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Tómate el pulso. Dedica dos minutos a colocar tus dedos sobre tu muñeca y ver si respiras, si hay pulso, si el corazón sigue bombeando fuerza a través de las venas. ¿Respiras? ¿Late el corazón? Entonces, dale sentido a cada bocanada de aire y a cada paseo de la sangre recorriendo tu cuerpo. Si respiras, si aún hay pulso tienes lo más difícil, la vida.

Tómate cinco minutos o quizá diez, o los que estimes oportunos para valorar la situación. Tienes toda la vida por delante, porque aún hay pulso, por lo que tómate cinco minutos para ver dónde estás y dónde querías estar, porque ambos lugares no deberían distar mucho entre sí y si la distancia es demasiado grande, la tristeza y la culpa quizá carcoman tu corazón de madera. Piensa, valora e implícate en reducir la distancia, en recorrerla, en superarla… Ve dónde quieras ir y se quién quieras ser. No es fácil y seguramente el camino estará lleno de cuestas pronunciadas y de piedras que te dificultarán aún más el trayecto, pero cuando tienes la convicción de querer algo, no hay cuestas suficientemente empinadas ni piedras tan grandes como para no sortearlas a golpe de poder, porque puedes.

Tómate un respiro y deja de pensar por cinco minutos. No todo consiste en sintetizarlo ni en que las neuronas le den el visto bueno. Respira y lánzate, empieza la cabeza por el tejado, lucha sin escudo y saborea el sudor de la adrenalina palpitando en tu boca. La vida no es predecible, ni se puede vivir en automático ni con la quinta puesta. Desembraga y embraga, y no pienses por un instante en nada más. ¿Qué puede pasar? ¿Que el corazón se te cale?

 

Tómate un lunes en broma y un sábado en serio. Porque no todos los días son días de trabajar y generar, y no todos los fines de semana serán días de gastar y quemar. Los días son sólo 24 horas que transcurren juntas, consecutivamente, pero no tienen más etiquetas que las que tú les pongas. Un lunes puede ser el mejor día de la semana si tú te lo propones, aunque te toque madrugar, trabajar y luchar contra el mundo. Tú tienes las etiquetas y también, la grapadora que hará que se cumplan. Grapa tus decisiones al aire y a tu convicción, pero no a los días que manipularán tus horas.

Tómate un te o quizá un café, pero descansa del día, de la vida. Siéntate y contempla. La vida pasa, sí, pero tú estás en ese pasaje junto a ella. Quizá no vayáis de la mano o quizá no os deis las buenas noches a diario, pero vais juntos, como un viajero y su maleta de mano. Sois una extraña pareja que riñe pero que no pueden pasar sin estar juntos, por lo que tómate un té y valora lo que ves, porque no hay más realidad que la que podemos ver. Que nadie te cuente lo duro que es vivir, lo duro que es sufrir, lo duro que es un puto lunes de abril, que nadie te cuente cuentos sobre vivir, vive tú y contempla lo que la vida te da y te quita, lo que la vida te proporciona y te pide a cambio, lo que la vida necesita de ti y lo que tú estás dispuesto a ofrecer. Se siempre tú el que tiene la sartén por el mango y el reloj sin darle cuerda.

Tómate la vida como si fuera un gintonic. Tómatela con alegría y con ganas, porque solo tenemos una y muchos matarían por tener más tiempo, porque el tiempo es el único producto que en realidad caduca y perece, y nosotros con él. Tómatela junto a las personas que más quieres, reúnete con tus amigos, con tu familia y también con algún enemigo, y alza tu copa y brinda por las sacudidas que da la vida. Pero tómatela antes de que el hielo convierta en agua una ginebra sazonada y adornada como una ensalada cesar, porque después, no te sabrá igual. El tiempo todo lo vence, todo lo cura y todo lo convierte en agua o en polvo. No dejes que la vida te cale e impida que te muevas. La vida está para tomársela así, en frío y de varios tragos.

