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Lo reconozco… Preparar una boda, no es fácil. Lo cierto, es que nunca pensé que lo fuese, pero tampoco pensé que fuera tan… ¡estresante!

Pero por muy estresante que sea, resulta realmente maravilloso… ¡es nuestra boda! Cada uno de los detalles que hay dentro de una boda, ha sido elegido democráticamente (bueno, casi siempre) y tiene un porqué… Un porqué que no todo el mundo conoce o que no todo el mundo entiende, pero tiene un sentido, está por algo…

Es genial elegir la música, por ejemplo. Mi chica viene hasta mi escritorio y se sienta sobre mis rodillas… “Busca esta canción, a ver que te parece…” Y así, buceando entre nuestros recuerdos, nuestras bandas sonoras y nuestras secretos confesables, elegimos la música que nos acompañara a la entrada, a la salida, en el intercambio de anillos… Así, sin casualidad.

Es mágico preparar cada una de las cosas nosotras mismas, poniendo tanto mimo en cada uno de ellos y mandando millones de mensajes para quien quiera leerlos, o sepa. Me gusta las cosas que no están hechas al azar, que se pueden explicar, relatar e incluso mostrar. Así es cada una de nuestras cosas, de alguna manera únicas, como un recuerdo.

 

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He tenido varios días “importantes” en mi vida pero ninguno comparable a una boda. Cuando tengo uno de esos días, me gusta anunciarlo a bombo y platillo. Me gusta colgarme del teléfono y avisar, contar e invitar a mi gente. Porque siempre me gusta estar rodeada de mi gente, siempre, pero en un día especial ya no es una cuestión de gusto o de preferencia, se trata de necesidad. Les necesito a mi lado, sentirles cerca.

Por eso, para el día de nuestra boda les queríamos a todos cerca, muy cerca. Pero a veces, cuando preparas días tan grandes, tan importantes, tan necesitados de tú gente, corres el riesgo de sufrir cuando no están. Y eso es lo que nos ha pasado, particularmente a mí, nos hemos caído. Porque, hay cosas que se pueden explicar y entender, cosas que son normales y por lo tanto asumibles, cosas que con solo mencionarlas no tienes que justificar… Pero después hay otras cosas, que no se pueden justificar, Justificar una mentira es decir una verdad.

La verdad duele, duele mucho. Pero duele más el hecho de que alguien a quien quieres tanto y a quien valoras, no “quiera”, “pueda” o simplemente “Te mienta” para no estar en tú día… Eso duele más, la caída de un mito.

Lo cierto es que, cuando estas cosas pasan, que a todos nos han pasado, siempre nos fijamos en esos que no están, que nos han fallado y que nos han mentido… ¡Qué gran error! Si te han fallado pudiendo evitarlo, ya han quedado retratados. Debemos quedarnos con aquellos que, pudiendo no ir, han hecho todo lo que estaba en su mano para estar allí ese día. Porque puede que para nosotras sea muy importante rodearnos de toda nuestra gente, pero para algunas personas es igual de importante acompañarnos ese día. Esas personas, esas y no las otras, son las que merecen este post, las que merecen todos nuestros agradecimientos y todos esos detalles que nos quitan tanto tiempo y nos llenan de nervios. Por ellos.

Porque no es fácil nuestra situación, lo sabemos. Vivir en Barcelona y celebrar la boda a 800 km de aquí, es una putada. La familia y amigos que tenemos aquí, en Barcelona, se tienen que trasladar con todo lo que ello conlleva, dinero, tiempo, pedir días en el trabajo… Muchas cosas. Y sin embargo, lo hacen.

Cuando yo llegué aquí a Barcelona sola y comencé a salir con mi chica, enseguida noté como toda su gente me “adoptaba”, ya no era una más que pasaba por allí, sino que era parte de un gran grupo, de una gran familia.

Lo cierto, es que yo soy muy familiar. Adoro una mesa grande, llena de sillas y de gente. Adoro un salón lleno de juguetes, gente corriendo, millones de conversaciones entrecruzadas… Lo cierto es que, yo echo mucho de menos a mi familia, mucho. Pero gracias a la familia y amigos de mi chica, he logrado tener parte de lo que allí dejé. Por eso mismo, porque les considero familia, quería tenerles cerca ese día… Y están, ¿qué más puedo pedir?

Por todos aquellos que sí cogeréis un tren, el coche o incluso el avión. Que os habéis tenido que coger el día libre en el trabajo. Que os habéis gastado una pasta entre todo… Gracias, de corazón.

