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Cada día estoy más enamorada de mi chica.

Cada día estoy más enamorada de mi chica. Cada día me doy cuenta de que la quiero más, cada día me doy cuenta de que la necesito más, cada día me doy cuenta de que la admiro más, cada día me doy cuenta de que me quedo más tiempo embobada mientras la miro, cada día me doy cuenta de que a su lado rio con más fuerza, cada día me doy cuenta de que planeamos más y más cosas, cada me doy cuenta de que la intento proteger de todo, cada día me doy cuenta que el día que empieza es un regalo.

Cada día estoy más enamorada de mi chica… ¿Es esto posible? Yo la verdad, no lo sé. Es la primera vez que quiero así. No sé si es posible que el amor crezca, como crece el deseo o la admiración. No sé si es posible querer más que el día anterior y saber que mañana me pasará lo mismo. Es la primera vez que quiero más cada día y sé que será la última.

Cada día estoy más enamorada de mi chica y lo noto. Siento dentro de mí aun las mariposas en el estómago cuando de ella se trata, no puedo dormir ni una noche sin abrazarme a ella y susurrarle lo mucho que me importa, la miro y entiendo mis deseos y mis miedos. Es ella… Ella es mi amor, ella es lo que yo necesitaba y lo que quería para mi vida…

Cada día estoy más enamorada de mi chica y se que es culpa de ella y no de mi gran capacidad para amar… Ella se deja querer, ella se hace querer y ella se merece que la quiera como jamás quise a nadie. Ella es preciosa, ella está preciosa y ella me hace sentirme preciosa. Ella es mi carcajada más fuerte, porque la risa nos acompaña allá dónde vayamos. Ella es mi sonrisa disimulada, pícara, oculta… Ella es mi despertar un domingo sin tener que trabajar y desayunar en la cama. Ella es mi sábado noche de sofá, manta y película. Ella es mi pareja de baile y mi pareja de cine preferida. Ella es lo que termina por completarme a mí. Ella es mi alter ego, mi sombra, mi amor y mi devoción…

Cada día estoy más enamorada de mi chica y cada día me siento más orgullosa de sentir tanto amor. Estoy orgullosa de muchas cosas en mi vida, de todas las cosas que he podido conseguir a base de tesón y lucha. Estoy orgullosa del carácter que he terminado por forjar a pesar de todas las circunstancias. Estoy orgullosa de cada una de las palabras que sangro en este blog. Estoy orgullosa de mi familia, de mis orígenes, de mi ciudad y de mis costumbres. Estoy orgullosa de ti, mi amor, y de lo que soy yo a tu lado. Estoy orgullosa de nosotras y de la imagen que proyectamos. Estoy orgullosa de haber encontrado a tan buena acompañante de viaje. Estoy orgullosa de tu sonrisa y de tu mirada llena de luz. Estoy orgullosa de ti, mi vida, porque eres y siempre has sido, una gran luchadora. Estoy orgullosa de tu seguridad, de tu libertad y de tu saber estar. Estoy orgullosa, muy orgullosa.

Cada día estoy más enamorada de mi chica y creo que es lo más normal. El amor no es tan ambiguo como a veces pensamos… El amor crece, como crece el deseo o como crecen las flores… Todo crece porque tiene vida propia. A la vida hay que cuidarla, mimarla, adorarla… Y crece hasta límites desorbitados. Tú eres mi órbita.

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Y entonces, cerré los ojos y te vi.

Y entonces, cerré los ojos y te vi. Sí, pequeña, te vi. Te vi a pesar de tener los ojos cerrados, a pesar de no haberte visto nunca, a pesar de que ni siquiera has nacido, a pesar de mil pesares, te vi.

Tenías las mejillas sonrojadas y los ojos abiertos, muy abiertos. Me mirabas, devolviéndome el gesto. Estabas tranquila, serena. Movías tus manos, tus pequeñas y regordetas manos, de arriba abajo.

Y entonces te sentí, a años luz de ti y te sentí. Sí, te sentí, como se siente el aire en la cara, como se siente la falta en el alma, como se siente mi hermana cuando te mueves dentro de ella. Te sentí, sí. Muy dentro de mí, tan adentro que es imposible sacarlo, es imposible borrarlo. Te sentí tan fuerte, que tu sensación está en mí, tatuada, a fuego, a base de pensar en ti.