Tómate en serio y escúchate, nadie te conoce como tú mismo, aunque lo quieras negar. Tú conoces tus debilidades, y te aprovechas. Tú conoces tus garantías de éxito, y te aprovechas. Tú conoces tus necesidades, y te aprovechas. Tú conoces el cómo y el porqué, y te aprovechas. Pero aprovecha todo lo que sabes sobre tí mismo para ser feliz y poder aprender como hacer las cosas. Conocerse a uno mismo es lo mejor que te puede pasar, es como jugar una partida de póker conociendo las cartas de tus rivales, tienes media mano asegurada. Sabes cuando ir y cuando plantarte, cuando subir la apuesta o tirar las cartas. Eso amigo mío, es lo que tienes tú de ventaja conociéndote.

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Y es ahora cuando empiezan las prisas, las carreras de fondo por llegar a la meta. El fin está cerca, aunque no nos damos cuenta de que no deja de ser un nuevo comienzo, una página en blanco que volver a escribir y unas nuevas ilusiones que poder soñar. Ahora ya no importa correr, no importa adelantar al más lento, no importa llegar antes o después a la meta. Importa llegar y haber aprendido. Importa valorar aquello que has conseguido y luchar por lo que aún te queda por conseguir. Importa que, si miras a ambos lados, puedes ver que no has llegado sola ni con las manos vacías.

Y es ahora cuando empiezan las prisas, las carreras de fondo por llegar a la meta. Es ahora, ahora mismo cuando empiezan los miedos de lo que está por venir, ¡ay! que miedo da el futuro incierto, ¿eh? Es ahora, precisamente ahora, cuando echas la vista atrás, atrás 360 días y valoras, y juzgas y recapacitas en todo aquello que has hecho, en todo aquello que has  invertido cada uno de tus minutos. No sientas miedo, vívelo. No sientas miedo, asúmelo. No sientas miedo, intima con él, porque no deja de ser una parte de ti, de tu vida y de todo aquello que te impide dormir cada noche. No le temas al miedo. Lo único que consigue, es ponerte piedras en el camino, nada más.

 

Y es ahora cuando empiezan las prisas, las carreras de fondo por llegar a la meta. Es ahora, cuando comienzan las cuestas más empinadas de todo el año. Es ahora, cuando sientes que te flaquean las piernas y que no puedes llegar a lo más alto, que es dónde has de llegar para comenzar tu siguiente pasito en esta vida. Has de llegar a lo más alto para comenzar a bajar, sí, bajar hacia tu vida real.

Y  es ahora cuando empiezan las prisas, las carreras de fondo por llegar a la meta. Es ahora cuando las fechas, las luces de neón, los villancicos rondando tu cabeza hacen que te apriete el corazón. Es ahora, precisamente ahora, cuando más echas de menos a los que no están, cuando más piensas en aquellos que ojalá compartieran una copa de cava y quizá un polvorón contigo. Es ahora, cuando sientes que esa silla vacía te impide alzar la copa y brindar. Es ahora cuando esa silla vacía, te mira a los ojos fijamente y te das cuenta, de que no volverán, de que no están. Esa silla te grita en el silencio de la noche que has de brindar, alzar la copa y también la vista, dirigirla a lo más infinito del mundo, a dónde crees que pueden estar esas personas que nos faltan, y sonreírles. Hacerles cosquillas al corazón, desde tu silla.

Y es ahora cuando empiezan las notas, las cartas, los planes anuales de cambios. Es ahora, cuando te propones cambiar todo aquello que no te ha gustado de tus últimos 365 días. es ahora, cuando realizas una lista de propósitos, que ironías del destino, se asemeja mucho a la que hiciste el año pasado por estas mismas fechas. Es ahora, cuando te crees que tienes la fuerza suficiente para realizar cada uno de esos propósitos, es ahora cuando te crees ganador. No los dejes, no esperes al día uno o al día dos. Si quieres hacer esos cambios en tu vida, si tienes unos propósitos que cumplir, hazlos ya. Puedes empezar dos días antes, no pasa nada por no cumplir el plazo de inicio. Esto es, simplemente una manera de demostrarte a tí mismo, que vas en serio, completamente en serio.

Y es ahora cuando empiezan las notas, las cartas, los planes anuales de cambios. Y es ahora cuando empiezas de cero o desde la mitad, puedes empezar o continuar desde el punto que más te guste, que más te llene, que más te importe. Porque eres tú quién lleva el timón de tu vida, eres tú quién ha de tomar las decisiones sobre qué hacer y cómo hacerlo. Porque eres tú el que sufre si algo sale mal o el que se alegra cuando sale bien, por eso mismo, eres  tú y solo tú quien ha de dirigir este timón hacia buen puerto, sorteando las olas, los vendavales e incluso algún tiburón o algún pirata que no quiere que lleguemos hasta la playa.

