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¡Tengo una cita!

Le he pedido una cita a mi chica y ¿sabéis qué?… Me ha dicho que sí…

Hay cosas que van muriendo con el día a día. Nos habituamos a tener a la otra persona y ya no pensamos en cómo sacarle una sonrisa de las de verdad. Sabemos que la tenemos cerca, que nos quiere y que nos respeta y ya… Dejamos de luchar.

Yo me niego a ser así. Yo lucho cada día por mi relación, por mi chica, porque cada día haya algo que celebrar, algo por lo que luchar y una meta a la que llegar. Le doy importancia a cada cosa que hacemos juntas y también se la doy a las que tenemos que hacer separadas. Me gusta estar con ella y compartir absolutamente todo con ella, entonces ¿Por qué no voy a luchar día a día porque ella lo sepa…?

Lo cierto es que entre el trabajo, los estudios, el gimnasio, la rehabilitación y demás, tenemos muy poco tiempo libre para descansar. Tenemos la suerte de que la mayoría de las cosas las hacemos juntas o nos acompañamos, pero no descansamos, no estamos de relax, disfrutando la una de la otra sin más preocupaciones… Necesitábamos un día para nosotras solas, un día especial en el que poder relajarnos, hablar, pasear, besarnos… Necesitábamos una cita para cargar las pilas.

El otro día le preparé una sorpresa. Dispuse sobre el sofá una serie de papeles con preguntas, en las que las respuestas eran “Sí” o “No”, llevando cada respuesta a otra pregunta, según fuese afirmativa o negativa. Todas las respuestas negativas llevaban a un papel en blanco… Sabía que me iba a decir que sí a todo… Estaba convencida.

Entró en casa del trabajo, con cara de cansada y se le iluminaron los ojos cuando vio el sofá lleno de papelitos, sabía que era para ella… Dejó las bolsas y me besó, mientras me preguntaba que qué era todo aquello… ¡Empieza! Le dije yo…

La primera pregunta era directa, sin preámbulos… ¿Quieres una cita conmigo? Y la respuesta afirmativa le llevó a otra pregunta…

“La cita tenía que empezar muy temprano”, le expliqué, a lo que ella asintió. “Entonces, lo mejor será que comencemos con un buen desayuno… ¿Quieres?”

Estaba de suerte, volvía a responder sí… Le expliqué que tenía muchas ganas de poder relajarme con ella, de poder hablar sin prisa, sin mirar el reloj. Necesitábamos desconectar… Le pregunté que si le apetecía desconectar conmigo, y ante su respuesta afirmativa le entregué un papel… “¿Qué es?” Me preguntó exaltada… Era una sesión de spa y de masaje en el mejor sitio de Barcelona, un sitio único y que nos encanta. ¡Viva aire de Barcelona!

Me besó y yo la insté a que siguiera mirando…Quedaban aún muchos papeles…

“Vamos a salir nuevas de esta sesión, ¿no crees? Ahora solo queda fundirnos con el cielo…” Y le entregué nuevamente un papel. Eran dos entradas para subir a las terrazas de la Iglesia de Santa María del Mar, de aquí de Barcelona. Nos gusta mucho la historia y perdernos por las ciudades y sin duda, esta iglesia y este barrio es uno de nuestros preferidos. Subir a sus terrazas y poder contemplar esas maravillosas vistas… ¡Será increíble!

Fue directa al siguiente  papelito tras darme un largo beso. “¡Vaya día! ¿Tienes hambre?” Lo siguiente es llevarle a un italiano que está en la zona de las Ramblas que es muy romántico… Podremos brindar con un poco de vino mientras continuamos hablando y deleitándonos la una de la otra.

Y para rematar la faena, a media tarde… ¡Entradas para el teatro! Sí, sí. Bueno, en verdad es un musical. Nos encanta salir de casa, ir al cine, al teatro, a pasear sin rumbo… Nos encanta estar activas y si encima podemos estarlo a la vez que no tenemos prisa, es increíble.