Y entonces te oí, sí, te oí. Nadie sabe cómo será tu voz, tu timbre… Yo voy un paso por delante, porque yo te oí, yo te escuché… No me llamabas, no llamabas a nadie. Pero te oí… No sé qué decías, no se a qué te referías, ni sé que querías… Pero te oí, tú lo sabes ¿Verdad?

Y entonces sonreí, si, y a mi risa le sustituyó una gran carcajada. Sí, sonreí, reí a carcajadas… Eras tú ¿Verdad? Que le estabas haciendo cosquillas a mis recuerdos, le estabas haciendo cosquillas a mi “yo interior”, que le estabas haciendo cosquillas a mi querida imaginación, a mi querida ilusión, a mi querida imagen de ti…

Y entonces lo entendí, sí, lo entendí… Tenía las respuestas, tu respuestas, mis preguntas… Aun no estás aquí y sin embargo lo llenas todo, ocupas todas nuestras mentes, todos nuestros sueños, todas nuestras ilusiones para el año 2014 están puestas en ti y aun no estás. Tu, que lo llenas todo sin estar, eres la que motiva estas letras, la que me impulsa a escribir, la que me impulsa a sonreír con solo imaginar tu cara, la que me impulsa a emocionarme solo con pensar en el momento en que tu madre, mi hermana, te ponga en mis brazos, sobre mí y pueda verte, por primera vez de tú a tú y besarte.

Y entones entendí lo feliz que nos has hecho. Te esperamos. Tenemos ganas de ti.

Y entonces entendí que vives con tanta fuerza dentro de mí, de mi imaginación, de mis ilusiones, de mis sueños… Que para mí eres real, para mí tienes ojos que miran y que ven, tienes una voz dulce y melosa, aunque aún no hayas pronunciado ni una sola palabra. Tienes unos labios gorditos que no paran de sonreír, de reír, de mascullar palabras…  Tienes una madre que te quiere por encima de todo, que te dará todo lo que tenga y que luchará por ti, siempre. No olvides, que tú, sin querer, solo por el hecho de existir, de venir en camino, has cambiado todo. De veras te lo digo, no te imaginas hasta qué punto has cambiado todo… Para bien.

Y entonces supe que te quería, sobrina.

A veces la vida te sorprende. A veces y solo a veces esa sorpresa es lo que esperabas, es lo que querías, es lo que según tú, merecías…

A veces la vida te sorprende y te pilla con el paso cambiado, te pilla a contracorriente, en fuera de juego… A veces y solo a veces, te sorprende de tal manera que solo de pensar en la sorpresa, te mareas…

A veces la vida te sorprende y por un momento, tu mundo se detiene. ¿Pero qué ha pasado? ¿Pero por qué ha pasado? … La vida tiene muchas cosas, tiene muchas sorpresas para ti, tiene muchas aventuras preparadas, tiene muchas sonrisas, tiene muchas lágrimas, tiene muchos viajes y tiene muchas y muchas preguntas… Pero ninguna respuesta. La respuesta es el camino, la respuesta consiste en vivir, la respuesta consiste en seguirle el juego a la vida…

A veces la vida te sorprende y hace que te sientes a recapacitar… ¿Y ahora qué? Existe solo un “Ahora” pero existen tantos “mañanas” cómo tú quieras tener…  Ahora, ahora la vida te propone una alternativa, un atajo, un camino empedrado, una ruta silenciada a base de rimas, una vereda empinada con vistas al mar… A veces y solo a veces, tienes que echarte la vida a la espalda e iniciar el camino, con lo que hay, con lo que tienes, con lo que puedes contar…

A veces la vida te sorprende y no te gusta la sorpresa… A veces y solo a veces, la sorpresa te hace recapacitar, porque la vida jamás da una puntada sin hilo, la vida no tiene dados, ni quinielas para jugar al azar. La vida no cree en las casualidades… La vida cree en ti y en el ahora.

A veces la vida te sorprende poniéndote una piedra en el camino, pero no te enseña a como dejarla atrás. Y ahí estás tú, mirando de frente a la piedra, mientras te rascas la barbilla… ¿Qué hago? ¿La salto…? Es que parece un poco grande, no sé si podré saltarla…  ¿La bordeo…? Pero si hago esto, no la habré superado, no habré sido más fuerte que ella  ¿La rompo…? No podría ni con ayuda. La piedra está muy fuerte…  ¿La empujo…?