Y es ahora, ahora precisamente. Ahora es la vida, no mañana y tampoco ayer. Es ahora, ahora mismo. Mientras lees estas letras y sonríes, mientras escuchas música y te dejas llevar a otro mundo, a otra dimensión. Es ahora, ahora es lo que importa. No esperes a mañana o al mes que viene, no vivas de lo que pasó o sucedió hace un mes. Déjate llevar por el ahora, aprendiendo del ayer y deseando el mañana, pero sin que cambien tu destino.

Y vuelve a amanecer, a salir el sol, a ponerse a cero la cuenta de tu reloj.
Y vuelven a llenarse tus pulmones de aire, de aire puro que al respirar cura tu dolor más oscuro. El aire te llena, te completa, te hace levantarte y no te deja estar quieta.
Vas directa a la cocina sabes lo que tú necesitas, cafeína. Enciendes la cafetera y esperas. El olor te llega antes que el propio sabor y termina despertando a tu yo interior. Así sí que se empieza el día, con energía, cafeína y tu sueño escapando de tu cuerpo, rumbo al de la vecina.
El agua caliente desciende por tu cuerpo, desde tu frente hasta más debajo de tu vientre. Calma tu ansiedad, tu necesidad de más. El agua caliente te hace bien, te deja carente de nervios, de ansiedad e incluso de algún que otro malestar.

 

reloj de arena slide

 
Consultas la hora en tu reloj y desciendes las escaleras precipitadamente, como si tuvieras prisa porque comenzara tu día, tu jornada, tu turno…
No me gusta tener prisa ni cuando no tengo tiempo. No me gusta tener prisa, porque a veces, la cuenta atrás eclipsa el resto de cosas. No me gusta tener prisa, porque sin darte cuenta, la vida precipitas. No me gusta tener prisa, porque las cosas pasan tan rápido que ni te has percatado de esa escandalosa risa. No me gusta tener prisa, salvo cuando se trata de vivir.
Vive con tiempo, pero sin perderlo. La gente piensa que le sobra el tiempo y esto amigos, es una de las cosas que siempre escasean, incluso a ti que muchas veces lo has malgastado e incluso regalado.
Vive con tiempo, pero sin perderlo. El tiempo es lo más preciado que tenemos, no se puede comprar, no se puede volver atrás, no se puede recuperar… El tiempo es ahora, el tiempo es tuyo, es mío… El tiempo todo lo llena.
Vive con tiempo, pero sin perderlo. Porque cada cuenta a cero es una nueva oportunidad de hacer lo que quieras. De ser feliz y de luchar por serlo, de luchar por lo que quieres conseguir, de hacer lo que quieras, salvo perderlo. Porque si lo pierdes, jamás podrás recuperarlo.
Vive con tiempo, pero sin perderlo. No dudes, no dudes más y lánzate a esa piscina que está llena de oportunidades, de buenas sensaciones, de nuevas personas a las que conocer, de nuevos sitios a los que viajar, de nuevos amores a los que besar… Lánzate, solamente vivirás una vez este día. Solamente una vez

Capturando momentos…

Publicado: 21 marzo, 2015 en Uncategorized
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El tiempo vuela… Lo tengo claro.

El tiempo vuela y no importa que alces tus manos para intentar capturarlo y hacerlo tuyo. No importa que hagas eso, porque los segundos y los momentos que forman ese espacio de tiempo, terminan resbalando entre tus temblorosos dedos y huyendo de ti. Habrás perdido ese instante.

El tiempo vuela y no le importa lo que tú quieras. El tiempo vuela y lo hace a tantísima altura, que aunque vuelva la vista atrás, hacia a ti, ni si quiera te verá. Vuela tan alto, vuela con tanta fuerza, que quizá en el tercer aleteo, ya no existas.

El tiempo vuela y no importa que reces, que busques piedad o que quieras parar, rebobinar y retroceder. No importará. Nadie te preguntará que es lo que tú quieres, porque al tiempo, lo que menos le importa es eso. Él solo fluye entre la arena de un reloj y se deja llevar, granito a granito hasta la eternidad.

