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Hoy me ha pasado una cosa que a pesar de ser predecible y que además la estaba esperando, no dejó de sorprenderme y conseguir que esbozara una amplia y emocionada sonrisa.

Hace un rato, llamaron a la puerta de mi casa. Cómo comprenderéis no estoy demasiado acostumbrada a que nadie me llamé directamente a la puerta de mi casa, pero hoy alguien llamó. Eché un vistazo a través de la mirilla y vi que era el cartero con un sobre grande.

Tras realizar los trámites de identificarme y firmar, el hombre me entrega el sobre. Cerré la puerta y me quedé con el sobre abrazado sobre mi pecho, como una idiota que siente que ahí hay un tesoro. Cogí aire varias veces antes de disponerme a abrirlo.

No es que sintiera miedo, ni nada parecido. Sentía una extraña sensación de bienestar, de orgullo, de felicidad controlada. Jamás pensé que el hecho de recibir ese sobre, que vuelvo a recordar, estaba esperando, podría hacerme sentir tantas cosas.

Me senté en el sofá mirando el sobre y leyendo mi nombre completo y mi dirección escrita a mano por mi remitente. Leí el remitente, escrito a mano también.

Rasgué la parte superior y lo abrí. Extraje unos folios que venían grapados y los dejé encima del sofá. Los miré, me puse de pie y los hice una foto para poder enviársela a mi chica junto a un mensaje tan claro como: “¡¡Ya llegó, cariño!!” o algo similar…

Me puse de cuclillas mientras comencé a leer esos folios perfectamente organizados en tres montones y grapados en su esquina superior.

Lo había leído tantas veces que yo creo que poco me faltaba para saberlo de memoria y poder recitarlo incluso. Pero no tiene nada que ver  leerlo desde el ordenador o desde el móvil a leerle sujetando tú esas páginas.

La primera vez que lo leí me emocioné, es verdad. Pero aun lo ves todo tan lejos, tan ficticio, tan exagerado… Que no le das la importancia y la trascendencia que en verdad tiene. Siempre restándole valor, restándole importancia… Cuando en verdad, si cierro los ojos y lo pienso, sonrió sin querer.

Hoy he tenido en mis manos por primera vez de manera física el contrato de mi editora para mi participación en el libro. Hoy he vuelto a leer cada uno de los puntos, he visto mi nombre que figuraba junto al de AUTORA. Hoy me ha emocionado tener esos papeles en la mano, esos papeles que pensé que eran ficticios, que pensé que no eran tan importantes, que pensé que jamás me entregaría el cartero en mano y que jamás tendría que firmar. Esos papeles que ahora descansan en mi salón y que han hecho que me levante y venga hasta aquí para escribir esta nueva entrada y haceros llegar la increíble noticia.

Todo va sobre ruedas, viento en popa. Mi participación en el libro está terminada y mis nervios a flor de piel. Supongo que es normal siempre sentir esos nervios. No sabes si gustara o qué pensarán. Pero ya está hecho y solo me queda dar las gracias a BUKUS por haber confiado en mí y por haberme regalado una de las mejores sensaciones que jamás he experimentado.

 

¿Os cuento un secreto? Mirad… A mi hermana ya le han hecho 2 ecografías… Dos… Y no le han dado copia de ninguna.

En la primera, que fue en la que yo la pude acompañar y pude ver a mi garbancito por primera vez, el médico imprimió varias copias de la eco… Pero las adjuntó al informe de mi hermana y dio por finalizada la consulta.

La segunda eco que le han hecho fue cuando le pudieron asegurar el sexo del bebé, que por cierto, sus titas lo sabían, lo intuían, lo acertaron… -Será una niña – Pero tampoco le dieron copia. También esta vez el médico imprimió varias copias y las metió en un sobre cerrado para que mi hermana se lo entregara a su médico… Pero la picaresca, las ganas y la emoción pudieron más que un sobre cerrado a nombre de su médico… Lo abrieron y pudieron hacer una “foto” de la ecografía… Esa es la primera foto de mi sobrina… El primer “robado”…

El caso es que yo hablé con mi chica y con mi hermano y decidimos que eso no era justo, que queríamos ver a la niña, que queríamos ponerle cara y por supuesto, que quedara un recuerdo de ello. Decidimos pagarle a mi hermana una ecografía 4D.

Mi cuñado era el cebo. Él se encargaba de liar a mi hermana para acercarla a la clínica sin que sospechara nada. Por lo que me dijeron después, lo hizo de fábula. Y así, que allí apareció mi hermana, en la clínica… Y mi madre esperándoles en la sala de espera para entrar con ellos también.

Según ellos, fue increíble poder verla en 4D, ver sus rasgos, aun no del todo formados, de acuerdo, pero sus rasgos. Le han dado varias fotografías y un video en el que la pequeña no se saca el dedo de la boca. Se pasa todo el video, absolutamente todo el video, chupándose el dedo…

Tengo varias copias… Os puedo asegurar que me hizo inmensamente feliz recibir el mensaje de mi hermana con la foto de mi sobrina y sus gracias. Hablar con ella y notar la emoción en su voz… Eso sí que no tiene precio…