Posts etiquetados ‘san juan’

Hoy quiero compartir con vosotros un relato que escribí para el concurso que organizaba Walskium, espero que os guste.

 

 

Santa Campaña

 

El ladrido de los perros me devolvió a la realidad del coche. Aparté a Carlos que me besaba con devoción. “¿Has oído eso?”. Se volvió hacia a mí susurrando un “tranquila” que murió cerca de mi nuca. “Algo pasa, Carlos, noto el nerviosismo de los perros”.

Me coloqué la ropa, “¿Qué haces, Inma?”, oí que me preguntaba sereno. “Estamos solos, estamos solos en este maldito bosque…” Dijo alzando la voz mientras se subía la cremallera.

Tiré de la maneta y abrí la puerta. Una ráfaga de oscuridad me devolvió a la realidad. Noche de San Juan, de madrugada en el bosque. “Bien Inma, bien…”

Los perros seguían ladrando de una manera desmedida, algo pasaba.

Dimos varias vueltas alrededor del coche, haciendo cada vez más amplios los círculos. No había nadie, pero no estábamos solos. Se oían una especie de cánticos, de oraciones. Se oían unos susurros ininteligibles que ponían la piel de gallina.

El aullido de un lobo cercano hizo que nos girásemos y nos buscásemos. “Nos vamos”, susurró Carlos. Nos dirigimos con el paso y la respiración acelerada hacia el coche. Fue entonces cuando ambos pudimos escucharlo con claridad. Era como una oración conjunta. “¿Eso es latín?” No me respondió. Entramos en el coche, puso la llave en el contacto, la giró, pero el coche no arrancó. “¡Mierda¡”. Comenzó a golpear el volante una y otra vez con sus manos. “¿Y ahora qué hacemos? ¿Qué hacemos?”.

Salimos del coche y la oración nos llegó de manera clara, como si la gente que rezaba estuviera a nuestro lado, decían: “Que propter nos hómines et propter nostram salútem descéndit de caelis et incarnatus est de Spíritu Sancto ex María Vírgine…”

¿Por dónde venían? Mirábamos a derredor nuestro y no había nadie. Entonces recordé las palabras de mi abuela. “Cuando cae la noche y la oscuridad lo envuelve todo, la Santa Campaña sale de procesión y recorren errantes los caminos…” Pero… ¿Cómo iba a ser la Santa Campaña? ¿Cómo iba a ser un grupo de almas errantes vestidas con una túnica y capucha blanca, portando una vela mientras conducen a un mortal que pronto abandonará la tierra? ¡Eso es imposible!”

“Carlos ¿Has oído hablar de la Santa Campaña?” Le hice un breve resumen de lo que recordaba de las historias de mi abuela. “¿Y ahora qué hacemos?” Me dijo asustado.

Había varias maneras para evitar a la Santa Campaña. Mi memoria trabajaba a contrarreloj, intentando recordar. “No les mires a los ojos, ¿me has oído? Y si se te acercan haces un círculo en el suelo con una cruz dentro y te metes dentro. No dudes y hazlo”.

Las oraciones dieron paso a otro tipo de rezo más rítmico, como si cantaran, decían: “Quantus tremor est futurus,quando iudex est venturus.”  El olor a cera me recordó que estaban cerca.

Intentaré describir lo que vi. Un hombre extremadamente delgado portaba una cruz y un caldero, seguido de una procesión fantasmal, ataviados todos de blanco, descalzos y con una vela.

Se aproximaron a nosotros. “Carlos, no les mires, no les mires…” Le recordé mientras clavaba mi barbilla contra mi pecho.

El que precedía la comitiva se nos acercó, yo me agaché e hice un círculo en el suelo con una cruz y me metí dentro. “Carlos, el círculo… ¡Haz el círculo!”.

Estaba de pie, absorto, con su mirada clavada en el hombre tan delgado que llevaba la cruz. “No les mires”, le volví a decir, pero ya era tarde, demasiado tarde. Carlos cogió la cruz que le ofrecían y comenzó a andar delante de ellos, guiándoles.

 Le enterramos a los cuatro días.

 

Anuncios

Me gusta leer, tumbarme en el sofá junto a una taza de café humeante y leer, sin preocupaciones, sin prisas, sin teléfono sonando… Empaparme en la historia, ser la protagonista, o la amiga de la protagonista y disfrutar por un rato de una vida que no es la mía.

