el día revisando las fotos del móvil. Puedo pasarme el día entero hablando de ti… Eres, sin duda, el mejor regalo que mi hermana podía darme.

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No sabría deciros si fue una casualidad, o varias, o quizá el destino, o una señal, o el inicio de una conversación sin ninguna doble intención, o a lo mejor fue por tener gustos parecidos… No lo sé, no sabría deciros, lo único que os garantizo es que lo volvería a iniciar una y mil veces.

Muchas veces pasan cosas a nuestro alrededor, a nosotros mismo o a personas de nuestro círculo más íntimo que no sabemos expresar, pero sin embargo las aceptamos, nos sentimos cómodas con esas casualidades y continuamos.amistad<

Me alegra saber que existe gente buena, gente que a pesar de la distancia, a pesar de mil pesares, están ahí, al otro lado. Me gusta creer en el ser humano, me gusta creer que de verdad hay gente que se preocupa por ti sin buscar nada a cambio, que no lo hacen por quedar bien. Me gusta ver cómo te preguntan “¿Cómo estás hoy?” Y te lo preguntan de corazón, sintiendo que eres una amiga, sintiendo que eres alguien en su vida.

Es increíble como a veces conoces a gente que te llena de una manera increíble. Sí, porque generalmente estamos rodeados de gente que nos conoce, con los que hablamos a diario de cosas banales, del tiempo, de deportes… Y sin embargo, llegan a tu vida una serie de personas, con las que apenas has hablado, a las que apenas conoces… Y te hacen sentirte integrantes de su vida, te hacen sentirte cómoda hablando, contando, sintiendo, llorando…

Así que sí, existe gente buena por el mundo, gente extraordinaria, gente que se preocupa por ti, gente que te apoya en todo lo que haces, gente que, en mi caso, me lee cada vez que subo una entrada, que me alienta a que siga escribiendo, a que suba nuevas entradas. Gente con la que me reconforta hablar, gente que se acuerda de las nimiedades de mi vida, si tengo médico, si tengo reunión, si tengo una conversación importante… Gente que te hace sentir especial, querida, parte de…

Así que, gracias, de corazón. Porque para una persona como yo, con todos los miedos y los demonios que tengo dentro ( que poco a poco van saliendo, ya lo sabéis) saber que hay alguien que me apoya, que me lee, que me valora lo que hago… Me emociona, y no sabéis hasta qué punto me emociona… Jamás me he sentido tan agusto dentro de un grupo como lo estoy ahora. Gracias de todo corazón por estar al otro lado, por los buenos días, por las buenas noches, por las noches sin dormir por hablar conmigo y sacarme los demonios, por las palabras de aliento y de ánimo, por animarme, por escucharme en la radio y pedirme mil canciones… Gracias por estar al otro lado, gracias por aparecer y gracias por dejarme ser una verde más.

 

Y así iban transcurriendo los días en la Barcelona que soñaba, la que estaba llena de posibilidades y de sueños.

Comencé a intimar cada vez con algunos de los compañeros de trabajo y salíamos a menudo de cenas, de cañas, al cine… En una de esas cenas que venían amistades de mis compañeros apareció ella. ELLA. En mayúsculas, sí. Nos presentaron, nos dimos dos besos y me pareció encantadora, repito, EN-CAN-TA-DO-RA. No sé qué vi en ella tan rápido, pero me gustó. Durante el resto de la velada a penas hablamos, aunque yo he de reconocer, ahora que no me lee nadie, que a hurtadillas la miraba, pero tenía tanta presión por si ella me pillaba observándola, que apenas me quedé con sus facciones.

Cuando acabó la cena, hablando con los compañeros sobre qué me habían parecido sus amigos, sus respectivas parejas, las conversaciones… Me preguntó por ella. Lo debió de notar en mi cara, quizá por el rubor que iba creciendo en mis mejillas, por la sonrisa esa de tonta que se nos pone, por la mirada gacha, mirando a “ningún lado”…. Así que me lo dijo claro, sin rodeos, sin preámbulos…” No se si te has dado cuenta de qué juega en tu equipo…” La sonrisa de tonta se multiplicó por mil aproximadamente. Cierto, mi gaydar no me había dicho nada sobre esta misteriosa chica, pero la noticia terminó de alegrarme la noche. Él continuó dándome algún dato básico sobre ella y me preguntó que sí quería su e-mail. A mí me hacía ilusión tener su e-mail, pero ¿ella querría que yo escribiera? El hecho es que yo sí que noté que me miraba, pero pensé que era su manera de responder a mi poco disimulada observación.

Lo acepté, que narices, tampoco tenía nada que perder e igual, mucho que perder. El caso es que la chica me gustaba, había visto algo en ella que me encantaba, me había fijado en cómo hablaba con los demás, los temas, como se expresaba… Me gustaba.

Y así comenzó nuestra historia. Por terceros, como suele decirse. Tiempo después, nos enteramos de que había sido una “encerrona”. Que además de hacer la cena con la excusa de juntarnos y pasar una noche agradable, el plan B era que nos conociéramos.

Comenzamos a hablar por mail, después por msn, después nos dimos los números de teléfono y después, volvimos a vernos, pero vayamos por partes.

Imaginaros como estaba yo frente a mi ordenador intentando escribir un mail a una chica que me había encantado y sin embargo no sabía ni cómo empezar. ¿Cómo me presento? ¿Qué le digo? ¿Estará esperando que haga esto? ¿Le habré gustado?… Demasiadas preguntas, pero por suerte, tenía la solución frente a mí, tenía que escribir ese mail.