 

Sin duda las relaciones hay que cuidarlas y no relajarse. Cada detalle cuenta, lleves un año o veinte. Y la persona que lo recibe siente infinidad de cosas al recibirlo. Siempre es bonito ver lo que una persona ha preparado para ti… Siempre es bonito sorprender a alguien y hacerle feliz.

Yo no me cansó de verla sonreír, no me canso de hacerla feliz, no me canso de prepararle juegos y detalles, que igual pueden parecer tonterías… No lo son, porque si vieran los ojos de ella cuando va descubriendo los regalos… Eso no tiene precio y eso es imposible de olvidar.

Cariño, tenemos una cita… ¿Nos vemos en el desayuno?

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La vida es un momento, un momento cargado de vida.

La vida es un momento, un suspiro, un mirar el reloj y olvidar la hora… Eso es la vida.

La vida es un momento, una frase acertada, una frase deseada, una llamada a media mañana comunicando la noticia de la vida, de tu vida, sin duda de la suya…

La vida es un momento, es colgar y sonreír o llorar, o las dos cosas a la vez. Es sentir la vida correr por tus venas junto a los nervios, junto a un sinfín de emociones que hasta ese momento, no conocías. La vida es sentir.

La vida es un momento o quizá dos, o tres… Depende quien te cuente la vida, sabiendo que todas las vidas cuentan, que todos los momentos son válidos, que todos los momentos vividos no deberían desaparecer jamás…

La vida es un momento, pero vale más que una trilogía de sucesos vacías… La vida cambia cuando ves a tu hermana embarazada. La vida cambia cuando ves a tu hermana llena de vida, por dentro y por fuera, en sus ojos, en su sonrisa y en esa barriga que te pasarías horas tocando y besando… La vida está llena de vida, sin duda.

La vida es un momento en el que los nervios se apoderan de ti, de tu respiración, de tus manos nerviosas… Y solo necesitas saber que esa vida tan cercana a la tuya, se encuentra bien, se encuentra feliz… La vida es ese momento en el que suena el móvil y te manda una foto en la que ves lo bien que se encuentra.

La vida es un momento en el que sabes que la próxima vida está próxima. Notas la respiración acelerada, las palabras que se tropiezan en tu boca, tu andar despistado… Notas la vida que se aproxima.

La vida es un momento en el que las enfermeras, despreocupadas, se comunican que ya ha nacido, que está preciosa y que la van a traer… La vida es ese momento en el que decidiste esperar ahí, escuchar esa conversación y comunicar a todo el mundo, que la pequeña ya ha nacido.

La vida es un momento en el que la enfermera empuja distraída una cuna con una niña morena, con una gran melena y grande, muy grande…

La vida es un momento que vale por todo… No tiene precio que suban la persiana en “Nidos” y te dejen ver a la nueva vida que ha colmado la tuya de felicidad y apenas tiene minutos de vida…

La vida es un momento en el que ves como tu sobrina está perfectamente, está preciosa y grande. Las enfermeras le peinan su gran melena mientras la lavan. Esa niña es mi perdición, esa niña es mi vida, ha sido el momento de mi vida y por el momento, es mi vida.

La vida es un momento cuando todos, emocionados, nos dimos la enhorabuena y nos besamos.

La vida es un momento, el momento en que mi hermana irrumpe en el pasillo con su cama, y la miras y la ves preciosa. Preciosa es poco…

La vida es un momento y ese momento está lleno de satisfacción y de orgullo. Siempre he tenido a mi hermana presente para todo. Siempre la he admirado y querido, siempre la he apoyado y respetado, siempre la he querido más de lo que ella pueda imaginar y siempre me he sentido querida por ella a rabiar…

La vida es un momento en el que miras a los ojos a tu hermana y ves vida. La vida que transmiten sus ojos, plenos de felicidad…

La vida es un momento en el que la enfermera le coloca a la niña en su regazo y ella se emociona. Esa emoción eclipsa todos los demás sentimientos. Mi vello se eriza, mis ojos se inundan de plenitud y lloro.

La vida es un momento en el que cojo a la niña en mi regazo, le acaricio y ella, me agarra mi dedo con fuerza. Me mira, igual no ve, pero ella me mira, fijamente. La vida es ella, ella nos ha traído la vida.

