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Después de siete años contigo, me he dado cuenta de que aún hay cosas que tengo que aprender de ti, que hay cosas que me llaman la atención y que hay cosas, que mejoran por momentos. Quizá sea por eso, que cada día estoy más enamorada de ti, porque cada es distinto al anterior, aunque sean las mismas actrices, nosotras.

Cada día descubro una anécdota diferente que hace que te quiera aún más si cabe, y siempre cabe. Algún hecho en concreto te hace recordar algo, y tu mente vuela años atrás, para contarme aquello que te pasó y que, por un momento creías que habías olvidado. Cada día, descubro alguna historia más que me hace comprender tu carácter, tu personalidad, tus cicatrices, tus victorias…
Cada día mi vida, me descubro mirándote con la misma necesidad que hace siete años, mientras tomábamos ese café y yo no paraba de mirarte a la boca, y a tu forma de pronunciar cada palabra. Tienes los labios más bonitos que jamás he visto y que jamás he besado. Quizá sea por eso, por lo que nunca me canso de hacerlo.
Cada día mi vida, siento que he acertado, que por fin he encontrado a alguien que vale la pena de verdad. He encontrado a mi compañera de vida, mi compañera de viaje, con la que compartir cualquier cosa que se me pase por la cabeza, desde locuras transitorias, hasta aventuras que no acaban. He acertado, porque nunca he sido tan feliz como lo soy ahora, siete años después. He acertado, porque tengo la suerte de compartir mi día a día con alguien que me conoce mejor que yo misma, que me quiere y que, confía más en mí de lo que yo misma soy capaz. He acertado porque con nadie me siento mejor que contigo, con nadie.
Cada día mi vida, cuenta. No es un día más, un maldito lunes más… No. Cada día tiene su misión, su lugar, su porqué… Y es hacerte feliz. No me canso de levantarme e intentar que tú día sea lo más feliz posible y que, no te canses de sonreír en todas las horas que estés despierta. Esto es pura magia, porque sé que precisamente tú, intentas lo mismo conmigo. Es el amor.
Cada día mi vida, es mejor que el anterior. Cada día nos queremos más si cabe, que cabe, nos valoramos más y nos entendemos mejor. Cada día nos necesitamos más, a pesar de ser más independientes, cada día tenemos más claro lo que queremos y luchamos por ello. Cada día lo tengo más claro.
Cada día mi vida, es un regalo. Quizá, estos siete años han pasado tan rápidos como toda mi vida anterior a conocerte a ti. Es estar contigo y el tiempo vuela. NO recuerdo si es lunes o es viernes, si comienza febrero o celebramos ya san Valentín. El tiempo vuela, cómo yo cuando te tengo cerca.
Cada día mi vida, me gustas más, me atraes más y te siento más. No me canso de hacer el amor contigo, no me canso de compartir besos enterrados bajo las mantas. No me canso de dormir todas las noches abrazada a ti y susurrarte lo mucho que te quiero. No me canso, porque es eso precisamente lo que me hace feliz y lo que me da la fuerza para poder continuar día tras día.
Cada día mi vida, cada día de estos siete años te he sentido cerca, y quizá, en parte gracias a ti, me he convertido en la persona que tienes hoy delante. Creo que soy mejor persona desde que estoy contigo. Creo que soy más paciente, más luchadora, más creyente, porque he empezado a creer en mí y en confiar un poco más en los demás… Tu me haces tantas cosas, mi vida. No solo feliz.

Cada día mi vida, es único. Cuando tu vida la compartes con el amor de tu vida, cada día es único.

¿Te vienes a comer conmigo? Prometo que después, habrá café.Después

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Creo que jamás podré olvidar el pasado día 10 de septiembre… Y no es para menos.

El pasado martes pasaron dos hechos que para mí son muy importantes y que los he valorado mucho. Ese día el dijeron a mi hermana el sexo del bebé, cosa que os diré más adelante, por supuesto. Y la otra cosa es que ese día mi pareja y yo hacíamos un año de pareja de hecho.

 

Vayamos por “mi aniversario”. Pues bien, en verdad, nuestro aniversario, el de siempre, el que siempre hemos celebrado es en enero, que es cuando comenzamos a salir… Pero ahora hace un año que nos hicimos pareja de hecho y… ¿Por qué no celebrarlo?