Estuvimos varios días hablando, días que se convirtieron en días de esperanza y de ilusión. Esa chica tenía todo lo que yo buscaba. Éramos perfectas la una para la otra, quizá tan perfectas, que asustaba, me explico. Teníamos los mismos gustos musicales, los mismos sobre cine, sobre aficiones, sobre tiempo libre, sobre estilo de vida… Da igual de lo que hablásemos, estábamos de acuerdo. Da igual lo que propusiéramos, la otra estaba encantada.

En esos días de correo deseado y esperado comencé a recordar lo que recordaba de ella. Lo primero que pensé fue en su boca. Me encantaba (ahora más). Labios muy carnosos, sonrosados, sonrisa blanca y perfecta. Su risa… amplia, enmarcada por esos labios de los que me costaba apartar la vista, parecía una sorda intentando leer los labios. Su mirada, me gustaba como miraba a la gente, la forma de sus ojos, sus cejas, sus patas de gallo cuando sonreía. Te miraba como con un halo de luz, dándote la bienvenida. Su nariz… Sí, sí, su nariz. Estaba deseando morderle la nariz ( he de reconocer que tengo fijación con las narices… pero solo mordisquitos cariñosos, eh? ). Qué ganas tenía de verla de nuevo.

Las conversaciones versaban sobre todos los temas. Enseguida nos dimos los números de teléfono y comenzamos a mandarnos sms. Esos mensajes que todo el mundo está deseando recibir. Esos mensajes que cuando suena el Tic Tic de la notificación de que te ha llegado uno nuevo se te pone el corazón a mil, se te seca la boca y estás deseando abrirlo.

Otra de las cosas que teníamos en común, y que ya lo comenté en un anterior post, y que a todo el mundo sorprende, a mí la primera, es la fecha de nacimiento. Nacimos el mismo día, aunque de diferente año.  Es una cosa muy curiosa, nunca había conocido a nadie que naciera el mismo día que yo…

Un día, hablando por el msn por la noche, le dije un chiste, una gracia y recuerdo que mi sarcasmo no atravesó la pantalla del pc… Lo estaba malinterpretando. Así, que me armé de valor y la llamé por teléfono. Cómo quien dice, era la primera conversación que íbamos a tener, aunque nos conociéramos mucho y supiéramos muchísimo la una de la otra… Quería oír la voz, su voz.

Y ahí estaba, la valiente que se había a llamar por teléfono… Ella contestó sorprendida, más lo estaba yo. Tiene la voz más dulce que os podáis imaginar. Creo que en la radio, haciendo alguna lectura un poco…intensa, triunfaría. Increíble su voz, su forma de expresarse, el sonido de su risa, sus silencios… Ese día, hablamos hasta las 4 de la mañana… que se dice pronto.

Al final, llegó el día en que quedamos. Yo, que sabía lo que me gustaba y lo que me interesaba esta chica decidí ir a buscarla a casa. Ella vivía fuera de Barcelona, y no quería que estuviera pendiente de trenes y de horarios. Así que en su casa me planté. Ella bajó, entró en el coche y me plasmó dos besazos en cada mejilla como si le fuera la vida en ello y saludando con un “Hola guapa”… Ya tenía el corazón a mil. Había decidido el sitio al que iba a llevarla. De camino de vuelta a Barcelona hablamos de varias cosas, pero no me giré ni un solo momento para mirarla, ni uno. Ella sin embargo, iba sentada de lado y me miraba cuando hablaba, lo normal. Hasta que no aparqué el coche y nos bajamos no me atreví a observarla, a mirarla, a memorizarla… Pero lo hice, y mi memoria no me fallaba, me encantaba, su boca, su sonrisa, su mirada…

Fuimos a una cafetería del barrio del Borne (para las que sois de por aquí), que a mí me encantaba. Solo estaba iluminada por velas y era… íntimo, romántico.

¿Sabéis lo que pasa una vez que te vence la vergüenza y la miras a la cara, a los ojos? Qué estás perdida, porque ya no pude apartar mis ojos de ella. Nos pedimos dos tazas de café que aún estaba humeante cuando nos lo sirvieron y hablamos de mil cosas, de historias nuestras, de nuestros amigos, de nuestra familia. Cuando miré la hora, era ya la hora de cenar. Qué rápido se pasa el tiempo con esta mujer, increíble.

Por supuesto, me la llevé a cenar. En la cena ya se veía que había más confianza, más seguridad, más ganas… Se notaba. Fuimos a un bar que sirven tapas, que está muy bien la relación calidad precio… Pues ese día no. Ese día las tapas estaban malas, estaban frias, otras recalentadas… Horrible… Pero ella se sentó a mi lado, de cara al resto del bar que disfrutaba de una tarde de futbol y “sin querer” me tiró el Nestea por encima. Digo sin querer entre comillas, porque me lo limpió ella… Yo creo que estaba deseando tocarme y no sabía que excusa poner… Así que ahí estábamos las dos sentadas, en un bar, y ella secándome toda la pernera… Fue… divertido, por no decir nada más.

Otro día cuento a partir de este momento, desde que la llevé a casa y alguna cita más.

Mil gracias por estar al otro lado, de verdad.

Un saludo, muac