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Creo que jamás podré olvidar el pasado día 10 de septiembre… Y no es para menos.

El pasado martes pasaron dos hechos que para mí son muy importantes y que los he valorado mucho. Ese día el dijeron a mi hermana el sexo del bebé, cosa que os diré más adelante, por supuesto. Y la otra cosa es que ese día mi pareja y yo hacíamos un año de pareja de hecho.

 

Vayamos por “mi aniversario”. Pues bien, en verdad, nuestro aniversario, el de siempre, el que siempre hemos celebrado es en enero, que es cuando comenzamos a salir… Pero ahora hace un año que nos hicimos pareja de hecho y… ¿Por qué no celebrarlo?

Creo que los aniversarios, aunque su nombre me lleve la contrario, no han de celebrarse solo una vez al año. O explicado de otra manera, no debería solo de importar un día cada 365. El aniversario debería de celebrarse a diario, porque cada día puede ser un regalo si sabes cómo aprovecharlo.

Hay dos cosas que me definen perfectamente y que, según las mires, pueden ser una bendición o tu propio infierno. Una es que adoro la fotografía, cosa que creo que ya os he comentado. Tengo fotos de todas las cosas que os podréis imaginar y al llegar a casa las guardo con la fecha y el lugar donde las realicé. Y la otra “bendición” es mi memoria… Tengo una buena memoria, me acuerdo de las cosas más insignificantes o carentes de significado para muchos… Pero para mí, cargadas de magia. ¿Cuál es el problema? Que solo con pararme a pensar, recuerdo cosas que hice hace un año, lógicamente, cosas concretas, cosas algo especiales… ¿Cuál es el problema? Que tanto ella, cómo yo, procuramos y luchamos porque cada día sea distinto, porque cada semana tengamos mil recuerdos… Yo por mí, desde hace más de cuatro años, cada bien poco podría celebrar mi aniversario, porque siempre recuerdo algo que hice con ella en esa misma fecha…

Al principio… No sabía si celebrarlo, si no… Si comprarle un detalle… Si llevarla a cenar… Pero ¿Sabéis qué? Ya está bien de que el calendario me avise de cuando he de tener un detalle o invitarla a cenar… Ya está bien… Así que si salimos a cenar o tengo un detalle con ella o lo que sea… Que sea porque es lo que más deseo y porque la sonrisa y la cara de sorpresa que pone cuando la sorprendo, vale más que cualquier calendario, cualquier aniversario y cualquier cosa… Es de esas pocas… Que no se compran con dinero, pero tampoco pueden pagarse.

Y en lo referente a mi hermana… Sabíamos desde hace tiempo que el día 10 le harían la “ecografía”, en la que le dirían ya el sexo del bebé.

Siempre, cuando ves a una embarazada, la gente se aventura a decir, a apostar, a vaticinar el sexo de la criatura que lleva dentro… Nosotros no somos diferentes al resto…

Tanto mi chica como yo, desde hace ya tiempo, sospechábamos o teníamos el pálpito, llamarlo como queráis, de que sería una niña… El caso es que hablando con mi hermana nos dijo que tanto ella, como mi cuñado también creían que sería una niña…

Cuando la vimos hace unos días, que ya se le notaba más el embarazo, tenía la barriga muy redondita, y la cara también. Dicen, se cuenta, se rumorea… que cuando la forma de tu barriga es así, es porque llevas una niña… Yo la verdad, que no se si creer en estas cosas, pero yo también sentía que sería tía de una niña…

Ayer me llamó mi hermana para confirmarme lo que esperábamos. Será una niña… Una nena…

Estamos encantadas, las cosas como son. A mí la verdad, si os soy sincera, me daba igual una cosa que otra. Me hace tantísima ilusión el ser tía, que el resto, me es igual.

A veces, cuando salía a dar un paseo y veía algún vestido o algún peluche… Decía…”Espérate… espérate…” ¿Ahora? Al menos se lo que es… Y a partir de ahí… Ya puedo ir haciendo cosas…

Para mi pequeña, que algún día lo leerá, porque yo se lo enseñaré… El día 10 de septiembre, estando tu madre de cinco meses, me hiciste ya inmensamente feliz. No lo olvidaré, jamás…

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Ecografía

Cuando mi hermana me avisó de su embarazo, de sus planes y por supuesto, me hizo eternamente feliz, yo ya tenía decididas nuestras vacaciones, nuestros destinos y demás cuestiones.