El tiempo vuela… ¿Aprendiste a volar ya? Es la única manera de llegar tan lejos como él… Ir a su lado, a su par, a su vera, sujetando el reloj y contando los pasos, para no perderle. La única manera de detenerlo, es dejarlo seguir, pero arropado por ti. ¿Aprendiste ya a volar?

Yo sí… Estaba tan cansada de que el tiempo pasara por delante de mí y no se detuviera, no me mirara y no se percatara de mi existencia, que decidí volar y lanzarme al vacío del recuerdo, de su recuerdo. Al tiempo límite de la existencia de un segundo. Lanzarme al vacío después de colocar la red bajo mis sueños. Sin miedo, pero con cabeza. Con cabeza, pero sin mirar atrás. Ya no hay que mirar atrás, el tiempo siempre va hacia delante, como ahora hago yo.

He aprendido muchas cosas en esta vida, muchísimas. Pero sin duda, esta es la mejor lección de todas. He aprendido a vivir el momento. Cada momento. Uno por uno, sin prisas, sin agobios, sin que los segundos pisen a los minutos en el reloj de mi muñeca.

He aprendido a capturar el momento ¿Qué momento? El momento que quiero que sea eterno… Porque para que una cosa sea eterna, solo tiene que existir y la única manera de existir, es que alguien te viva, que alguien te respire, que alguien cierre los ojos y apriete los puños con tanta fuerza, que le quede la marca en las palmas de su mano. La mejor manera de ser eterno es existir. Y tú existes, porque eres eterna. Eterna para mí, eterna en mí.

Así que cierra los ojos y vive ese momento. Crea una muesca tan profunda en tu memoria, que ni el tiempo logre erosionar y si lo consigues, esa muesca te acompañara por siempre, será eterna y existirá siempre en ti y para ti… Habrás sido capaz de capturar un momento, un instante, un segundo seguido de doscientos más. Y todo ello, cabe en una muesca, en una ínfima parte de tu memoria.

 

Echo de menos muchas cosas. No es fácil estar tan lejos de tanta gente a la que quieres…

Siempre he intentado que la distancia no se interponga más que lo que no puedo evitar, en todo lo demás… Lucho porque “no se note mi ausencia”. Llamo, me intereso por todas las cuestiones de mi gente, hago visitas en cuanto puedo, hago visitas sorpresas aunque sea de dos días, hago video llamadas… Lo que sea. Me importa estar conectada con mi gente, intentar llenar la distancia a base de mi presencia.

Necesito estar en contacto con todas esas personas, son parte de mí, forman parte de mi vida y de mi mundo. Todas son necesarias para que mi vida siga girando como hasta ahora.

Pero ¿Sabéis qué? La que se ha ido soy yo… Sus vidas siguen hacia delante. Tienen a sus familias, a sus parejas, sus trabajos… Lógicamente, mi vida también sigue hacia delante, pero echándoles de menos.

Cuando llegué aquí a Barcelona, llegué con una mano delante y otra detrás. Dejando a mi gente esparcida por toda España. No solo es mi familia de sangre, siempre hay alguien más que les consideras de casa y sin embargo, viven a más de 800km de ti.

Ahora, tras seis años de vivir en Barcelona, puedo decir que las manos que antes llevaba una delante y otra detrás, ahora están llenas. Llenas de mi chica, que ha llenado todo mi mundo, que ha hecho que pueda estar tan agusto  y sin embargo tan lejos de mi casa. Sí, mi vida está aquí, aquí estoy bien, estoy feliz. Pero, a pesar de llevar más de 6 años aquí, mi gente no vive aquí. Por suerte, cuento con toda mi familia política y todos los amigos de mi chica, eso no lo dudéis. Pero no es a eso a lo que me refiero.

Me he dado cuenta, que aunque quiera estar presente y no perderme nada, ningún acontecimiento, ninguna comida, ninguna… Me lo pierdo. No estoy allí. Sí, llamo, mando fotos, me las mandan ellos a mí y en la lejanía, sonrío por ellos. Pero no estoy allí. Sus vidas han seguido en el mismo sitio donde yo les encontré y donde yo les dejé. Sin embargo mi vida se ha bifurcado varias veces… Al final, parece que no pertenezco a ningún lado.