Compartir ese día con todos vosotros es muy importante, pero saber que en realidad sois lo que siempre habíamos pensado, es más grande aún. Sois nuestra familia.

Os queremos.

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Tenía la necesidad de escribir hoy una entrada al blog. Sin duda alguna, hoy es un gran día, un gran martes, de esos que no olvidarás ni aunque recicles recuerdos. Hoy es martes, y me encanta.

Tengo la suerte de poder decir, que mi novela se publicará pronto, muy pronto. Antes de lo que pensabais, antes de lo que yo misma podía imaginar… Pronto. ¡Qué bonita palabra! Pronto…

He tenido la suerte de colaborar en varios proyectos, de publicar para varios medios, de realizar algún que otro programa de radio y de, por supuesto escribir. Siempre me he sentido muy orgullosa de todo aquello que he hecho, con lo que he colaborado y lo que he hecho, no puede ser de otra manera. Pero el orgullo que siento hoy, es indescriptible.

Ayer recibí un paquete muy especial, el paquete que traía mi mayor orgullo dentro, el paquete que contenía mi libro en su interior. No os voy a negar que ya lo había visto en formato libro el mes pasado, pero no había visto el definitivo, ese se me resistía un poco.
Abrí el paquete y cogí el libro, me encanta el olor de un libro nuevo ¿Y a vosotras? Y más, cuando reconoces la portada, el tipo de letra, lo que viene detrás de cada nueva página…

Pues bien, pronto, muy pronto estará publicada mi novela, mi primera novela, mi orgullo… He querido adelantaros aquí la portada, con el título y todo, para que podáis verla antes de que salga publicada oficialmente, es lo mínimo.

Por fin, me he decidido a publicar sin mi pseudíonimo, ese que durante tanto tiempo me ha escondido de la realdiad. Era la hora de poner mi firma personal, totalmente libre de capas que me oculten. Totalmente yo.

Así que nada más, compartir con todas vosotras mi alegría, mi orgullo y mi trabajo, porque ha sido duro sacar este proyecto a la luz, pero ahora que lo veo acabado, se que ha merecido la pena en todo. Es increíble ver la portada que yo misma he realizado, los acabados, el título y por supuesto, mi nombre debajo, es una sensación rara, pero increíble.

La verdad, que os confieso que siento miedo o quizá sólo sean nervios, no lo sé. Pero estoy encantada y feliz, muy feliz. Eso lo tengo claro.

 

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“Respira, ya estás fuera” nos cuenta la historia de Tania y su llegada a Barcelona para estudiar en la universidad. Atrás deja a su familia, a la que adora y su antigua vida, que espera poder cambiar y empezar de cero. “Respira, ya estás fuera”, es una historia de superación, de las que se escriben desde dentro de una misma, para que te toquen nada más leerla.

En cuánto esté disponible en Amazon, lo anunciaré en las redes sociales. Así que, comienza la cuenta atrás, amigas.

Un beso bien fuerte, y gracias. Gracias por todo.
Noe

Porque hay días que tienes marcado en rojo y no podrás olvidar jamás, aunque te vaya muy bien o te vaya mal.

Porque hay días que son tan importantes para tí, que te transportan sin querer y sin pedirlo hacia atrás, hacia el pasado. No hace falta volver la vista atrás para ver los días ya disfrutados porque esos días, aun viven en ti.

Porque hay días que cambien el resto de fechas del calendario. Un simple día, un simple cómputo de 24 horas, puede afectar directa o indirectamente, en el resto de días que componen tu existencia. Porque hay días, momentos y horas, que no deseamos que lleguen nunca, pero terminan llegando, como el invierno, como el verano, como el recuerdo de un cuento, o de tu mano simulando tocar el piano. Porque hay ausencias, recuerdos y circunstancias, que duelen sobremanera. Tú dueles, tu ausencia duele, tus recuerdos, aunque me hacen sonreír, duelen en el fondo de mí.

Porque hay días que dan miedo, sin ni siquiera llevar máscara o gritarte al oído. Da miedo vivirlos, volver a sentirlos sobre tu piel como la primera vez. Da miedo volver a revivir esa sensación de pérdida, de desasosiego y de madurez. Da miedo levantarse al día siguiente y decir en voz alta “es cierto, ha ocurrido. Ella ya no está.”. Da miedo, porque te obliga a aceptarlo, a asumirlo y a continuar hacia delante. Con miedo, sí. Pero hacia delante, aunque sea temblando y volviendo la vista atrás, pero hacia delante.