Creo que los aniversarios, aunque su nombre me lleve la contrario, no han de celebrarse solo una vez al año. O explicado de otra manera, no debería solo de importar un día cada 365. El aniversario debería de celebrarse a diario, porque cada día puede ser un regalo si sabes cómo aprovecharlo.

Hay dos cosas que me definen perfectamente y que, según las mires, pueden ser una bendición o tu propio infierno. Una es que adoro la fotografía, cosa que creo que ya os he comentado. Tengo fotos de todas las cosas que os podréis imaginar y al llegar a casa las guardo con la fecha y el lugar donde las realicé. Y la otra “bendición” es mi memoria… Tengo una buena memoria, me acuerdo de las cosas más insignificantes o carentes de significado para muchos… Pero para mí, cargadas de magia. ¿Cuál es el problema? Que solo con pararme a pensar, recuerdo cosas que hice hace un año, lógicamente, cosas concretas, cosas algo especiales… ¿Cuál es el problema? Que tanto ella, cómo yo, procuramos y luchamos porque cada día sea distinto, porque cada semana tengamos mil recuerdos… Yo por mí, desde hace más de cuatro años, cada bien poco podría celebrar mi aniversario, porque siempre recuerdo algo que hice con ella en esa misma fecha…

Al principio… No sabía si celebrarlo, si no… Si comprarle un detalle… Si llevarla a cenar… Pero ¿Sabéis qué? Ya está bien de que el calendario me avise de cuando he de tener un detalle o invitarla a cenar… Ya está bien… Así que si salimos a cenar o tengo un detalle con ella o lo que sea… Que sea porque es lo que más deseo y porque la sonrisa y la cara de sorpresa que pone cuando la sorprendo, vale más que cualquier calendario, cualquier aniversario y cualquier cosa… Es de esas pocas… Que no se compran con dinero, pero tampoco pueden pagarse.

Y en lo referente a mi hermana… Sabíamos desde hace tiempo que el día 10 le harían la “ecografía”, en la que le dirían ya el sexo del bebé.

Siempre, cuando ves a una embarazada, la gente se aventura a decir, a apostar, a vaticinar el sexo de la criatura que lleva dentro… Nosotros no somos diferentes al resto…

Tanto mi chica como yo, desde hace ya tiempo, sospechábamos o teníamos el pálpito, llamarlo como queráis, de que sería una niña… El caso es que hablando con mi hermana nos dijo que tanto ella, como mi cuñado también creían que sería una niña…

Cuando la vimos hace unos días, que ya se le notaba más el embarazo, tenía la barriga muy redondita, y la cara también. Dicen, se cuenta, se rumorea… que cuando la forma de tu barriga es así, es porque llevas una niña… Yo la verdad, que no se si creer en estas cosas, pero yo también sentía que sería tía de una niña…

Ayer me llamó mi hermana para confirmarme lo que esperábamos. Será una niña… Una nena…

Estamos encantadas, las cosas como son. A mí la verdad, si os soy sincera, me daba igual una cosa que otra. Me hace tantísima ilusión el ser tía, que el resto, me es igual.

A veces, cuando salía a dar un paseo y veía algún vestido o algún peluche… Decía…”Espérate… espérate…” ¿Ahora? Al menos se lo que es… Y a partir de ahí… Ya puedo ir haciendo cosas…

Para mi pequeña, que algún día lo leerá, porque yo se lo enseñaré… El día 10 de septiembre, estando tu madre de cinco meses, me hiciste ya inmensamente feliz. No lo olvidaré, jamás…

Arráncame estas ganas locas de ti, de tenerte ya aquí, de abrazarme, de dormirme sobre ti, de dormirme sobre tu cansancio, de dormirme junto a tu sueño…

Arráncame estas ganas locas de verte, de vislumbrarte desde la ventana, de contonear mi mirada con el vaivén de tu cadera, de esforzarme por no gritar y dejar entrever mis ganas de ti.