La vida es un momento, eso sí, un momento tras otro… ¿Cuál es tu momento?

Dicen que Dios aprieta pero que no ahoga… Yo creo que quien aprieta y no ahoga es la vida, que a veces nos pone a prueba, nos examina, nos tantea… Nos exige para que no nos rindamos, nos exige para que seamos fuertes, fuertes como ella, fuertes para soportar la carga que tengamos que soportar sobre nuestra espalda…

Es la vida la que muchas veces te pone la zancadilla y te hace tropezar… Es la vida la que te bombardea a preguntas hasta hacerte dudar… Es la vida la que te manda mil y una señales y sin embargo te venda los ojos… Es la vida la que se acuerda de cada uno de nosotros, para olvidarnos transcurridos cinco minutos… Es la vida la que nos pone a prueba…

Pero también es la vida la que te enseña a poner las manos, si te vas a caer, para no hacerte daño. Pero también es la vida la que te da la palabra para que respondas, te justifiques, te expliques, te sinceres… Pero también es la vida la que te enseña a dejar caer esa venda, la que te enseña a atender a tientas. Pero también es la vida la que al acordarse de nosotros, por un instante solamente, nos alumbra el camino para que no tropecemos, para que no dudemos, para que veamos a tientas y confiemos, confiemos en nosotros mismos, confiemos en la vida.

Es cierto, duele. Duele mucho. Duele la vida y a veces duele hasta vivir… Todos hemos sentido ese dolor dentro de nosotros… Hemos sentido como, a pesar de no tener ninguna herida visible, de no tener hematoma alguno, de no tener, según las radiografías, nada roto y sin embargo, nos sentimos rotos, rotos por dentro. Esa es la peor de las heridas, la que no sangra, la que no se ve en la piel, a pesar de traspasarla… Todos hemos tenido días malos, rachas no demasiado buenas… Pero seguimos aquí, las hemos dejado atrás, las hemos ganado la batalla, las hemos derribado, les hicimos jaque…

Esa es la vida, la que te hiere y te cura, la que te olvida y a continuación te llama, la que pasa por delante de ti, sin mirarte, sin ni siquiera recordar tu nombre… Y sin embargo, a la vuelta de la esquina, te espera otra vez para abrazarte y susurrarte que no te sientas sola, porque no lo estás. Esa es la vida  la que te hace dudar hasta que dejas de hacerlo. La que confía en ti más que incluso tú mismo… Así que vive, piensa en ti, disfruta por ti, confía en ti… No hay nada más personal, no hay nada más sencillamente mágico que sentarse un día, cerrar los ojos, acompasar la respiración a los latidos de tu corazón y preguntarte… Pregúntate lo que quieras saber… Sin miedo… Sin medias tintas… Pregúntate… No pongas cara de póker ni te guardes un as en la manga… Eres tú…

Las conversaciones de tú a tú son las más productivas. Es normal que sientas miedo a veces, que sientas que no entiendes tus sentimientos, que no entiendes las señales que te manda la vida, que no sabes qué medidas adoptar en determinado asunto, que no sabes que pensar sobre alguna cosa… Pregúntate… Sin miedo, sin reparo… ¿Qué es lo peor que te puede pasar?

Sal y sonríe, sí, sonríe… Sonríe para ti, eso es primordial en la vida. Sonríe porque lo sientes tan dentro de ti, que lo tienes que sacar, que exteriorizar… Sonríe porque la vida no es más que tu reflejo, no es más que lo que tú quieres ver… Si tú la sonríes… Ella también lo hará. Se valiente… No hay persona más valiente que la que se enfrenta sus propios miedos, porque esos son los que más  asustan…

Sienta la libertad de sonreir o de llorar. De cantar, de bailar y hasta de perder el paso. Siente la libertad de respirar bien profundo cuando salgas a la calle, de mirar al cielo buscando un guiño de aquellos que allí nos esperan. De brindar con agua o con cava sin motivo, porque el mejor motivo es que estás brindando… Sienta la libertad de amar, sí, de amar, de amar sin preguntas porque amar es la respuesta. Siente la libertad de hablar, de explicar, de exponer… Siente la libertad de acostarte una noche y poder leer, dejar que la mente viaje y se distraiga… Y siente la libertad de estar vivo…