A veces la vida te sorprende y entiendes que no tenías a tanta gente como creías tener, tan cerca de ti. Que esas personas a las que les habías puesto de apellido “Amig@”, ahora, han enmudecido, han perdido las cuerdas vocales o la lengua, o tal vez lo que han perdido sea tu número de teléfono, o quizá no tengan tiempo para ti, para escribirte o llamarte y preguntarte cómo estás y cómo lo llevas, o quizás lo que han perdido es el interés en saber  algo más… O quizá… O quizá…

A veces la vida te sorprende y te vuelve a reencontrar con estas personas, que sin ningún apuro y sin ninguna vergüenza de ningún tipo, te vuelven a besar o a abrazar, y justifican su ausencia con cualquier mentira que te escupen a la cara.

A veces la vida te sorprende y te dé una lección. Porque somos unos necios, todos y cada uno de nosotros, y hasta que no duele, no aprendemos. Así somos… Cuánto más doloroso sea, más importancia le damos y mayor espacio ocupa en nuestra cabeza… Así que, gracias amigos, por demostrarme lo que sospechaba…

A veces la vida te sorprende y aunque duela, aunque no sea un plato de buen gusto para nadie, terminas mirando al cielo, suspirando y dando las gracias. Porque la amistad, cómo otras miles de cosas en la vida, han de ser reciprocas… Y es cierto, la amistad es un don con la que la vida nos bendice para mitigar los dolores de cabeza que nos da.

A veces la vida te sorprende y te hace más patente si cabe, que no estás sola, que aquel o aquella no están aquí, pero oye, el resto sí, aquí, a mi lado. A veces y solo a veces, la vida te regala y pone a tu alrededor a un grupo de personas maravillosas a las que les pones de apellido “Amig@”, sí, pero de nombre le pones “Mi”, porque lo sientes tan tuyo, lo defenderías a cualquier escala y harías lo que hiciera falta por esa persona, así que, amig@s mi@s, gracias por ser y por estar, que a día de hoy, no os podéis imaginar lo difícil que es y lo afortunada que me hacéis sentir.

A veces la vida te sorprende y te ves dando las gracias por los que están e intentando ignorar a los que no están. A veces la vida te hace pasar malos tragos… Pero pone a tu disposición el bien más preciado de los humanos, los amigos. Gracias a todos por ayudarme en este trago, por preocuparos por mí, por ayudarnos en lo que hemos necesitado. Gracias de corazón.

Y allí estaba yo, como cada día, en el andén esperando. Y allí estaba yo, tranquila o nerviosa, de pie, con la espera bailando. Y allí estaba yo, sola, a mi conciencia escuchando. Y allí estaba yo, solamente acompañada por un gato, que de la vida se quejaba maullando.

Y allí estaba yo, esperando al tren, mi tren, esperando mi oportunidad. Y allí estaba yo paseando pasillo arriba, paseando pasillo abajo solamente con mi soledad. Y allí estaba yo, dudando de mi sombra, dudando de mi eficacia, dudando de mi capacidad…

Y allí estaba yo intentado apaciguar mi respiración, intentando no salirme del guion, no saltarme el estribillo en esta canción. Es ahora o nunca, me repite una y otra vez mi interior. Y allí estaba yo, afirmando que mi interior tenía razón, aunque solo de pensarlo, me diera pavor.

Y allí estaba yo, decidida. Y ahí estaba yo, con mi maleta, mis sueños y el alma prendida. Y ahí estaba yo, decidida, era mi momento, era mi huida. Y ahí estaba yo esperando ver las luces den un tren de alta velocidad o un triste cercanías, que llevara pasaje con cafetería y donde tomar un café y sentirme realmente viva.

Y ahí estaba yo resuelta a comenzar mi aventura. Y ahí estaba yo sabiendo que la vida nunca apura, que te deja coger aire, que te deja echarlo, pero que no te espera aunque lo esté deseando. Si has de coger el tren, no lo pienses y ve. Si tienes dudas, si tienes miedos, quédate en el andén. La vida es para los que arriesgan, ellos tienen las respuestas a las preguntas que le haces a tu almohada, entre cortadas.