Arráncame estas ganas locas de oírte, de sentir tu voz, de sentir como me acaricia de sentir como solo un triste acorde de tu garganta, calma todo mi oleaje, calma todo mi día…

Arráncame estas ganas locas de besarte, de morderte el labio, de jugar con tu lengua, de perderme en tu boca, en tus labios, en tu calidez vespertina, en tus ganas de besarme y en mis ansias porque lo hagas…

Arráncame esta ausencia, arráncame estas ganas de ti, arráncame este vacío que siento cuando al entrar en casa… Tú no estás… Porque si tú no estás en casa, no es nuestra casa, no es más que una biblioteca sin libros ni murmullos, no es más que un estanque sin patos, no es más que una quinceañera sin dudas y sin acné, no es más que una canción sin estribillo, no es más que un ser humano con los bolsillos llenos de imperfecciones, sin sueños ni ilusiones, no es más que un folio en blanco, no es más que un mechero sin piedra, no es más que un trozo de mármol sin unas manos que le moldeen… Si tú no estás, ni es casa, ni es nuestra, ni es nada… Si tú no estás, es solamente una putada.

Arráncame la ropa, a mordiscos, a tirones, de pie o tumbadas, pero arráncamela. Contigo no finjo, contigo soy yo, contigo me muestro desnuda, tal cual soy. No tengo miedo a que veas mis imperfecciones, no tengo miedo a que veas mis complejos, no tengo miedo a que me veas… No tengo miedo de que me mires y de que me veas. No hay nada más sexy que eso. No hay nada más sexy que tú. No hay nada más sexy que tú contemplando mi desnudez.

Arráncame todo menos la vida, porque es el pentagrama donde hemos de componer nuestra canción, nuestra melodía, nuestras estrofas o nuestro estribillo repetitivo… Arráncame todo… Menos la vida…

Llevo unos días un poco indignada… Llevo unos días intentando hacerme a la idea de las cosas que he leído, de las noticias que han llegado hasta a mí, intentando darles forma, intentar comprender el porqué de estas cosas…Pero lo siento, no encuentro ninguna explicación.

Hace unos días salió en todos los telediarios la mega manifestación que se produjo en París, en la mismísima ciudad de la luz y la ciudad del amor, en contra del matrimonio igualitario. Qué contradicción ¿verdad? La ciudad de la luz y la ciudad del amor en contra de algo tan bonito como es que dos personas, independientemente de todo, se quieran.

París siempre ha sido una ciudad muy importante y Francia un gran país y sin embargo cientos y cientos de personas se congregan en la capital para manifestarse. No lo entiendo…

No entiendo porque en pleno año 2013, en pleno siglo XXI, tengamos que estar todos nosotros luchando y peleando por nuestros derechos. ¡Ojo! Digo nuestros derechos, por supuesto. Porque lo son, ¿O acaso alguno de nosotros somos distintos al resto? ¿Acaso alguno de nosotros no cotiza y no paga sus impuestos? ¿Acaso alguno de nosotros se quiere aprovechar o sacar partido de su condición? ¿Verdad que no? Somos iguales, pero en lo bueno y en lo malo, para disfrutar y para pagar, para todo.

Si a alguno le da por revisar la Declaración de los Derechos Humanos, donde se supone que se recogen todos los derechos de todas las personas sin importar nada más, dice en su artículo primero ( fijaros si es importante ):

“Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos y, dotados como están de razón y conciencia, deben comportarse fraternalmente los unos con los otros”.

Así que, que no nos engañen ahora. Nacemos libres e iguales en dignidad y en derechos. Si a mí me cuestionan por mi orientación sexual y se me excluyen derechos por esta condición, están afectando a mi dignidad y a mi sentir como persona.

El artículo 2 dice y cito textualmente:

                “Toda persona tiene todos los derechos y libertades proclamados en esta Declaración, sin distinción alguna de raza, color, sexo, idioma, religión, opinión política o de cualquier otra índole […]”

No soy abogada ni mucho menos, pero me ha quedado muy claro.

Me imagino que mucha gente puede desconocer mil detalles sobre la vida de cualquier homosexual, lo puedo imaginar, pero ¿Qué quieren o necesitan saber? No hay nada. Un homosexual es simple y llanamente una persona que se siente atraída por una persona del mismo sexo. Y lo más importante de la definición que he dado es “persona”, pero es lo primero que se le olvida a muchos.