Tengo el mejor de los motivos para continuar. Tengo la solución a mi problema. Tengo el aliento que le falta a mi garganta ya seca. Tengo el sol de un día gris y nublado. Tengo la ola que jamás llegó a la orilla. Tengo un trébol de cuatro hojas. Tengo tu mirada guardada como el mejor de los recuerdos. Tengo tu mirada guardada como el mejor de los regalos. Tengo tu mirada guardada como el mejor tesoro que podía tener, que podía encontrar, que podía custodiar…

Tengo el mejor de los motivos para continuar. Tengo un camino marcado a fuego que habla de mí. Tengo miles de sueños y todos son contigo. Tengo la banda sonora de mi vida, de cada momento que he vivido, de cada momento que viviré. Tengo una casa, un hogar, un refugio ante la vida, una caseta, un alto en el camino. Tengo hambre y sed, hambre de vivir y sed de ti, de contigo, de nosotras, de las dos… Tengo una opinión o quizás dos. Tengo una familia, tengo unos orígenes, tengo un orgullo de ser, un orgullo de pertenecer, un orgullo de corresponder…

Tengo el mejor de los motivos para continuar. Tengo una ventana por la que entra el sol aunque fuera esté nublado. Tengo una sonrisa perpetua, tatuada, perenne. Tengo una canción que habla de mí, tengo una canción que habla de nosotras, tengo una canción que habla de mis anhelos, de mis recuerdos, de muchos de mis sentimientos. Tengo un viaje pendiente, una aventura por delante, un sinfín de idas y venidas. Tengo una cámara para capturar todos esos momentos, para capturarte en todos esos momentos. Tengo el mejor objetivo y no hablo de cámaras de fotos.

Tengo el mejor de los motivos para continuar. Tengo tu mano apoyándome en cada paso que doy, en cada paso que inicio, en cada aventura que vivimos. Tengo tu mano que me ayuda, que me acuna, que alimenta mis esperanzas, que acuna mis sueños y espanta a mis fantasmas. Tengo tu mirada, llena de un sinfín de ternura, que me apremia, que me aconseja, que me llena de vida. Tengo tus palabras grabadas en mi memoria y a las cuales acudo cuando necesito paz, cuando te necesito. Tengo tu voz dulce de compañía cuando estoy sin ti.

Tengo el mejor de los motivos para continuar. Tengo nuestro futuro en mis manos, tengo tus manos, tengo tu sueño y el mío. Te tengo soñando sobre mi pecho, dormida, tranquila. Tengo tus labios suplicando mis besos. Tengo mis besos suplicando tu nombre. Tengo tu nombre tatuado en mi memoria, en mi cabeza, en mi ayer y en mi mañana.

 Tengo el mejor de los motivos para continuar. Te tengo a ti a mi lado. Tengo claro que ya no soy yo sola, ahora somos dos, para todo. Tengo el mejor de los motivos, preciosa, porque te tengo a ti al lado, te tengo al lado… Gracias.

Hay veces que nos da miedo decir en alto lo que en verdad queremos. Mirar al cielo y decir lo que soñamos cada noche, lo que añoramos cada hora, lo que querríamos tener a toda prisa, sin demora.

Hay veces que nos da miedo decir en alto aquello que nos da miedo. Como si el miedo, el orgullo o simplemente la vida, pudiera escucharnos y pudiera reírse a nuestro lado. No tengas miedo, no temas en mirar al cielo y en reconocer que a veces la vida, te causa cierto recelo, que a veces el amor y los sentimientos secuestran a Morfeo y te roban la razón e incluso el sueño.