Habíamos decidido hacer una ruta por Andalucía, ya que, tanto mi chica como yo, conocíamos muy pocas provincias. Teníamos 15 días de vacaciones para usarlos a nuestro antojo y conocer todo lo que pudiéramos de aquella tierra, su gente, sus costumbres, su gastronomía… Y lo deseábamos como agua de mayo.

A escasas semanas de emprender nuestro viaje, mi hermana me llamó para informarme de que le habían dado hora para la primera ecografía… ¡La primera! Era el día 24 de julio…

Ese día nosotras estaríamos en Andalucía y aun nos quedarían días para estar por allí disfrutando. Cambiamos todos los planes, recortamos días por todos los lados y el día 23 nos recorrimos media España (Casi literal) Para poder estar el día 24 junto a mi hermana.

Ella no sabía nada, por supuesto, porque no nos hubiera dejado subir. Pero allí nos plantamos. Mi madre y mi hermano que eran nuestros ganchos para la sorpresa, lo anudaron todo perfectamente, así que no se enteró de nada… Y nos vio ya… En casa.

Cuando haces una sorpresa… Cueste lo que cueste… Tanto dinero, como tiempo, como material, como quebraderos de cabeza… Todo lo que valga… Se queda en nada cuando puedes disfrutar con la cara de la persona sorprendida… Porque yo volvería atrás para poder disfrutar otra vez de esa cara, de esa sonrisa que le abarcaba toda la cara, del abrazo que me robó aun con las maletas y los enseres en la mano… Eso no tiene precio.

Inmediatamente avisó a mi hermano y nos fuimos los cuatro por ahí a tomar algo y a charlar, a ponernos al día… Hablamos sobre nuestras vacaciones, sobre las cosas que habíamos visto, les enseñamos fotos… Mi hermana nos habló sobre su embarazo, sobre cómo lo estaba llevando, sobre sus síntomas, sobre lo feliz que estaba… ¡No callamos!

Me preguntó que cómo era que habíamos hecho tantos kilómetros… Yo le dije que era obvio, que ella tenía su primera ecografía y que yo quería estar ahí, a su lado… Me dijo que, lógicamente, que entraría el novio, que le hacía muchísima ilusión. No importa, el dije, yo estaré esperándote fuera, no te preocupes.

Así que llegó el día, el gran día. Fuimos a desayunar juntas… Imaginaros, mi hermana, la pequeña… y mi chica, mi pequeña. ¿Más feliz? Lo dudo…

Cuando llegamos al médico ya estaba mi cuñado allí y ambos subieron. Nosotras nos quedamos por las inmediaciones del centro de salud. Yo nerviosa perdida, que tontería, pero deseando que saliera y me lo contara todo.

Al rato me sonó el teléfono, era mi hermana. Al parecer el bebé no se ponía en la postura que quería el médico y éste le había dicho que se diera un paseo y que volviera en un rato. Nos citamos en una cafetería.

Pasado el tiempo, volvimos y ¿Cuál fue mi sorpresa? Mi cuñado me dijo… “Entra tú con ella, que yo ya lo he visto…” Creí que moría del amor.

No os puedo describir como fue esa sensación, que se me pasaba por la cabeza… Pero cuando comenzó a verse la imagen me entraron hasta ganas de llorar de la emoción que sentía… ¡Mi hermana iba a tener un hijo!

Por cierto, he de decir que las ecografías se ven increíblemente bien. Pudimos ver todo, cada parte del cuerpo y reconocerla perfectamente.

Fue una mañana increíble, no sabéis lo feliz que me hizo entrar con ella, acompañarla en su primera ecografía. Mi hermana estaba muy emocionada también. No sé si es una tontería o no, pero de verdad que da mucha sensación. Yo tenía la respiración un poco acelerada. Miraba a mi hermana, miraba a la pantalla… Qué grande es el ser humano, que grande es la vida, que grande es mi hermana….