Sí, soy lesbiana, sí, soy mujer y sí, quiero mis derechos. Porque yo cumplo con las obligaciones que tengo, ¿por qué entonces no voy a poder disfrutar de los derechos que me son intrínsecos por el mero hecho de ser persona? Porque no hay que olvidar, que según la Declaración de los Derechos Humanos todas las personas tienen esos derechos desde que nacen, por el mero hecho de nacer, de ser personas, de ser uno más en este mundo…Tienen esos derechos. Sin luchar, sin pelear, sin que tengan que aprobar ninguna ley ni ninguna medida… Los tienen, son suyos.

Estoy harta de leer que ha habido un nuevo suicidio, un nuevo caso de homofobia, un nuevo caso de discriminación, de violencia, de acoso escolar… ¿A dónde queremos llegar? No creo que sea tan difícil de entender… ¿O sí?

Mirad, yo no elegí ser lesbiana, no lo elegí. Quizá, si fuera heterosexual mi vida sería mucho más fácil, eso seguro, ¿pero sabéis qué? Que aunque parezca raro, aunque no queráis creerme, os aseguro que hoy por hoy no cambio nada de mí. Así de claro. Estoy orgullosa de ser quien soy y de cómo soy. Con todos mis matices, con todos mis defectos, con todas mis virtudes, con todas las metas que he conseguido y con la certeza de que esta noche cuando vuelva  a casa  me acostaré al lado de la persona más maravillosa que me ha brindado la vida, una mujer, la mía.

Así que, le pese a quien le pese, le duela a quien le duela, soy así y no puedo cambiar (OJO) y no quiero cambiar. El que quiera tenerme a su vera, día a día, me tendrá y quien no entienda que dos personas del mismo sexo puedan ser pareja o quererse o… que no esté a mi lado, ¿sabéis por qué? Porque soy yo la que no quiero tener cerca a alguien que, primero, no me acepta a mí ni a mi pareja, segundo, infravalora a las personas que pertenecen a esta comunidad, que son muy grandes y valientes y tercero, ha perdido todo mi respeto  como persona, porque es el primero que no respeta, que no acepta y que no nos quiere.

Gracias, como siempre, y perdonar el “sermón” Pero es que llevamos una semana de malas noticias para la comunidad LGTB… que no puedo con ello. Ojalá llegue el día en que este tema pertenezca al pasado y no se tengan que dar miles de explicaciones. Ojalá llegue el día en que este tema, no sea un tema.

Un saludo, muac.

Pues después de la famosa frase de “No me gusta el pescado”  todo fue bien. Ella no me defraudó, porque supongo que nos habrá pasado a todas, que conoces a alguien que parece que es de una manera pero después te das cuenta de que no, que las apariencias engañan y nunca sabes hasta qué punto conoces a alguien.

Pues ella era tal cual se mostraba y tal cual yo la imaginaba. Su sentido del humor fue soltándose poco a poco y cada vez nos reíamos más juntas. Su confianza conmigo igual, hablábamos de más temas, de temas más personales, del día a día, de sueños…

Y bueno, supongo que ahora viene la primera vez que nos acostamos, pero como comprenderéis es algo que no voy a contar aquí. Os puedo decir, que antes de estar con ella me había acostado con más chicas y casi ipso facto sabes lo que esperas de la otra persona. Me explico. Que conoces a una chica y te gusta físicamente, porque no te ha dado tiempo a más, sabes lo que esperas de ella y lógicamente, ella de ti. No hay más que rascar.

Sin embargo, con ella fue especial. No puedo decir que la quisiera ni mucho menos, pero había algo. No fue sexo por sexo, hubo algo más.

Había ganas de sentir, de estar y cuando digo estar me refiero al significado completo. Quería sentir sus besos, sus caricias, sus abrazos, su aliento… Casi me importaba más ese intercambio de intimidad que lo que es el sexo en sí mismo. Quería conectar con ella como lo había hecho hasta ese momento. Porque con el sexo se disfruta, sí, pero creo que se disfruta más cuando hay esas ganas de conocer a la otra persona, de impregnarte de ella, de saborearla.