Hay veces que nos da miedo decir en alto lo felices que somos… Cuenta la leyenda, cuenta la ficción, que quien dice en alto lo que sueña o lo que quiere se le gafa el futuro, se le gafa cada ocasión. Por eso las personas prefieren silenciar su boca, silenciar sus labios y al mirar al cielo, al contemplar los pájaros, deleitarse con su vuelo y olvidar sus deseos…

Hay veces que nos da miedo decir en alto un te quiero, un perdón, un me importas sin ninguna condición. A veces nos da miedo expresar lo que sentimos, descifrar lo que en realidad dice mi mirada, la forma en que te miro, la forma en la que te digo lo mucho que me importas y lo mucho que te cuido. A veces nos da miedo sentir por alguien que no siente lo mismo. A veces nos da miedo darle vida a esas palabras, darle luz verde a esa voz para que pronuncie miles de halagos… A veces nos da miedo sentir… A veces nos da miedo vivir… A veces morimos un poco de tanto temer.

Porque la vida no es blanca o es negra, porque la vida no es mala o es buena, porque la vida no es justa, porque la vida a todos nos asusta, porque la vida hay que vivirla de la única manera que sabemos y no es precisamente a base de miedo.

Porque el miedo te hacer ser quien en realidad no eres, porque el miedo te cambia, el miedo te traslada, el miedo se hace contigo y con tus palabras. Así que, se valiente y lucha, se valiente y vive, se valiente y levántate. Mira a la vida a los ojos, mírala fijamente, verás que no ataca, que ni siquiera muerde… Que no te intimide, que no te amedrente, porque quien está escribiendo, no te miente.

Sonríe y enseña bien los dientes, que sea una sonrisa amplia, limpia, transparente. Que la vida no te asuste, que la vida no te imponga sus miedos y sus temores. Sonríe y se feliz… Sonríe y no mientas a la vida, que ella todo lo sabe y todo lo entiende. Porque el miedo se te pega a la espalda, a la suela de tus zapatos a tus talones… Porque el miedo se convierte en tu sombra, aunque no la veas, está ahí, contigo, a tu lado. Porque el miedo es la peor negrura, porque el miedo no se tapa con una máscara ni con ninguna envoltura, el miedo te digan lo que digan, se cura, se alivia, se pasa…

Así que sal a la calle, llena tus pulmones de aire y mira al cielo… Cuéntale tus cosas, tus pasiones, tus pesares… Cuéntale, explícale, cálmate… Nadie te ve, nadie te oye, nadie se fija… Es una cosa tuya, para ti, por ti…

Eres la mejor fotografía de mi vida. Me da igual que sea en color, en sepia o en blanco y negro. Me da igual que se haya hecho usando filtros o sin ellos, al aire libre o en nuestra propia casa. Me da igual que se haya revelado o que sea en digital… Eres la mejor fotografía de mi vida.

Adoro las fotos, adoro hacerlas, adoro mi cámara y el mágico poder que tiene de guardar en una imagen un sinfín de emociones, de recuerdos, de sonidos, de expectativas e incluso de olores. Porque de una fotografía buena yo puedo recordar todo, todo lo que mis sentidos experimentaban en el momento de “Disparar”. Y así eres tú…

Eres la mejor fotografía de mi pasado, sin lugar a dudas. ¿Sabes por qué? Porque con solo mirarte recuerdo todo lo que has aportado a mi vida, recuerdo y soy consciente de lo mucho que me has ayudado, de lo mucho que me has apoyado y del papel principal que has tenido para que esté ( y por descontado, estemos) en el sitio que estoy ahora.

Porque con solo mirarte recuerdo nuestro pasado, nuestro trayecto con todas nuestras paradas, con nuestros altos en el camino para tomar aire… Con solo mirarte veo que lo estoy haciendo bien, porque te veo feliz. Con solo mirarte veo que lo estás haciendo bien, porque no quiero otra cosa, no quiero volver a mirar a nadie como te miro a ti.