Me he dado cuenta que la gente, aunque te quiera, aunque te echa de menos, aprende a vivir sin ti. Yo también he aprendido a vivir tan lejos, y os aseguro que no es fácil. Pero por mi forma de ser, soy incapaz de dejar de llamar, de escribir, de presentarme por sorpresa un fin de semana… Necesito de mi gente, necesito verles, hablar con ellos… Siempre estoy pensando en ellos, pendientes de ellos, de lo que puedan necesitar, de lo que pasa por allí…

Me he dado cuenta, de que ellos siguen su camino, echándome de menos, por supuesto, pero de una manera tan diferente a la mía… Que a veces duele.

Me he dado cuenta de que se han acomodado. Yo no estoy, pero hago todo lo posible por ir. Ya me esperan allí. Ya no vienen a Barcelona. Yo llamo siempre, para cualquier cosa que pueda surgir, para cualquier día que sea especial, ya nadie llama, si va a llamar ella. Yo siempre recuerdo fechas, médicos, pruebas… Yo me he sentido muy sola aquí en ese tema.

Me he dado cuenta de que jamás he dicho nada. Nunca he dicho que les necesito o que me gustaría que vinieran a verme. O quizá sí. Pero el caso es que me siento ridícula tirando del carro. Me siento triste de que solo tire yo o de que esa sea la sensación que me queda.

Me he dado cuenta, de que este tema me pone triste. Que pienso que se han acostumbrado a no tenerme allí, a no estar nunca. No quiero que se acostumbren a no tenerme, aunque en verdad no viva allí. Quiero que, continúen con sus vidas, como lo hago yo y que junto a mí, me ayuden a recortar las distancias a través de llamadas, mensajes, visitas inesperadas o esperadas… Me gustaría poder sentirme en familia, tan lejos de nuestra casa.

Puedo decir de poca gente que les adoro y que les necesito en mi vida. Siempre me ha costado confiar en las personas y abrirme a ellas. No soy de esas. La vida, en ese sentido, me ha dado muchas patadas y algún que otro empujón. No me fio. Por eso estas personas son especiales para mí, porque sí confío. Sí se que me quieren y que se preocupan por mí, eso no lo dudéis, y yo siento por ellos exactamente lo mismo que cuando nos veíamos a diario, o quizá más. Porque lo que tiene la distancia, es que aprendes a querer en silencio y eso multiplica lo que sientes.

El otro día miré el calendario y vi que era día 7… Y entonces vino a mi cabeza… ¡Hace 6 años que llegué a esta increíble ciudad!

El 7 de junio del 2008 salía de mi casa en Alicante con destino la ciudad condal. Llevaba el coche lleno de maletas, de ropa, de recuerdos… Todo lo que me entraba en el coche, me lo traje y aun así, siempre es poco.

Por aquel entonces tenía una relación de esas que es difícil catalogar porque dependía del día, de la hora, o del estado de ánimo. Ella me acompañó y me ayudó con la mudanza y con todo. Me ayudó muchísimo en todo.

Me dolió mucho despedirme de ella y del resto de amigas que allí dejaba. Cuando me despedí de todas y las veía llorando mientras me alejaba, supe que una parte de mí se quedaría siempre allí, con ellas…

Las visitas se sucedieron en el mes siguiente, tanto por mi parte como por la parte de ella, aunque el jarro de agua fría no tardaría en llegar. Una tarde me llamó y me explicó que había quedado para tomar un café con un chico que le había presentado una compañera de trabajo. No le di ninguna importancia, ninguna. Hoy, ese chico es su marido y el padre de sus dos hijos.

Me sentí traicionada cómo nunca jamás lo he vuelto a sentir. No creo que jamás entienda el daño que me hizo… Aunque a día de hoy, tampoco es que me preocupe mucho

Mi vida se convirtió en una espiral de trabajo, casa, casa y trabajo. La espiral estaba acabando conmigo, aunque aún me quedaban más “buenas noticias”.

En agosto, la chica con la que compartía el piso decidió dejarlo y por supuesto, sin avisarme. Pasé de pagar 450 al doble sin darme cuenta… La espiral se había convertido en una obligación total. Cualquier gasto extra, supondría la ruina…

Me veía encerrada en casa, entre esas cuatro paredes, haciéndome miles de preguntas y sin obtener ninguna respuesta… Pasaron muchas otras cosas, por supuesto, con relación a la chica, pero en definitiva, podemos decir, que rompimos todo contacto… Rompimos con todo.