Para todo hay una primera vez y para estar con una persona, también. Ninguna primera vez es igual. Puedes hacer, decir, experimentar cosas parecidas, pero cada una tiene un encanto que lo hace único. Lo bueno de experimentar de nuevo una primera vez, es que parece que las otras que has sentido, quedan en un segundo plano. No las borras, ni las olvidas, pero están en el fondo, tras el telón. Las primeras veces, hablemos de lo que hablemos, me encantan. Es sentir la inquietud de la novedad. Los nervios, las risas tontas, las caricias igual un poco torpes, que se , tirán perfeccionando con el tiempo. Me encantó la primera vez con ella. Me encanto verla que dormía con mi pijama, porque ella quería oler a mí, olerme mientras dormía. Me encantó poder abrazarla durante varias horas seguidas por primera vez. Y al despertar, aun un poco tímida o cortada por vernos así, recién levantadas y volver a besarla… Eso no tiene precio ni tiene nombre.

Esa mañana, le preparé el desayuno y me acompañó al trabajo. Tuvimos que ir en taxi porque llegaba tarde. Y después, cuando ya había amanecido, ella se cogió el tren y volvió a su casa.

Esa fue nuestra primera noche, nuestra primera mañana, nuestro primer desayuno, nuestro primer taxi compartido, nuestra primera vez en el lavabo para lavarnos la cara y los dientes… Fue la primera vez de tantas otras. La primera vez que empecé a anhelarla, a desear que llegara la hora de salir del trabajo para ir a verla, la primera vez que escuchando cualquier canción, asiento y pienso, “tiene razón, eso es lo que pasa”. La primera vez que preparé tostadas para dos y que la otra persona lo valore y lo agradezca. La primera vez de tantas otras, en un solo día, en una sola noche, en un ridículo cúmulo de horas…

A partir de aquí comencé mi nueva vida, mis nuevos pensamientos, mis nuevos sueños e ilusiones. Comenzó a aflorar la nueva yo. Todo tiene su explicación. Hasta que ella llegó, nada iba bien. Las cosas iban pasando y yo solo intentaba hacerles frente, pero no lo conseguía y las cosas se me amontonaban, y al final, decidía pasar, sin más, almacenar esos “problemas” en algún lugar oscuro de mi memoria, intentar no recordarlo, intentar no pensar más.

De mi época de antes de estar con ella me acuerdo, por supuesto que sí… Pero he olvidado tantas cosas, que si no me las recuerdan, me enseñan fotos, me ponen una canción, un vídeo, un sonido o un olor.. No sería capaz de explicarlos.

Sin embargo, desde que comencé con ella, parece que la memoria se ha convertido en mi nuevo don. Recuerdo conversaciones, mensajes, emails, primeras veces, menús, viajes, fechas, canciones… En fin, recuerdo muchas veces.

Hasta este punto de mi vida, no había tenido la suerte de encontrar a alguien que me valorase de verdad. Que interpretara mis sueños, que me diera una palmadita en la espalda y que me dijera, “Adelante”. Que me tendiera la mano cuando estaba en el suelo… Que me sonriera cuando más lo necesitaba.

Me explico. Siempre me gustó el deporte, mucho. Cuando tenía once años, engañé a mi padre para ir a hacer unas pruebas para un equipo de futbol, lógicamente, mi padre pensó que era femenino, y aun así, no le parecía bien. Cuando llegamos y vio a todos los niños de mi edad preparándose, creo que casi le da un infarto. Al final, aceptó. Hice las pruebas y ya ves la sorpresa que las pasé. Comencé a jugar en uno de  los mejores equipos de mi ciudad. Contra todo pronóstico el entrenador me sacaba de titular, jugaba bien, disfrutaba, los compañeros me querían (y yo a ellos) y para más inri, quedé pichichi de esa temporada y salí en el periódico local. ¿Cuál fue la respuesta de mi padre? Sacarme del equipo, sin explicación.

Siempre dije que algún día retomaría los estudios y que estudiaría psicología. Bien. ¿Para qué? Si total, vale mucho dinero y no creo que lo saques…

O cuando me pasaba horas escribiendo y se lo enseñaba a mis padres y… lo volvían a dejar encima de la mesa sin leerlo… Esas cosas.

Sin embargo, desde que empecé con ella… Me escuchaba. Eso es un privilegio que la gente no lo valora. Le dije que quería estudiar, pero que me daba miedo, que trabajar y estudiar iba a ser mucho para mí. Ese mismo año, me acompañó a la universidad y me matriculé en el grado de psicología. Voy poco a poco, me cuesta sacar tiempo para todo.

