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Porque hay días que tienes marcado en rojo y no podrás olvidar jamás, aunque te vaya muy bien o te vaya mal.

Porque hay días que son tan importantes para tí, que te transportan sin querer y sin pedirlo hacia atrás, hacia el pasado. No hace falta volver la vista atrás para ver los días ya disfrutados porque esos días, aun viven en ti.

Porque hay días que cambien el resto de fechas del calendario. Un simple día, un simple cómputo de 24 horas, puede afectar directa o indirectamente, en el resto de días que componen tu existencia. Porque hay días, momentos y horas, que no deseamos que lleguen nunca, pero terminan llegando, como el invierno, como el verano, como el recuerdo de un cuento, o de tu mano simulando tocar el piano. Porque hay ausencias, recuerdos y circunstancias, que duelen sobremanera. Tú dueles, tu ausencia duele, tus recuerdos, aunque me hacen sonreír, duelen en el fondo de mí.

Porque hay días que dan miedo, sin ni siquiera llevar máscara o gritarte al oído. Da miedo vivirlos, volver a sentirlos sobre tu piel como la primera vez. Da miedo volver a revivir esa sensación de pérdida, de desasosiego y de madurez. Da miedo levantarse al día siguiente y decir en voz alta “es cierto, ha ocurrido. Ella ya no está.”. Da miedo, porque te obliga a aceptarlo, a asumirlo y a continuar hacia delante. Con miedo, sí. Pero hacia delante, aunque sea temblando y volviendo la vista atrás, pero hacia delante.

Porque hay días que sabes que van a llegar, que la vuelta al calendario se va a volver a cumplir y ese día explotará en ti, como explotó en su día aquella noticia, tu corazón o tus constantes vitales tras colgar la llamada. Esos días, has de luchar, has de enfrentarte a ellos. Por eso cargas sobre tus hombros todo el peso que puedes. A veces en forma de trabajo, mucho trabajo. Otras veces solo recados, quehaceres diarios. Otras veces, sumas todas las actividades que puedes a tu agenda. No importa no tener ni un minuto libre para sentarte en el sofá y ver las noticias o salir a tomar un café con tu pareja y comentar cómo os ha ido el día, no importa. Ese es el objetivo, tener la mente tan ocupada y tan llena de propósitos para ese día, para hoy, que te libere de tu miedo de enfrentarte a la puta realidad de su ausencia. Sigues cargando tu espalda de quehaceres, pero no puedes evitar quitarte los recuerdos de tu cabeza.

Porque hay días, que sientes el alma tan vacía, que apenas logra ponerse en pie y saludar a la vida. Las cosas pesan más cuando menos tienen, las cosas se mueven más por dentro, cuando menos te lo esperas. Las cosas cambian, los pesos, los recuerdos, las historias… Cambian. Tú nunca cambiaste. Yo nunca cambié estando contigo.

Porque hay días que son día 7, porque hay días que coinciden en enero, en el primer mes de año, en la primera semana de este nuevo año. Porque hay días que me traen tus recuerdos con la brisa, con el despertador, con el insomnio del día 7. Hoy es 7 de enero.

Porque hay días abuela, que te recuerdo aun más si cabe, más que siempre. Hoy hace un año que  nos dejaste, hoy, precisamente hoy hace un año que intento aprender a vivir sin ti, a vivir de tus recuerdos, de tus fotos y de millones de recuerdos, de historias y de anécdotas de ti, porque por suerte, hemos tenido a la mejor abuela del mundo. Sí, esa que nos cuidaba cuando estábamos malos y se recorría medio León para venir a nuestra casa y traernos algún pastel, jugar con nosotros a las cartas o simplemente ver los dibujos. Sí, esa que nos contaba dos mil anécdotas de su vida, de su infancia, de su marido o de su pueblo, y que nosotros sabíamos de memoria y aún así, disfrutábamos cuando volvías a contarlas. Ojalá hoy volvieras a recordarnos quién era Colasa o cómo bailabas en el Casino los días de fiesta. Ojalá hoy volvieras a contarnos un chiste o a hacerte doscientas fotos con nosotros, mientras sacamos la lengua y ponemos caras raras.