 

El tiempo pasa y muchas veces no nos damos cuenta de la velocidad tan vertiginosa que llega a coger. Creo que solo somos conscientes de que el tiempo pasa porque arrancamos hojas del calendario, pasamos fechas importantes señaladas en rojo, porque celebramos cumpleaños, porque a la caída de las hojas de los árboles, sabemos que le sigue la nieve y a continuación los colores de las flores en flor. Creo que somos conscientes de ese paso, de ese correr de agujas, aunque es gradual, como a cámara lenta… Pero el tiempo pasa y si vuelves la vista hacia atrás, te darás cuenta.

El tiempo pasa y estoy encantada a día de hoy con todo el camino que he recorrido, de la manera que he decidido hacerlo, de la gente que me ha acompañado en mi viaje, de todos los recuerdos que he podido almacenar y de todos los que decidí borrar, de todas las puestas de sol de las que me he empapado, de todos los amaneceres que he pasado a ti abrazada, de todas las personas que he conocido y que de una u otra manera me han marcado, me han ayudado y me han valorado, porque sí, el tiempo pasa y ahora, hoy, mirar hacia atrás, a veces me da un poco de vértigo… Pero vértigo bueno, of course.

¿Sabéis? De las personas más importantes, que más quiero, que más valoro tener en mi vida y con los que no pasa un solo día que no hable… Son mis hermanos. Les adoro, les necesito, les quiero, cuento con ellos para cada paso que doy en mi vida, les comento cada jugada, cada preocupación… Es cierto que estamos muy unidos, que nos llevábamos muy bien y que son, los dos, un pilar importantísimo en mi vida.

Yo soy la del medio, mi hermana es la pequeña y mi hermano, obvio, el mayor. Mi hermano siempre ha cuidado de nosotras, es increíble ver cómo se preocupa por nosotras, a pesar de que yo ni siquiera vivo ya en casa, pero se preocupa. Mi hermana es la pequeña de la casa, ya sabéis, la mimada y la más consentida.

Pues bien, hace unas dos semanas o así me llamó mi hermana para anunciarme sin preámbulos, sin calentamientos y sin nada parecido que iba a ser tía, ¡¡YO!!… Me quedé sin palabras… ¡TÍA! Después de las mil preguntas de rigor sobre su estado, sobre cómo se encontraba, su estado de ánimo y demás, porque lo importante es que ella esté bien, ya me fui haciendo a la idea…

Mi hermana… La pequeña de casa… La pequeña… Me va a hacer tía… Y  estoy encantada…

Llamé corriendo a mi chica… y se lo conté, “Vamos a hacer tías”… No os imagináis hasta qué punto nos hace ilusión y hasta qué punto estamos felices… Nos encantan los niños, nos encantan… Pero ser tías ya… que mi hermana pequeña, que hasta hace dos días me pedía dinero, le ayudaba con los deberes o… cualquier cosa parecida… Vaya a ser mamá… Es sensacional.

Estoy muy feliz y puedo asegurar que me apetece mucho ocupar este rol, un rol completamente nuevo para mí, un rol que no se si sabré desarrollar, pero lo único que sí puedo asegurar es que a esa personita que lleva mi hermana en su vientre… Jamás le faltará un beso, una caricia, un te quiero, una conversación seria o de cachondeo… Lo que necesite.

Solo quería compartir con todos vosotros esta noticia que me ha hecho tan y tan feliz, y también a mi pareja. Es increíble como una noticia así puede cambiarte todo lo que te planteabas de la vida, todo lo que pensabas que iba a pasar y en qué orden sucedería… Pero sin embargo, una vez más, la vida viene… Y te sorprende, y yo, que soy una enamorada de la vida… Me dejo sorprender, me dejo querer y me dejo mimar por una vida que hasta hoy, me está dando todo lo que necesito y todo lo que me hace feliz.

A mi hermana, a la pequeña, ¿qué decirte? Que te adoro, que me parece increíble lo mayor que eres ya… Lo feliz que te veo y la felicidad que te viene en camino. Que te lo mereces todo, porque tú eres todo para mucha gente. Que se me hace tan y tan raro estar escribiendo estas cosas… pero me hace tanta ilusión… Que “acepto barco”. Que te quiero con locura, de verdad que sí. Y que en esta nueva etapa verás que todo saldrá bien y así, cuando nosotras nos decidamos, podrás asesorarnos sobre un sinfín de cosas. Gracias por hacernos partícipes de todo esto.

Eres grande, pequeña.