Me ve escribir, leer, soñar con todas estas cosas. Me ayudó a abrirme el blog. Me lee todo lo que escribo, me apoya y valora.

Le dije que me habían propuesto hacer lo de la radiobollo …. Y claro, que me daba vergüenza, miedo, ¿yo de locutora? Miradme, ahí estoy. Es ella la que me empuja a que haga estas cosas, a que supere mis miedos, a que procure valorarme yo misma. Me ve capaz de cualquier cosa que se me pase por la cabeza y últimamente, son muchas. Eso es lo que yo he encontrado en ella, por eso prefiero cualquier recuerdo con ella, que cualquiera de los que tenía antes.

Un saludo, muac.

Las cosas no me resultaban fáciles. No encontraba mi sitia por más que buscaba. En mi casa discutía con mis padres con cualquier pretexto. Supongo que si sumamos mis hormonas y mi edad y que tampoco ellos tienen mucha paciencia… Pues era una bomba día sí y día también. Y siempre, lo que comenzó siendo una tontería, una nimiedad, se convertía en una dura discusión. Tampoco encontraba mi sitio con mi grupo. No voy a decir amigas, porque dentro del grupo a dos consideraba amigas, el resto simplemente salíamos juntas.

Necesitaba y esperaba más de la vida, eso que vivía no podía ser todo, faltaban cosas. Como ya os dije, por esa época escribía mucho. Yo creo que tengo la mayoría de las discusiones con mis padres en mi cuaderno rojo. Mis sentimientos hacia las chicas no habían cambiado, aunque yo lo había intentado. Mi miedo y la continua presión ( hoy lo pienso y se que no es excusa, pero así fue) hizo que me “echara un novio”. Sí, lo pongo entre comillas, porque la verdad que pobre chaval. Nos llevábamos muy bien, nos reíamos mucho, hablábamos de nuestras cosas…Pero no había más, de vez en cuando nos dábamos dos besos y cada uno para su casa. Esa fue mi relación con un chico. A día de hoy, puedo decir que de vez en cuando hablamos, que sabe lo mío, que por suerte no se lo tomó nunca a mal. Cuando le conocí le llamaban… “El tío como me pone” Todas las chicas de mi clase, bueno, del colegio estaban detrás de él. Que si no me había fijado lo guapo que es, que ojos más bonitos, que labios… Y yo no sabía que responder. Así empezó todo. Él estaba detrás mío y todas me envidiaban, así empezó nuestra historia. Con miedo, con un no saber que hacer. Aunque dentro de todo lo malo, conseguí un buen amigo.

Comencé a trabajar también en una pizzería que abrieron nueva. Lo bueno de este trabajo era el horario, hacíamos 3 o 4 horas diarias y las podíamos repartir durante el día como quisiéramos, al no ser que fuera fin de semana o festivo. Así que mientras me sacaba mi bachiller, repartía publicidad y también tenía las manos en la masa. La mayoría de la gente de la plantilla éramos amigos o conocidos, del mismo colegio. Lo pasábamos bien, pero la verdad que trabajábamos muchísimo. Pero el dinero venía bien, porque además en diciembre me volvían a operar de la mano. Así que tampoco pude trabajar demasiado en la pizzería.

Un 13 de diciembre me operaban en Pamplona uno de los mejores médicos que había de las muñecas. Así que el día 12 pusimos rumbo hacia allí. Estaba muy nerviosa, para mí, me lo jugaba todo. Haría todo lo que me sugiriera el doctor.

Cuando desperté de la operación, abrí los ojos con dificultad debido a la anestesia y el doctor me dijo que todo había ido bien… Sentí lo que es el alivio, la tranquilidad. En la habitación me esperaban mis padres. Cuando abrí los ojos y vi que la escayola de la mano me llegaba casi hasta la axila… me asusté. Me habían tenido que “arreglar” lo que me habían hecho en las otras dos operaciones. Así pasé las vacaciones de Navidad, escayolada hasta la axila. Me tenían que pelar hasta los langostinos. Aunque pensándolo bien, eso no estaba del todo mal.