Me gusta escribir, sentarme en mi escritorio con mi boli azul y vaciarme, vaciar mi mente, mi alma y sangrar cada una de las que cosas que atesoro dentro de mí. Escucho música, me embebo de mil y una sensaciones y esculpo estas palabras, brotan, nacen y mueren y alguna de ellas, deja huella en mí.

Me gusta hablar, conversar con la gente, oír sus voces e intuir su estado de ánimo. Me gusta conocer distintas formas de pensar, de vivir, de razonar… Porque en el fondo todos tenemos nuestra razón, nuestra verdad, nuestra piedra filosofal…

Me gusta mirarte cuando sé que no te das cuenta, cuando sé que no puedes mirar la cara de tonta que se me queda… Me gusta mirarte en silencio, en medio de un griterío, mientras comes, mientras caminas, mientras hablas por teléfono… Me gustas.

Me gusta tu voz, sí, el sonido de tu voz, tan pausado, tan tranquilo, tan… íntimo. Me gusta escucharte, me gusta que susurres mi nombre, me gusta que me menciones…

Me gusta el mar, me gusta la playa, me gusta escribir tonterías en la arena con el pie, me gusta pasear por la orilla, descalza, disfrutando de la brisa, recargando mi batería solar y salina. Me gusta que me dé el sol en la cara, cerrar los ojos y disfrutar de mi fotosíntesis particular.

Me gusta conducir, aunque en Barcelona capital no mucho, me gusta llevar el volante y conducir, disfrutar del paisaje, de la música que sirve de banda sonora para ese viaje en cuestión. Me gusta las conversaciones sobre las expectativas de lo que nos vamos a encontrar, lo que vamos a hacer, lo bien que lo vamos a pasar…

Me gusta el café… Adoro el café. Me da igual que sea verano o invierno, que sea de noche o que esté saliendo el sol, que esté sola o con toda mi familia… Me gusta su olor, que llega a cada rincón de mi casa. Me gusta su color, como tus ojos. Me gusta que me embriague con su cafeína, que despierte hasta partes de mi cuerpo que no estaban ni dormidas. Me gusta disfrutar de cómo excita a mis papilas gustativas antes de dejarse caer dentro de mí. Me gusta el café, su amargura, su textura, su olor…

Me gusta las noches de verano, como a Shakespeare. Las noches de verano son mágicas, cómicas, divertidas, llenas de sorpresas iluminadas por la luna, llenas de paseos nocturnos, llenas de sudores fríos a la hora de dormir, de baños en la noche de San Juan…

Me gusta la fotografía, las fotos, retratar el momento, captar la energía de “algo” en concreto. A pesar de tener buena memoria, me gusta tener un disco duro que guarde todo lo que mis ojos han visto y se han podido deleitar. Así que salgo con mi objetivo y capturo todo lo que de una manera u otra ha removido algo en mí, ha cambiado algo, me ha llamado por mi nombre, tuteándome, y ha hecho que me gire y que toda mi atención, todo mi campo visual y toda mi energía… Se dirija hacia allí, que congele, que capture, que robe ese instante.

Me gusta cuando disfrutaba de las fiestas de mi ciudad, de la feria, de las casetas, de las mil y una atracciones que montaban y que valían un ojo de la cara. Me gustaba ir a los conciertos, siempre venía gente muy importante y muy conocida a nivel nacional, así que si querías ver actuar a alguien, tenía que ser en las fiestas o bien en otra ciudad. Me gustaba mucho ir a las casetas con mis amigos. La mayoría de la gente bebía sidra, que es muy típica por allí. Me encanta la sidra, siempre que la bebo recuerdo esos momentos.

Me gusta ver los fuegos artificiales, noche oscura, y el cielo brillando, temblando.

Me gusta que haya alguien al otro lado, detrás de su pantalla de ordenador, que haya entrado en mi blog conscientemente, solo para leerme, solo para leer mi última entrada, solo por leer qué cosas me gustan, qué cosas escribo, qué cosas siento… Me gusta ver las estadísticas, que siento reconocer, miro cada poco, soy vanidosa quizá, pero es tal “subidón” el que me da cuando veo que me lee tanta gente, cuando veo la gente que repite, la gente que se había conectado esta misma semana y que ha vuelto a conectarse… Me gusta escribir para vosotrXs, me gusta saber que estáis ahí, a mi lado, leyéndome, apoyándome, disfrutando de las cosas que me pasan, que siento o que simplemente modelo para poder publicar… Me gusta teneros ahí.