Y allí estaba yo, de equipaje exenta, solo cargada de besos sabor a menta, de sueños fuertes y cargados, como la absenta, de un futuro para mí, para ti, para nosotras cuando de este viaje vuelva.

Y allí estaba yo, cariño. Notaba tu mano apretando mi mano, notaba tus labios susurrando en mi oreja, notaba tu calor traspasar mi piel, notaba tus nervios y tus ojos, clavados en mí, viéndome crecer.

Y allí estaba yo, querida musa. Y allí estaba yo, dueña anónima de estas letras, de estas cartas, de estas historias enmascaradas. Y allí estaba yo, contigo. Porque allá donde vaya, allá donde esté, siempre te llevaré en mi bolígrafo de tinta azul, en un trozo de papel y sobre todo, en mi mente y en mi piel.

Hoy tuve un sueño y me supo a gloria. Sí, ahí estaba yo, con el estómago revuelto, como si estuviera montada en una noria, girando mis pensamientos, mis historias… Pero es tan dulce soñar cuando sueñas con conseguir la euforia que no quería despertar y volver, sola, triste y sin haber conseguido una victoria.

Hoy tuve un sueño y no estuve sola, me encontré con muchos amigos que entre el gentío me gritaban un hola. Me encontré con muchos soñadores, con muchos optimistas que me seguían, que gritaban, que junto a mí, presionaban, pero sin pistolas.

Hoy tuve un sueño y soñé con la libertad porque creo que es el poder más importante de la humanidad. Quiero ser libre para poder amar, a quien mi alma busque con necesidad. Quiero ser libre para no volver a negociar si me puedo o no me puedo casar. Quiero ser libre para de la mano por la calle poder caminar y no levantar miradas, ni miedos y un ataque causar. Quiero ser libre para gozar de mi libertar, para exhalar que soy mujer, que soy lesbiana y que gozo de una sanísima felicidad.

Hoy tuve un sueño en el que nadie volvía usar la palabra normal se llamaba a la gente por su nombre de pila, tal cual. Porque yo soy yo, una persona individual, con mis virtudes, con mis defectos, nada que deba de ser tratado de forma inusual. Porque soy lo que soy, soy mil cosas tras el reflejo de un cristal, no me juzgues solo por una, se un poco imparcial.

Hoy tuve un sueño, que falta me hacía soñar. Porque el día a día a veces me hace aullar, me hace chillar, me hace gritar… Pero somos muchos y se nos da bien luchar, llevamos demasiado tiempo lidiando, que no nos silenciaran. Yo levanto mi brazo, yo alzo mi voz, yo lucho, yo te apoyo, yo sueño a tu lado. Porque yo tengo un sueño y tu apareces en él.

¿Y aun me preguntas que sí te quiero?

Mírame a los ojos… No, no, acércate más… Un poco más, no tengas miedo… Ahí, mírame bien, a los ojos, iris con iris… ¿Ves ese color tan azul que se podría fundir con el cielo, con el mar o si me apuras, con el pelo de Lucía Bosé? Lo causas tú, tú eres la causa, tu eres la razón, tu eres mi café con leche, mi pecado y me rendición.

¿Y aun me preguntas porque te quiero?

No lo hagas más, cariño… Pregúntame porque no te encontré antes, porque no te quise desde antes, porque… Porque… Porque ten claro, ten seguro, ten a buen recaudo, que nada hay más bonito, más fácil, más mágico y asombroso, que quererte. Porque tú eres mi alfa y mi omega, mi princesa sin corona, mi reina sin reino, mi vida y mi aliento…

¿Y aun me preguntas que desde cuándo?

Desde que te vi, desde que te hablé, desde que te oí… Siempre. Siempre te he querido, siempre quise quererte y siempre quise que tú me quisieras… porque quererte a ti es lo que buscaba, que tú me quisieras a mí, era lo que soñaba… Y ahora, que yo te quiero y tu me quieres… ¿Qué más puedo pedir, princesa? ¿Tu corona, tu reino, tu alma que a besos peino? Nada más puedo pedir, si ya lo tengo todo…

¿Y aun me preguntas porque te abrazo por la noche y te acerco a mí?

Porque no quiero que seas un sueño que se desvanece entre las sábanas. Porque no quiero que tu olor deje de erizarme el vello, porque no quiero dejar de oírte suspirar cuando suena el despertador, porque no quiero dejar de verte.