La rehabilitación fue dura y larga. Me metían mucha presión en los ejercicios. No era capaz de mover la mano. La muñeca la tenía totalmente rígida y sin fuerza. Cuando acabé la rehabilitación y comencé a hacer de nuevo deporte, volví a poder hacer una flexión. Lógicamente con cuidado, porque si me pasaba de esfuerzo, se me abría la muñeca, pero con cautela, podría hacerlas.

El curso siguiente me fui a Madrid, casi con 19 años, a una especie de colegio mayor. Aquí es donde gran parte de mi personalidad salió a relucir. Aquí fue donde me dije :” sí, soy lesbiana ¿y qué?” Y…nada, no pasaba nada, en el centro había alguna más, además que se les notaba y que ellas no hacían por encubrirlo ni nada. Así que yo estaba encantada, este era mi sitio. Madrid es una ciudad muy grande y ofrece muchas posibilidades para la gente que viene de ciudades pequeñas.

Aquí conocí a la primera persona, independientemente de su sexo, que me hizo sentir deseo, sentir algo parecido al amor, atracción… Cosas que no había sentido en su gran mayoría.

Desde el primer momento conectamos. Hablábamos mucho, nos reíamos, nos llevábamos bien. Un fin de semana que la gente aprovechó para ir de visita a su casa y yo aproveché para quedarme con mi nueva amiga, ya que ella era canaria y no se podía permitir irse todos los findes a la isla, pasó. Sí, sí, pasó lo que desde hace tanto tiempo yo deseaba que pasara. Se que tarde, sabía que tenía ganas, no se si el momento fue el mejor o no, pero a día de hoy, 7 u 8 años después, yo lo recuerdo con alegría, con ilusión.

Nos habíamos quedado muy pocas. Comenzamos a hablar y se nos hizo tarde. No se ni como ni por qué, pero me dijo que me metiera en su cama, que para estar sentadas encima, nos tumbáramos dentro. Aquí tengo varias lagunas en la memoria, porque estaba demasiado nerviosa, sabía que iba a pasar algo. No recuerdo que me decía, pero se que era algo de que le gustaba, de que se sentía cómoda conmigo. Ella debió de notar mi miedo o mi preocupación cuando me dio la mano, y cómo que no pasara nada me dijo que si quería, podíamos ir a fumar un cigarro, que no pasaba nada, que estuviera tranquila. Fuimos a fumar  y me contó más o menos su historia, estuvimos hablando y volvimos a la cama. Nos acostamos y me abrazó, yo temblaba y recuerdo que le dije que no sabía si temblaba de miedo o de frío. Me besó. Fue la primera vez que de verdad besaba, que de verdad sentía ese beso, que sabía que ese beso era para mí y el mío era para ella. Mientras me besaba, mientras sentía sus labios en los míos, me abrazaba, me cogía la mano. Me fui relajando, me fui sintiendo tan cómoda como si de verdad no pasara nada. Y así pasamos la noche, entre risas, comentarios, besos, abrazos. La cosa no fue más allá, pero para mí fue la noche.

Puede parecer una cursilada, pero así amanecimos, así nos encontró el sol cuando apareció. Con las manos cogidas, besándonos, acariciándonos el pelo…

Ese fin de semana, como lo teníamos libre, salimos a comer, a cenar, a pasear… ¿qué nos encontrábamos con alguien del colegio…? No pasaba nada, tomábamos algo y en el momento que yo decía que iba al baño, ella decía :”Ay, espera que te acompaño…” Y así, nos besamos en mil sitios. Siempre estábamos buscando cualquier excusa para seguir labio con labio.

Así continuamos, no se cuanto duró la historia, mi primera historia… En clase se sentaba justo detrás de mí, así que siempre nos estábamos mandado notas, diciéndonos las ganas que teníamos de estar juntas, de estar solas, de darnos un beso…

Otro fin de semana que nos quedamos decidimos coger una habitación en un hostal, para estar completamente solas y tranquilas. No salimos de la habitación nada más que para comprar provisiones. Incluso nos llevamos la cena y la comida al hostal. Entramos un viernes después de comer y salimos el domingo por la mañana. Tenía 19 años y mi mundo en su mirada.

Otro día contaré la continuación.

Mil gracias a todas por pasaros por el blog, es un placer ver como suben las visitas. Sois geniales.

Un saludo, muac.