Porque hay días que sabes que van a llegar, que la vuelta al calendario se va a volver a cumplir y ese día explotará en ti, como explotó en su día aquella noticia, tu corazón o tus constantes vitales tras colgar la llamada. Esos días, has de luchar, has de enfrentarte a ellos. Por eso cargas sobre tus hombros todo el peso que puedes. A veces en forma de trabajo, mucho trabajo. Otras veces solo recados, quehaceres diarios. Otras veces, sumas todas las actividades que puedes a tu agenda. No importa no tener ni un minuto libre para sentarte en el sofá y ver las noticias o salir a tomar un café con tu pareja y comentar cómo os ha ido el día, no importa. Ese es el objetivo, tener la mente tan ocupada y tan llena de propósitos para ese día, para hoy, que te libere de tu miedo de enfrentarte a la puta realidad de su ausencia. Sigues cargando tu espalda de quehaceres, pero no puedes evitar quitarte los recuerdos de tu cabeza.

Porque hay días, que sientes el alma tan vacía, que apenas logra ponerse en pie y saludar a la vida. Las cosas pesan más cuando menos tienen, las cosas se mueven más por dentro, cuando menos te lo esperas. Las cosas cambian, los pesos, los recuerdos, las historias… Cambian. Tú nunca cambiaste. Yo nunca cambié estando contigo.

Porque hay días que son día 7, porque hay días que coinciden en enero, en el primer mes de año, en la primera semana de este nuevo año. Porque hay días que me traen tus recuerdos con la brisa, con el despertador, con el insomnio del día 7. Hoy es 7 de enero.

Porque hay días abuela, que te recuerdo aun más si cabe, más que siempre. Hoy hace un año que  nos dejaste, hoy, precisamente hoy hace un año que intento aprender a vivir sin ti, a vivir de tus recuerdos, de tus fotos y de millones de recuerdos, de historias y de anécdotas de ti, porque por suerte, hemos tenido a la mejor abuela del mundo. Sí, esa que nos cuidaba cuando estábamos malos y se recorría medio León para venir a nuestra casa y traernos algún pastel, jugar con nosotros a las cartas o simplemente ver los dibujos. Sí, esa que nos contaba dos mil anécdotas de su vida, de su infancia, de su marido o de su pueblo, y que nosotros sabíamos de memoria y aún así, disfrutábamos cuando volvías a contarlas. Ojalá hoy volvieras a recordarnos quién era Colasa o cómo bailabas en el Casino los días de fiesta. Ojalá hoy volvieras a contarnos un chiste o a hacerte doscientas fotos con nosotros, mientras sacamos la lengua y ponemos caras raras.

Porque hay días abuela, que te despiertas estando ya triste, estando melancólica, como hoy. Recuerdo el día como si fuese ahora mismo. Recuerdo cómo me llamó mi madre y supe que algo había pasado. Recuerdo los dos mil pensamientos que se me pasaron por la cabeza antes de descolgar y enfrentarme a la realidad. Recuerdo como supe que tenía que irme de Barcelona, supe que tenía que estar allí, cerca de ti, cerca de los míos.

Porque hay días abuela, que todos nos necesitamos un poco más. Hoy es uno de esos días, en los que quizá, sería más llevadero si en vez de cargarme el día de quehaceres y de recados, hubiera recorrido los 800 kilómetros que nos separan y me hubiera visto con los míos, y todos juntos, iríamos a verte.

Porque hay días abuela, que me acuerdo de ti sobremanera, como hoy.

He pasado una semana alejada de mi chica y de Barcelona. He pasado una semana alejada del trabajo y de los estudios. He pasado una semana alejada del denso tráfico y de madrugones matadores. Y a pesar de todo lo bueno, he pasado una semana echándolo de menos.

Me he ido a pasar unos días a casa, a mi tierra. He podido disfrutar de mis sobrinas y ver lo rápido que crecen y lo rápido que pasa el tiempo, ellas son la prueba. 

Estar en mi casa, me hace bien, pero está tan lejos…. Pocas veces me voy sin mi novia, la verdad, pero este viaje era distinto, era especial. He ido a por mi vestido de novia ¿y sabéis que? ¡Que ya lo tengo!

Sí, habéis leído bien, ya tengo mi vestido de novia elegido y encargado… Y eso me pone nerviosa. Parece que queda mucho para ese día, nuestro dia, donde nos diremos el sí quiero en la noche más corta, mágica y especial del año, pero lo cierto es que no falta tanto…

Estoy contenta de lo que vamos avanzando y nerviosa por lo que aún nos queda y porque, todo salga bien. No es fácil planear las cosas en la distancia.

