Archivos para julio, 2017

¡Postivo!

Publicado: 23 julio, 2017 en Uncategorized

No sobrevalores nunca la fuerza de impacto de un día cualquiera, nunca, porque en uno de sus más de mil cuatrocientos minutos, tu vida cambia, gira, se vuelve y se revuelve, se resuelve al fin. Porque no necesitas años, décadas o consecutivas horas para que esto pase, a veces solo necesitas un suspiro y el segundo que conlleva coger aire, nada más.

Sonó la alarma, como cualquier otra mañana a las 6, pero no era un jueves cualquiera, no era un jueves más [aunque algún día te enseñaremos que nunca lo son]. Cuando la melodía inundó la habitación, tu madre y yo ya estábamos con el alma despierta y los ojos abiertos, esperando el pistoletazo de salida para poder abandonar la cama sin sentir que nos precipitábamos.

Tu madre realizó la prueba enseguida y me encargó a mi la misión de esperar los resultados. Puede parecer una tarea fácil, pero es una de las cosas más difíciles que he tenido que hacer. Habíamos pasado otras veces por la misma situación, y el miedo a no conseguirlo pesaba más que si llevara los bolsillos llenos de piedras.
Tu madre continuaba con su rutina matutina, preparándose para ir al trabajo, como si nada fuera con ella; mientras yo, ansiosa y asustada te reconoceré, esperaba con la prueba en la mano. A veces, sobre todo si tienes prisa o deseas algo con todo el alma, el tiempo se detiene, los minutos se ahuyentan y los hilos que tejen mi calma en cualquier situación, se descolocan, se deshenebran y se pierden entre las miles de mariposas que revolotean en mi estómago y que, me mantienen alerta a las 6 de la mañana, esperando a que aparezca el positivo, el positivo …

Aparecieron las dos líneas, era positivo. Era tan y tan positivo, que a priori no me lo creí, no podía ser… ¿positivo? ¿En serio? Había pasado otras veces por lo mismo, no podía volver a equivocarme, esta vez no, porque tú ya estabas aquí.
Dejé la prueba en el lavabo, muy despacio por si las líneas desaparecían por arte de magia y leí las instrucciones por décima o undécima vez en tres minutos. Sí, era positivo, sin dudas, sin margen de error, sin… POSITIVO. Cogí aire, cogí aire… Las mariposas seguían revoloteando en mi interior, con más fuerza, con más velocidad, sin decoro ni vergüenza. Cogí aire, aire…

 

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Empecé a realizar mil acciones a la vez, quería ir corriendo a la cocina, besar a tu madre, decirle que sí, que era positivo. Quería explicarle que había leído las instrucciones, que además podía citarlas de memoria, incluso en griego si hacía falta, y que efectivamente, era positivo. Quería abrir la ventana y gritar a la luna que, ya estabas de camino. Quería, coger el teléfono y avisar a todo el mundo de mi agenda, fuese quién fuese. Quería tantas cosas, que durante unos segundos, no hice nada, ni siquiera procesar la información, porque no hizo falta; venías de camino.

Tras unos segundos a solas con mi positivo en la mano y la certeza de que tú existías ya, avise a tu madre.
¡Es positivo, cariño! Pero no me creía, dudaba de todo lo que yo le decía y no porque no quisiera, sino porque te quería tantísimo ya, que el hecho de que pudiéramos haber errado, dolía, cariño. No quería volver a equivocarse y volver a luchar contra la desesperanza que se siente cuando sabes, que no viene nadie a casa.
Se lo mostré y se lo expliqué, quería sonar convincente y mis palabras, temblaban en mi boca nada más salir.

Era jueves, 27 de abril del 2017, era el día del santo de tu madre y ese día, supimos que estabas con nosotras, aunque en realidad, siempre habías estado a nuestro lado, pero ahora te sentíamos más cerca, más grande y más real.
Ese jueves cambió nuestra vida, cambió nuestro futuro, cambió todo lo que éramos y lo que íbamos a ser. Ya no éramos dos, seríamos tres.
Era inevitable que llegaras, porque cuando alguien persigue algo con tanto fervor lo acaba alcanzando, sin importar el camino o lo que se tarde en llegar. Te habíamos alcanzado, o quizá habías sido tú, aunque eso ahora ya, no importa. Venías.

 

Ahora ya estás de camino, así que haz el favor de venir sin prisa y con calma. Crece y desarróllate, hazte grande y fuerte que el día que decidas que ya es la hora, te estaremos esperando, las dos.
Ven sin prisa, hay tiempo de sobra, tenemos tres vidas por delante y apuesto a que será glorioso compartirlas. Te esperamos aquí dónde viviremos y creceremos, dónde seremos felices y lloraremos, aquí dónde el tiempo se detendrá y nos hará inmortales y perennes, aquí dónde las agujas del reloj correrán a destiempo mientras te vemos crecer. Te esperamos, aquí, allí y dónde sea, porque ahora sí que sí, donde tú estés, estaremos contigo, arropándote.

 

Ahora estás ya de camino, así que ven con calma y sin prisa, disfrutando del viaje y recreándote. Fórmate bien, disfruta de la conexión de tu madre y hazte fuerte y grande, no tengas prisa, nosotras estamos aquí esperándote, nada nos importa más que estar aquí cuando tú llegues. La vida acaba de comenzar para ti y para nosotras no solo empieza, sino que se ha creado.

 

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