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Aún eres muy pequeña para poder entender cuánto y hasta qué punto, tu tía te quiere. Pero el tiempo vuela y más, cuando eres tan feliz, así que más pronto que tarde, lo entenderás.

Aún eres muy pequeña para entender qué es la felicidad y cómo y hasta qué punto, te puede cambiar la vida. De la misma manera, qué tu has cambiado la nuestra.

Aún eres muy pequeña para entender qué es vivir y qué es estar viva. Pero lo entenderás, lo valorarás y lo disfrutaras. Porque, tienes a los mejores maestros cerca para que te enseñen. Y sí consiguen eso, habrán hecho la mejor enseñanza, la de la vida, la que a muchos han terminado pagando por aprender.

Aún eres muy pequeña para preocuparte, no lo hagas pequeña. Los problemas existen, sí y día a día, pero los irás resolviendo, uno a uno, sin que te agobien ni te pisen,  sin que no te dejen vivir.

Aún eres muy pequeña y sin embargo, ya lo ocupas todo, cariño. Ocupas nuestros sueños, nuestras ilusiones, las paredes de nuestra casa, las carteras, las tarjetas de memoria de las cámaras, nuestro tiempo, nuestro hoy y por supuesto, nuestro mañana. Ocupas todo, y eso es tan grande, que es imposible sentirme vacía o desdichada. Te tengo a ti, que todo lo has cambiado.

Igual no eres tan pequeña para entender todo esto… Porque en realidad, el único idioma que todos entendemos seamos de donde seamos, más mayores o más jóvenes, más positivos o negativos, de izquierdas o de derechas, de mar o montaña es este… El de descifrar un abrazo, el de entender el tono de voz cargado de ilusión, la mirada, la sonrisa… Son palabras universales, es puro amor y éste es políglota y por supuesto, que no pasa de moda.

Adi que, coge aire cariño mío. Las tías están llegando ya a casa y van a estar contigo cuatro días enteros, sin separarse de ti.

No puedes imaginar las veces que hemos hablado de este viaje. Tenemos tantas ganas, que se nos ha hecho eterno.

La última vez que te vimos, aún no andabas… Ahora además de andar y hasta de correr, también nos llamas titas… ¿Puedo estar más orgullosa?

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¿Habéis tenido la sensación de que el orgullo que sientes hacia una determinada persona no te entra en el pecho? ¿Qué el orgullo que sientes es tan grande que lo tienes que sacar de dentro de ti? ¿Qué tienes que explicar y mostrar al resto de las personas tu motivo de ser la persona más orgullosa del planeta?

Así me siento yo…

Me había sentido orgullosa muchas veces de las personas que tengo cerca. Siempre hay algún motivo por lo que sacar pecho, por lo que poder susurrar dentro de mí, lo afortunada que soy. Siempre hay algún motivo por el que sonreír, por el que reunir a tus amigos. Siempre hay algún motivo que te empuja a seguir hacia delante…

Sentir orgullo por alguna persona cercana a ti, es precioso. Cerrar los ojos y pensar, es parte de mí. Es mi pareja, mi hermano o mi hermana, mi amiga… Esa persona tan grande, es parte de mí… Y notar como algo dentro de ti, se hace aún más grande. Porque rodearte de ese tipo de personas, de las que te hacen cerrar los ojos, coger aire y sentirte grande, es lo que me hace sonreír y seguir hacia delante.

Recuerdo ver a mis hermanos en sus respectivos trabajos, serios, guapos, con su saber estar y su saber hacer. Recuerdo verles resolver ciertos problemas con una diplomacia y habilidad, que te hacían replantearte muchas cosas.

Recuerdo ver a mi hermana con su hija en brazos y decir, es mi hermana, es mi sobrina… Y sentir como el vello de mis brazos se erizaban mientras las observaba. Pletóricas. Ella jamás sabrá hasta qué punto me hizo sentir orgullosa y feliz, porque fue un momento mágico.

Recuerdo ver a mi chica crecer a mi lado. Verla perder miedos, perder inseguridades, ganar  confianza en el mundo y en las personas. Recuerdo verla sonreír a carcajadas, la recuerdo restando importancia a los problemas para evitar que me preocupe, recuerdo verla protegerme de todo y ante todo. Recuerdo cada día que he vivido con ella, cada viaje, cada escapada, cada momento de risas que acaban en lágrimas, de siestas que acaban a la hora de la cena. Recuerdo cuando me dijo por primera vez que me quería, y también recuerdo cuando fue la última vez, esta mañana.

Y ahora, gracias a las tecnologías y a pesar de estar a más de 800km de mi casa y de mi familia, he podido sentir nuevamente esa sensación de orgullo. De esa que te obliga a cerrar los ojos y respirar despacio.

He podido ver a mi sobrina gatear… Y he podido ver cómo le han salido los dientes… Ya tiene dos.

Nunca me ha dado miedo estar tan lejos de casa. Sé que mi familia y mis raíces están ahí. Eso no lo cambian 800km ni 4000. Siempre he sabido que ellos estaban ahí y ellos sabían que estaba aquí, para lo que hiciera falta. Nos turnábamos para visitarnos, venían… íbamos… Y tan felices.

Cuando nació la niña… Algo cambió dentro de mí. Me daba miedo no verla crecer, me daba miedo que creciera sin saber quiénes éramos nosotras, sin que nos pusiera cara. Que pensará… “Ah… Son mis tías las de Barcelona…” Por eso durante estos 8 meses que tiene mi pequeña, he ido más veces que en los 6 años que llevo viviendo en Barcelona.