Porque sentarme a tu lado, sacar cualquier tema de conversación, cualquier viaje, cualquier cena, cualquier día que hemos vivido… Es como estar en casa de mi madre viendo un álbum de fotos y que me cuente toda la historia, la historia siempre comienza días antes de que se hiciera la foto… Las madres son así… Pues contigo me pasa lo mismo, recuerdos, recuerdo, recordamos… Guardo un sinfín de datos, de conversaciones, de miradas, muchísimas miradas, de gestos que solo tú y yo conocemos… Lo guardo todo, como en una foto en blanco y negro que lo único que el tiempo hace con ella… Es oscurecerle los bordes, porque la imagen sigue tan nítida, como el mismo día que se hizo. Tú eres eso, mi nitidez, mi foto, en blanco y negro, en color… Pero tú, conmigo, nosotras…

Eres la mejor fotografía de mi presente, sin lugar a dudas o ¿acaso lo dudabas? Es tenerte a mi lado, sentir tu olor cerca de mí y saber que así deben de ser las cosas, que no quiero cambiar nada…

Eres como una fotografía que guarda mil secretos, secretos de quién la hizo, cuándo, dónde, por qué… porque todo en esta vida tiene siempre un por qué, y tú eres el mío, pues tu eres para mí la guardián de todos mis secretos. Ya lo sabes mi amor, no me gusta demasiado hablar de mí, de mis sentimientos, de lo que me da miedo… Pero esos sentimientos existen, claro que existen… Siento un sinfín de cosas a lo largo del día… Algunas las escribo y otras las escondo tras una mirada, tras un abrazo robado por la espalda, tras un beso en la frente acompañado de un te quiero… Pero otras veces hablo contigo … Lo sé, es lo que debería de hacer, lo se… Pero me cuesta tanto hablar de MÍ, de lo que se me mueve por dentro, de lo que pienso o dejo de pensar… No se porque soy así, porque soy tan reservada… Pero eres la única persona con la que si tengo que hablar… hablo de cualquier tema, ya lo sabes. Eres la guardián de mis secretos, la guardián de este corazón que no hace más que esconderse, la guardián de estas manos que siempre quieren robarte una caricia, un roce… La guardián de estos labios a los que tu enseñaste a besar, a querer besar, a añorar un beso o exprimirlo al máximo… A estos labios que se pueden dormir apoyados sobre los tuyos… A estos labios que no se moverán si no es para darte los buenos días… A estos labios que no conocen mejor castigo que la humedad de tu lengua… A estos labios que sin ti… No tendrían vida, no tendrían nada que hacer, no serían más que unos labios… cualesquiera, sin rumbo, sin identidad, sin oficio ni beneficio…beso1

 

Eres la guardián de mis ojos, de mi mirada… Eres la guardián de todo lo que miro, eres la protagonista de la única película que quiero ver, la única película de mi vida, que sea en bucle, que comience ya y que continúe… que no pare, que no haya anuncios, ni publicidad, ni pausas estúpidas para poder respirar… No quiero respirar si no es contigo, si no es mirándote a los ojos, si no es llevándote de la mano, si no puedo besarte antes de dormir y por supuesto al despertar… No quiero respirar si no es para compartir el aire contigo.

Eres la fotografía de mi presente, sin lugar a dudas. Te miro y digo ¡Esto quiero! Sabes que es verdad… Tienes todo lo que siempre he querido tener en mi vida, todo. Eres todo lo que necesito en mi vida, eres la mejor compañía para este viaje… No quiero buscar más, no quiero encontrar a nadie más, porque nadie, será como tú y causará el mismo efecto que tu causas en mí, por lo tanto… ¿Para qué?

Sabes lo que adoro la fotografía, lo que adoro congelar momentos o hacer que esos momentos vivan para siempre, darles la eternidad, aunque sea en mi memoria, pero eternidad. Porque si algo vive eternamente para mí, es porque es importante, por lo que lo transmitiré a todo el mundo, se lo contaré a la gente, lo compartiré…

Sabes lo que siento al hacer las fotos, sabes lo que siento desde el mismo momento que saco la cámara de la funda, me la cuelgo al cuello y ya oigo al disparador funcionar… Es emoción… Es ansia… Es sonreír al paisaje, sonreír al sonido, es sonreír mientras escondo la mirada tras la cámara… Es lo que tú me haces sentir…

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Eres la mejor fotografía, porque ¿qué es la fotografía? Congelar ese instante para poder hacerlo eterno… Eterno en mi memoria y en mi retina. La fotografía es arte, puro y duro, arte de transmitir, de conmover, de crear sensaciones y de poder emocionar y transportar a la gente… Eso eres tú para mí, todo eso. Porque para mí eres la mejor fotografía… La que tiene la mejor perspectiva, la que tiene la luz perfecta para enfocar, la que tiene un encuadre mágico… La que tiene todas esas características que me hacen a mí única, solo por tenerte a mi lado, en mi vida.