Así que, os saludo desde el tren llegando a Barcelona ya, entre algún punto entre Lleida y Tarragona. Deseando llegar a Sants, comerme a besos a mi chica y enseñarle mil fotos de esta semana, eso sí, ninguna será con un vestido blanco.

¡¡Buenos días, buenas noches y a comerse el miércoles!!

A veces es duro estar lejos de casa…

Sí, a pesar de que llevo poco más de 9 años fuera de casa, hay días que lo echo tanto de menos…

Salí de mi casa siendo aún muy joven para buscarme la vida o encontrar un futuro. Debía de prepararme y luchar por lo que quería. Eso hice. A los 19 años, cogí una maleta grande y dejé atrás todo aquello que conocía, todas las personas a las que siempre había tenido cerca… No fue fácil, pero volvería hacerlo, sin duda. Estaban por llegar los mejores años de mi vida.

Me acostumbre enseguida a estar fuera, a estar lejos. Me acostumbré a echar de menos a los míos, a mis costumbres, a mis manías, a mi casa y a mi cama, a la manera de cocinar de mi madre, a los sonidos típicos de mi casa… Me acostumbré a no tenerlo y me acostumbré a continuar hacia delante.

Las nuevas etapas que tenía por delante, marcarían un antes y un después en mi personalidad y en mi actitud ante la vida, ante el amor y ante la amistad. Fue una época de muchos cambios, de muchos quebraderos de cabeza y sin duda, una época que no podré olvidar.

Descubrí quien soy, o mejor dicho, reuní el valor suficiente para ser yo misma… No fue fácil, pero lo hice. Aprendí de la vida, de la distancia, del estar lejos de casa, de no ahogarme en un vaso de agua por alguna nimiedad. Aprendí del valor de sentirme sola, de la libertad y de la soledad que esto me daba… Aprendí a llorar tan en silencio, que ni siquiera mi compañera de habitación se percataba. Aprendí a llevar una relación con una chica, en secreto al principio, sin ser descubiertas por nadie. Aprendí a sonreír mientras besaba y a besar sonriendo. Aprendí a estar sola y los míos se acostumbraron a mi ausencia…

Lo mejor de irse, sin duda, es volver. Siempre he notado que cuando voy a casa a pasar unos días, toda mi gente se vuelca en mí. Me preparan mis comidas preferidas, me hacen café, me van a buscar en coche, quedan conmigo, me llevan a comer fuera de casa… Pero aun así, no consuela.

Hay días en los que, a pesar de todo, me siento sola. Sí, sola. Me he dado cuenta de que he dejado muchos amigos por el camino, que cada poco me despido de gente que me ha importado mucho y que ha significado mucho para mí. Me doy cuenta de que tengo amigos en muchas ciudades de España, pero todos lejos.

Es cierto que estoy genial en Barcelona y que adoro esta ciudad, que adoro la vida que aquí llevo, que adoro a mi chica sobre todas las cosas, pero también es cierto que echo de menos los planes que hacíamos antes con nuestros amigos. Nosotras seguimos llevando el mismo ritmo que hace unos meses, por lo que en ese aspecto, seguimos igual de bien. Pero desde hace un tiempo a estar parte, parece que nuestros amigos tengan planes, no tengan tiempo, no puedan quedar…

No penséis mal, no hay ningún problema, ni ningún mal rollo. Nos llevamos genial y pongo la mano en el fuego en que tanto por su parte, como por la nuestra, cualquier cosa que necesiten, aquí estaremos… Pero no hace falta necesitar a un amigo para estar  o para que la otra persona sienta que “estás”… No sé si me explico… Me gustaría quedar para ir al cine porque surge o ir a cenar sin ser un sábado, salir a tomar un café y al final tomar tres porque no paramos de hablar, planear una escapada de fin de semana, salir a tomar unos cócteles… Pero todo esto, porque sí, sin más, sin dar ninguna explicación… Echo de menos la espontaneidad que teníamos, sí, podríamos decir que es así. Quedar por quedar, hablar por hablar.