Pero ahora, hacemos video llamadas diarias. Todos los días, mi hermana me llama y podemos ver a la niña. ¿La suerte? Que sabe quiénes somos. Cuando sale nuestra cara en la pantalla, la vemos sonreír y eso, nos desarma.

Mi hermana le ha enseñado a decir hola y adiós con la mano… Y cuando salimos en la pantalla, la niña nos saluda con la mano y sonríe.

La hemos visto gatear, la hemos visto saludar, la hemos visto los dos dientes que comienzan a salir… Pero lo que nadie se imagina, es lo feliz que nos hace poder ver eso…

Llevo una semana de lo más ocupada, sin apenas tener tiempo de entrar por aquí y escribir un poco… Llevo una semana de locos, en los que madrugo mucho y me acuesto tarde. Llevo una semana en la que la sonrisa solo se me desdibujaba cuando me iba al trabajo… Llevo una semana con mi sobrina en casa, por lo que os podéis imaginar lo feliz que he estado.
Mi hermana, que ya me dio el mejor regalo que podía darme, no se ha quedado contenta y ha decidido coger a la niña y sus bártulos y pasar una semana con nosotras en Barcelona. Además me avisó de un día para otro… Sin tiempo para planear, sin tiempo de hacer cosas, de prepararnos… Cuando nos dimos cuenta, nuestra cocina estaba llena de biberones, baberos y leche en polvo. Cuando nos dimos cuenta, nuestra habitación de invitados tenía cuna, cuando nos dimos cuenta, la casa estaba llena de alegría, de risas y de vez en cuando, de algún que otro llanto.
Hemos pasado una semana de lo más entretenida tanto mi chica como yo. Dejábamos a mi hermana y a mi cuñado que se relajasen y nosotras cuidábamos a la niña. Le hacíamos arrumacos, la cogíamos en brazos cuando lloraba, le dábamos el bibe, le cambiábamos el pañal… Y oye, ¡no se nos da nada mal!

Cuando vamos de visita a mi casa, siempre veíamos a mi hermana y a la niña, por supuesto, pero esta vez ha sido tan distinta… Cuando estamos allí, vemos a la niña en “los horarios de visita”. Quedábamos a media mañana para dar un paseo y tomar un café, o quedábamos para comer, o a media tarde, cuando no hacía tanto calor y así podíamos pasear y sentarnos en alguna terraza… Horarios de visita. Pero es tan especial cuando puedes compartir con alguien cualquier momento del día… Cualquier situación…
Así que, sí, sigo aquí y traigo novedades, ¡por supuesto que sí! Pero vayamos despacio y por partes.
Solo deciros que tengo la suerte de que me han vuelto a conceder otro premio de blogueros. Esta vez, me ha nominado Sara Bea y aquí os dejo el enlace de su entrada, donde explica todo esto: http://www.tuserendepity.com/lovely-blog-award/
Siempre es una sorpresa y una alegría cuando ves un mensaje en el que te dicen que te conceden un premio, pero igual estos premios hacen algo más de ilusión… Estamos hablando de blogs, como el mio, que son pequeños… Y una persona de las que te leen a menudo, considera que tu blog merece un reconocmiento… Así que millones de GRACIAS, por dejarme sentir otra vez esta ilusión.

¡Y a tod@s vosotr@s que seguís ahí… Millones de gracias!

¿Os cuento un secreto? Mirad… A mi hermana ya le han hecho 2 ecografías… Dos… Y no le han dado copia de ninguna.

En la primera, que fue en la que yo la pude acompañar y pude ver a mi garbancito por primera vez, el médico imprimió varias copias de la eco… Pero las adjuntó al informe de mi hermana y dio por finalizada la consulta.

La segunda eco que le han hecho fue cuando le pudieron asegurar el sexo del bebé, que por cierto, sus titas lo sabían, lo intuían, lo acertaron… -Será una niña – Pero tampoco le dieron copia. También esta vez el médico imprimió varias copias y las metió en un sobre cerrado para que mi hermana se lo entregara a su médico… Pero la picaresca, las ganas y la emoción pudieron más que un sobre cerrado a nombre de su médico… Lo abrieron y pudieron hacer una “foto” de la ecografía… Esa es la primera foto de mi sobrina… El primer “robado”…

El caso es que yo hablé con mi chica y con mi hermano y decidimos que eso no era justo, que queríamos ver a la niña, que queríamos ponerle cara y por supuesto, que quedara un recuerdo de ello. Decidimos pagarle a mi hermana una ecografía 4D.

Mi cuñado era el cebo. Él se encargaba de liar a mi hermana para acercarla a la clínica sin que sospechara nada. Por lo que me dijeron después, lo hizo de fábula. Y así, que allí apareció mi hermana, en la clínica… Y mi madre esperándoles en la sala de espera para entrar con ellos también.

Según ellos, fue increíble poder verla en 4D, ver sus rasgos, aun no del todo formados, de acuerdo, pero sus rasgos. Le han dado varias fotografías y un video en el que la pequeña no se saca el dedo de la boca. Se pasa todo el video, absolutamente todo el video, chupándose el dedo…

Tengo varias copias… Os puedo asegurar que me hizo inmensamente feliz recibir el mensaje de mi hermana con la foto de mi sobrina y sus gracias. Hablar con ella y notar la emoción en su voz… Eso sí que no tiene precio…