Gracias por hacerme única, gracias por estar en mi vida.

Hoy es uno de esos días que me da por echar la vista atrás y ver todo lo que hemos avanzado, porque la verdad que hemos dado pasos de gigante. Hemos avanzado tantísimo, hemos superado tantas barreras, hemos reído y llorado con tantas ganas, que para mí todos son recuerdos que deben permanecer en mi memoria y que por nada en el mundo quiero perder.

Sí que es cierto que hemos pasado por situaciones que no son del todo agradables, que no son del todo bonitas, pero ¿cuánto hemos aprendido? Mucho, hemos aprendido mucho. Puede ser que esas circunstancias no sean preciosas, pero han de ser positivas, han de servir para algo, para enseñarnos a no volver a tropezar con la misma piedra, a enseñarnos a saber sobreponernos a las situaciones menos favorables, a aprender a valorar lo que tenemos cuando lo tenemos y no cuando ya no está… De todo se puede sacar tajada, de todo se puede aprender y sacar una lección importante, porque eso es la vida, una lección y cada día es maestro del siguiente. Nadie te va a preguntar si asimilaste lo que el día pasado aprendiste, pero la vida te va a poner una prueba similar.

Recuerdo mil momentos contigo, porque todos son momentos.

No recuerdo cuando te comencé a querer, supongo que fue una progresión y que el momento exacto no se puede saber, pero recuerdo sentir miedo. ¿Contradictorio? No lo sé… Pero sí, sentí miedo, miedo por quererte, por volver a sentir cosas bonitas por la persona que estaba a mi lado, por no saber si tu sentirías lo mismo.

Recuerdo que intenté poner mis pautas, mis normas, mis tiempos para precisamente evitar todo eso. Pero o yo soy muy débil o lo que tú me hacías sentir era muy fuerte, porque perdí la batalla. Por suerte, después de tanto tiempo, para nada me arrepiento, es más, me alegro de haberme dejado llevar y que hayamos llegado hasta aquí y que estemos como estemos.

Es cierto que a veces vemos algo tan claro (aunque solo lo vemos nosotras mismas) que nos tiramos a la piscina sin coger ni si quiera aire… y nos asfixiamos antes de haber podido disfrutar del salto en sí… Es cierto que la ilusión mueve montañas, que la ilusión nos hace ver lo que queremos ver, como los oasis en los desiertos… Es cierto que te dejas llevar por lo que sientes en ese preciso instante y quieres dar y recibir todo en un momento, y no se puede, es imposible.

No sé cuándo dejé de sentir miedo, pero sé que fue pronto. Sé que fue cuando realmente me solté y comencé a disfrutar de cada minuto que pasábamos juntas, de cada llamada que nos hacíamos, de cada buenos días o buenas noches y fue entonces y solo entonces, cuando comencé a sonreír, a sonreír de corazón, a sonreír sin ninguna preocupación, sin ayer y con un mañana en la palma de mi mano.

La vida es complicada porque nunca sabes cuando has de dejarte llevar y cuando tirar de las riendas y frenar un poco. Supongo que la respuesta está en cada una de nosotras, en una situación concreta. Pero hay que recordar que no hay más ciego que el que no quiere ver ¿y que es el amor? Pues el amor es esa venda que se nos pone en los ojos… que nos nubla la vista y los sentidos.

Así que, me encanta sentarme a mirar por la ventana con mi cigarro encendido y pensar en todo lo que hemos vivido, en todo lo que hemos compartido y en todos los planes que aún tenemos que llevar a cabo, porque esa es mi vida, la que yo había soñado incluso antes de conocerte, que quería vivir, la vida que tu habías soñado tener, y la podemos vivir juntas, compartiendo la una con la otra desde la almohada hasta los miedos, los pensamientos y el tiempo, que es lo más valioso.

Un saludo, muac