¿Y aun me preguntas que porque te miro?

¡Adoro mirarte…! Me relaja la vista, relaja mis sentidos, relaja mi cabeza… Que por un momento deja de pensar para disfrutar. Que por un momento, deja de estrujarse para buscar ideas y comienza a ser libre, a tu lado. Adoro mirarte, adoro ver como haces cosas tan simples como un café, como peinarte, como estornudar… Adoro mirarte, preciosa.

¿Y aun me preguntas…?

Pregúntame, porque siempre, tendré algo que responderte, porque siempre tendré algo bonito que decirte, porque siempre tendré una sonrisa cómplice que dedicarte… No te quedes con ninguna duda, quédate conmigo.

 

 

 

 

Hoy es uno de esos días en los que necesito mimos, en los que necesito miradas cómplices, palabras susurradas al oído y gritadas en medio de la noche, en los que necesito tu mano calmando mis nervios, calmando mis disgustos, calmando mis palabras aceleradas…

Hoy es uno de esos días en los que todo lo que siento lo magnifico, lo confundo, lo asocio, lo borro… Lo multiplico… Por eso necesito tu mano sobre la mía, para dividirlo, para minarlo, para acabar con “eso”.

Hoy es uno de esos días en los que me alimento de tus abrazos, que me sujetan fuerte, que sujetan mi angustia, mi pesar, mis disgustos, mis exageradas preocupaciones…

Hoy es uno de esos días en los que necesito hablar, de ti de mí, de mi pasado, de nuestro futuro. Hoy es uno de esos días en los que quiero hablarte, en los que quiero contarte, en los que quiero sincerarme, solo contigo, solo para ti. Mi voz, mis preocupaciones y tú, con tu sonrisa y tu mano sobre la mía, calmándome.

Hoy es uno de esos días en los que ya no puedo fingir más, porque esa es mi mayor especialidad, fingir, mentir, aparentar… Pero a veces, a veces es tan difícil cariño, que no puedo más… NO debería fingir, lo sé, pero es tan duro verte preocupada, es tan duro ver que sufres y que lo haces por lo que yo te cuento, por lo que yo siento, por lo que yo estoy pasando… Que prefiero tragar yo, que prefiero agacharme un poco, cargármelo a la espalda y tirar hacia delante, como siempre he hecho, se me da tan bien… Pero ahora es distinto… Ahora no soy tan valiente… Ahora lo hago, sí, cierto, pero porque sé que tú estás a mi lado, velando por mí, como si fueras mi muleta o mi cayado… Que va junto a mí y si tropiezo o no puedo más… Me sujetarás, me abrazarás, me besarás y todo lo que siento, se esfumara mientras esté entre tus brazos…

Hoy es uno de esos días en los que miro al cielo y agradezco, sea quien sea quién esté allí arriba, por tenerte a mi lado, por ser mi cayado y la que me habla, la que me sugiere, la que sonríe a mis preocupaciones, la que acuna mis miedos hasta que se duermen, hasta que desaparecen, la que está a mi lado sin pesares, porque el hecho de no estar, sería un gran pesar.

Hoy es uno de esos días en el que te echo de menos a cada segundo, a cada parpadear, a cada “ahora vengo, no tardo…” Hoy es uno de esos días en los que necesito tu piel junto a la mía, tu piel sobre la mía, tu mano calmando cada poro de mi piel…  Hoy es uno de esos días, cariño, en los que no me aguanto ni yo, en los que pienso demasiado las pequeñas cosas, en las que me siento tan afortunada por mil razones y tan imbécil de no disfrutarlas. Hoy es uno de esos días, en los que sé que tengo más  de lo que merezco, de que tengo más que suficiente para ser feliz y sé que lo que hoy, y solo hoy, no me deja avanzar, son solo tonterías, pequeños cántaros en el camino, que puedo bordearlos, saltarlos e incluso cogerlos y arrojarlos al olvido, al rio, al desahucio… Pero seré débil, estaré débil, me estaré dejando ganar…

Hoy es uno de esos días en el que escribo estas letras y estoy deseando firmarlas, para ir a la habitación de al lado y darte un abrazo y que tus brazos me protejan de mi miedo. Hoy es uno de esos días, cariño…