En noviembre mi vida comenzó a cambiar… Notaba que tenía mejor animo, que me relacionaba más aun con los compañeros de trabajo, con los que salía de vez en cuando a tomar un café o una cerveza… En noviembre me ofrecieron un chollo. Un piso muy bien de precio y en Barcelona capital, no a 40km como estaba yo… No lo dudé… Oportunidades así, muy pocas.

Con el piso nuevo, dinero en el bolsillo y sin tanta preocupación, comencé a  ver que Barcelona me sonreía y que Barcelona tenía un encanto de ese que te engancha…

En enero conocí a  mi chica… Me enamoré enseguida de ella.

En la primera cita que tuvimos, nos quedamos hablando en mi coche hasta las 4 de la madrugada… Ninguna de las dos quería decir adiós… Porque había sido un día tan bueno…

Desde ese enero del 2009 hasta hoy siento que mi suerte ha cambiado, que mi visión del mundo, de Barcelona, del amor, de las chicas y de lo que es querer, necesitar y valorar a alguien ha cambiado.

Gracias cariño por hacer de estos 6 años la mejor lección de vida… Por enseñarme que no es malo tocar fondo, lo malo es no levantar cabeza. Yo la levanté y pude verte y cuando vi que me sonrías, mi vida cambió. Tu sonrisa y tu ilusión se han convertido en mi brújula.

Cuando me imaginaba en pareja, viviendo y compartiendo todo… Jamás me imaginé un grado de compromiso como el que tengo yo con ella. Lo hacemos todo juntas y compartimos todo. Jamás pensé que sería tan feliz…

Me acuerdo mucho de mi vida de antes de Barcelona, por supuesto que sí. Pero mi vida está aquí, con ella. Las dos formamos un buen equipo, el mejor de los equipos.

 

 

 

Sin duda, el mejor regalo que pueden hacerte tus padres, es un hermano. Mis padres, por suerte para mí, han sido generosos en ese aspecto y me han regalado dos, dos maravillosos hermanos y amigos. Mis padres lo han hecho muy bien, porque no podían regalarme nada mejor.

Cuando yo tenía tres años y medio llegó al mundo mi hermana, la niña pequeña que todos cuidaríamos y mimaríamos, sin saber que sería la que más rápido crecería. Mi hermana creció siendo una niña tímida, una niña callada y reservada, aunque con un gran sentido del humor que compartía con todo aquel que estuviera en su vida. Mi hermana creció siendo la gran compañera de habitación a la que contarle todas las confidencias y preocupaciones. Mi hermana creció, sin saber que, de alguna manera, le debo parte de lo que soy…

Hoy hace veinticinco años de la llegada al mundo de esa niña… Un cuarto de siglo desde que por fin la tuvimos entre nosotros. Hoy es su día, su cumpleaños…

Mi hermana ha sido mi confesora en tantísimas situaciones… Siempre está ahí, para apoyarme, para reírse de mis paranoias, para ayudarme en todo lo que esté a su alcance. Siempre me llama cuando lo necesito, siempre me escribe, siempre se preocupa…

Porque un hermano es sin duda, el primer amigo que puedes tener  y en mi caso, así fue. Compartir habitación con ella ha sido lo mejor que me ha pasado. Porque en una habitación como esa, con dos niñas adolescentes, las emociones iban y venían demasiado rápido.

Es cierto que el mejor regalo que pueden hacerte tus padres es un hermano. Pero no es menos cierto, que el mejor regalo que puede hacerte un hermano es un sobrino. Y yo, vuelvo a estar de enhorabuena… Mi hermana me ha dado a mi niña, a mi sobrina y ahijada…

Mi hermana no solo me ha dado motivos para luchar y para continuar, charlas para subirme el ánimo y la autoestima, me ha dado un hombro en el que llorar y una mano a la que agarrarme cuando he caído… Pero también me ha dado una sobrina de ojos despiertos y mirada penetrante. Me ha dado el mejor regalo, el que no esperaba, el que no sabía qué me iba a hacer tan especial. Eres genial, hermana.

Así que, sopla las velas de esa maravillosa tarta y piensa que este año, es el tuyo… Así que a exprimir los días y las horas, y a ser muy feliz, aunque felicidad tienes a raudales.

Te quiero, hermana.