Echo de menos tantas cosas…

Buenas noches:

La noche es más larga de lo habitual. Hoy estoy en el tren de camino a mi tierra. Aún me quedan por delante casi 3 horas de viaje y no puedo dormir.
La maravilla de los teléfonos inteligentes e internet es que puedo escribir una entrada desde aquí, aunque ni sí quiera se donde estoy.
Me gusta viajar de noche porque parece que se me pasa antes. Siempre pienso que aunque sea, algo podré dormir… Aunque hoy creo que no lo conseguiré.
Mi madre me llamó hace una semana para decirme que la tenían que volver a operar. Tiene cáncer de piel y al parecer se le ha reproducido por tercera vez y le ha salido en dos sitios distintos. El viernes (mañana) la operan y de lo quitarán. Por eso voy a casa.
No os voy a engañar… Estoy preocupada, quizá ese. Sea el motivo por el que viajé con tanta rapidez como he podido…
Aunque sí os soy sincera soy optimista… Mucho.
Además, mi chica viaja conmigo. Ahora mismo está dormida como un bebé aquí, a mi lado. La he estado observando… Está tan tranquila y tan bonita… Me ha parecido que tenía frío así que he cogido una de esas mantas de viaje y la he tapado.
Vaya donde vaya, siempre llevo conmigo mi agenda con las mil cosas que tengo que hacer, mails pendientes, información que buscar.., y siempre dos o tres folios en blanco en los que poder dibujar mis pensamientos e intentar darles voz y forma.
Aquí os dejo los cuatro dibujos de este viaje de madrugada en el que no hay bostezos ni pijama.

Duerme la noche acuñando mis sueños.
Bostezando al cristal del tiempo.
Miles y miles de improperios.
Dignos de un loco o del más cuerdo

Porque sueño, sí. A veces a oscuras.
Otras sueño contigo, sin premura.
Otras recupero el aliento y la cordura.
Soñar es mi medicina, las heridas me cura.

Desenfundo la atención u las gafas.
No me gustaría perderme ni una palabra.
Ni sí quiera las esdrújulas ¡que macabra!
Soy una insensata sin miedo ni coraza.

Camino valiente, despacio y descalza.
Me sacudo el miedo, me calzo la templanza.
Te miro a los ojos, sin desconfianza.
¡No me falles! Mi sueño es la fianza.

Y allí estaba yo, como cada día, en el andén esperando. Y allí estaba yo, tranquila o nerviosa, de pie, con la espera bailando. Y allí estaba yo, sola, a mi conciencia escuchando. Y allí estaba yo, solamente acompañada por un gato, que de la vida se quejaba maullando.

Y allí estaba yo, esperando al tren, mi tren, esperando mi oportunidad. Y allí estaba yo paseando pasillo arriba, paseando pasillo abajo solamente con mi soledad. Y allí estaba yo, dudando de mi sombra, dudando de mi eficacia, dudando de mi capacidad…

Y allí estaba yo intentado apaciguar mi respiración, intentando no salirme del guion, no saltarme el estribillo en esta canción. Es ahora o nunca, me repite una y otra vez mi interior. Y allí estaba yo, afirmando que mi interior tenía razón, aunque solo de pensarlo, me diera pavor.

Y allí estaba yo, decidida. Y ahí estaba yo, con mi maleta, mis sueños y el alma prendida. Y ahí estaba yo, decidida, era mi momento, era mi huida. Y ahí estaba yo esperando ver las luces den un tren de alta velocidad o un triste cercanías, que llevara pasaje con cafetería y donde tomar un café y sentirme realmente viva.

Y ahí estaba yo resuelta a comenzar mi aventura. Y ahí estaba yo sabiendo que la vida nunca apura, que te deja coger aire, que te deja echarlo, pero que no te espera aunque lo esté deseando. Si has de coger el tren, no lo pienses y ve. Si tienes dudas, si tienes miedos, quédate en el andén. La vida es para los que arriesgan, ellos tienen las respuestas a las preguntas que le haces a tu almohada, entre cortadas.

Y allí estaba yo, de equipaje exenta, solo cargada de besos sabor a menta, de sueños fuertes y cargados, como la absenta, de un futuro para mí, para ti, para nosotras cuando de este viaje vuelva.

Y allí estaba yo, cariño. Notaba tu mano apretando mi mano, notaba tus labios susurrando en mi oreja, notaba tu calor traspasar mi piel, notaba tus nervios y tus ojos, clavados en mí, viéndome crecer.

Y allí estaba yo, querida musa. Y allí estaba yo, dueña anónima de estas letras, de estas cartas, de estas historias enmascaradas. Y allí estaba yo, contigo. Porque allá donde vaya, allá donde esté, siempre te llevaré en mi bolígrafo de tinta azul, en un trozo de papel y sobre todo, en mi mente y en mi piel.