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¿Y que sentir cuando tus sentimientos se entremezclan dentro de tu piel, confundiéndote a ti y a tu razón de ser?

Siempre supe que me gustaba escribir y que quizá, debería de hacerlo más. Pero algo se rompió dentro de mí, cómo si se hubiera secado mi tinta, cómo si me hubiera quedado parada en un punto y aparte y no supiera recuperar el rumbo. No sé qué es lo que pasó, pero mis letras se convirtieron en haches, enmudecieron dentro de mí.

Cuando la tinta que fluye por mis venas comenzó a volverse liquida, a tener consistencia y también historias que contar. Cuando el punto y aparte, se convirtió en una simple “coma”. Y cuando mi brújula volvió a ponerme en rumbo, volví a escribir.

Me di cuenta de que tenía tantas historias dentro de mí que quería contar… Que no sabía por dónde empezar. Pero quizá ese era el mejor comienzo, comenzar, aun sin saber por dónde.

Y creo, que fui valiente. Sí, estoy segura de ello. Pocas cosas hay más valientes y osadas, que sacar lo que llevas dentro y dejarlo fuera. Nunca sabes hasta donde sientes alguna cosa, hasta que lo sacas y lo valoras desde fuera… Siempre es más grande. Nunca es más pequeño.

Y día a día, fui llenando este blog de notas, de apuntes, de cosas que se  me pasan por la cabeza, de cosas que escribo en el metro de camino a casa, de cosas que sueño, de cosas que quiero, de cosas que anhelo… De cosas que escribo.

Me siento cómoda escribiendo, aunque no fue una tarea fácil. Recuerdo que cuando creé el blog, había temas que me daba vergüenza publicarlos. “Es demasiado cursi”, “demasiado triste”, “demasiado…” Siempre era demasiado… Porque los sentimientos, amigas, son demasiado, sino es que no sientes bien.

Y ahora, tras presentarme a algún que otro concurso y llevarme varias sorpresas. Tras colaborar en un corto, con dos medios de comunicación vía web de los más leídos e intentar llevar mi blog lo mejor que puedo… Ahora, precisamente ahora… Publicaré mi primera participación en un libro. Sí, cómo lo leéis.

Si me lo dices hace algún tiempo, no te hubiera creído… ¿Un libro yo? ¿Estamos locos? Pero ahí está… El día 15 saldrá mi participación… Y estoy, que no me lo creo aun.

Así que, desde aquí, desde mi humilde casa quería daros las gracias… A todas y cada una de vosotras, gracias de corazón. Porque si hay alguien que me ha ayudado a tirar hacia delante y no tener miedo a escribir… Sois vosotras, cada una de vosotras. Porque  me animáis a que siga escribiendo y eso me da la fuerza suficiente para coger un bolígrafo casi a diario y escribir, aunque sean dos líneas, pero escribir.

Gracias por formar parte de todo esto, no sabéis hasta qué punto me habéis ayudado y reconfortado. Gracias.

Y en cuanto al libro… Se llama “Historia para tres”… Y os iré informando, por supuesto que sí. Sale a la venta el día 15, ya no queda nada…

Solo os puedo decir, que tengo los nervios a flor de piel desde que me dijeron la fecha de publicación. ¿Irá todo bien? ¿Gustará? ¿Será el primero de muchos? ¿Será el último? No lo sé… El tiempo es el que responderá a todo eso, pero solo puedo deciros, que para mí, yo ya he ganado. He logrado hacer algo que jamás hubiera imaginado, publicar un libro.

No os rindáis nunca…

Mi dedo no tiene solución. Sí, creo que es la mejor manera con la que comenzar esta entrada. Pero os pongo en antecedentes, para que podáis entender todo lo que os cuento.

Hace casi un año, el día 7 de octubre tuve un accidente con la moto. Por suerte, no me rompí nada, a pesar de lo aparatoso que fue. Pero me hice polvo una de las muñecas.

Esa muñeca, ha sido mi tendón de Aquiles desde que era una adolescente. Me la lesioné jugando al baloncesto y desde aquel día pasé por numerosas lesiones y hasta por tres operaciones. Al final, tras mucha rehabilitación, con la última operación la mano quedó “cómo nueva”. No me daba guerra y me dejaba vivir con normalidad. Hasta el día 7 de octubre…

La caída fue tan fuerte que la muñeca me explotó por dentro. Sí, es cierto. No me rompí nada. Pero mi muñeca no estaba bien. Me dolía y la tenía inflamada y a partir de ese momento, comenzó a dolerme el dedo meñique y a engancharse el tendón cada vez que flexiono el dedo. Lo llaman “Dedo en gatillo”, y es un coñazo.

Ha pasado casi un año y el dedo va cada vez peor, ahora no solo es el meñique, también el anular. Los tengo como dormidos. Siento una especie de hormigueo cada vez que los muevo. Es cierto que no es demasiado doloroso, pero es muy incómodo. Los flexiono mal, los muevo mal y es una sensación muy rara.

El martes pasado volví a ir al médico, esta vez, a un especialista en muñecas. “No hay nada que hacer”, me dijo. El problema no lo tienes en el dedo, sino en la muñeca, y te desencadena ahí, porque el tendón pasa por ahí mismo. ¿Entonces? Le pregunté yo. Habría que hacer dos operaciones de muñeca complicadísimas y otra del dedo para arreglártelo. No te compensa, porque seguramente la muñeca te quede peor que ahora, aunque el dedo te quede bien.

Total… Que me quedo como estaba. El dedo mal. Igual con el paso del tiempo, vuelve todo a la normalidad, me dijo el doctor, pero no volverás a tenerlo como antes…

Y te quedas pensando… ¿Otra vez a empezar? Llevo todo el año de médicos, de sesiones de rehabilitación y no tiene solución…

Aunque, si miro hacia atrás y pienso fríamente la verdad es que he tenido tantísima suerte, que si solo me queda de secuelas esto, creo que soy muy afortunada. Sí, a pesar de los pesares. Muy afortunada. Porque tras el choque y la caída, lo único que me rompí fue el vaquero, así que, puedo al menos sonreír y seguir hacia delante.