Porque hay días abuela, que te despiertas estando ya triste, estando melancólica, como hoy. Recuerdo el día como si fuese ahora mismo. Recuerdo cómo me llamó mi madre y supe que algo había pasado. Recuerdo los dos mil pensamientos que se me pasaron por la cabeza antes de descolgar y enfrentarme a la realidad. Recuerdo como supe que tenía que irme de Barcelona, supe que tenía que estar allí, cerca de ti, cerca de los míos.

Porque hay días abuela, que todos nos necesitamos un poco más. Hoy es uno de esos días, en los que quizá, sería más llevadero si en vez de cargarme el día de quehaceres y de recados, hubiera recorrido los 800 kilómetros que nos separan y me hubiera visto con los míos, y todos juntos, iríamos a verte.

Porque hay días abuela, que me acuerdo de ti sobremanera, como hoy.

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He estado pasando las fotos y los vídeos que he hecho estas pasadas vacaciones… Y no he podido evitar esbozar una gran sonrisa. Han sido increíbles, increíbles de verdad…

Planeamos nuestras vacaciones de invierno en torno al cumpleaños de nuestra sobrina y ya, a partir de ahí, dibujamos el resto del plan.

Desde algo más de un año, cualquier época del año en la que tenga días libres, puentes o vacaciones, planeo ir a casa. Necesito ver a mi gente y ayudar a mi hermana en lo que necesite. Ahora, desde la llegada de la sobrina, los días de vacaciones empiezan o acaban en mi casa. Pocas cosas nos hacen tan feliz que eso.

Con el coche cargado de maletas, regalos e ilusión, nos pusimos rumbo a mi casa, a mi tierra anhelada, a mis atardeceres anaranjados…  Y fueron tan gratificantes los días que vivimos allí, que a día de hoy, un mes después, hablamos sobre aquello y ambas sonreímos.

La niña está grande y preciosa, cómo siempre. Hemos sido testigo de cómo ha comenzado a caminar. Sí, vale, con el corre pasillos… Pero a caminar. Sus tías, que la adoran, se pasaron tardes enteras recorriendo el pasillo junto a ella, por si se caía, cuidando cada paso que daba. No cambio ni un minuto de los que viví en aquel pasillo, a pesar del dolor de espalda que tuve esa noche. Fue tan gratificante…

En uno de esos paseos por el pasillo, llegamos hasta el final y teníamos que girar el andador, para que enfilara de nuevo rumbo al salón. La niña se paró, me miró y me besó. No hay momento más tierno que ese. Yo, de cuclillas, a su altura, recibiendo el beso más deseado del mundo. Y la risa, su risa infinita…

Pero las vacaciones dan para mucho…  Y mi hermana vuelve a ser la protagonista de lo que será de nuevo, la noticia del año. Nos hacen tías de nuevo… ¡¡Otra vez!!

Sí, estábamos en mitad del cumpleaños acabando el postre, cuando mi cuñado se levantó y dirigiéndose a toda la familia nos lo anunció… Para septiembre, la niña tendrá un hermanito y nosotras, otra perdición… Pero una perdición tan adorable…

La noticia nos pilló a todos por sorpresa. Nadie sabía, ni sospechaba nada. Querían que nos enterásemos todos juntos, a la vez, y así fue. Nos pasamos la tarde brindando y sonriendo por el nuevo miembro de la familia, porque pocas noticias hay mejores que esta… Para mí, ninguna.

Pero las sorpresas y las buenas noticias no quedaban ahí… Nos fuimos a tomar algo todos juntos. Mi cuñado se sentó al lado de mi chica y comenzaron a hablar. Yo, la verdad, es que no hacía mucho caso a esa conversación. Hablaba con mi hermana mientras hacía fotos a la niña…

Le estaba proponiendo ser la madrina… ¡¡Mi chica!! Me miró y pude ver la ilusión en sus ojos… Madrina, guau… ¡Sí, sí, sí, claro que quiere!

Así que, ahí estamos, esperando a nuestro pequeño que llegara en septiembre y llenas, no os podéis imaginar hasta qué punto, de felicidad. Es todo genial.

Sin duda, el mejor regalo que pueden hacerte tus padres, es un hermano. Mis padres, por suerte para mí, han sido generosos en ese aspecto y me han regalado dos, dos maravillosos hermanos y amigos. Mis padres lo han hecho muy bien, porque no podían regalarme nada mejor.

Cuando yo tenía tres años y medio llegó al mundo mi hermana, la niña pequeña que todos cuidaríamos y mimaríamos, sin saber que sería la que más rápido crecería. Mi hermana creció siendo una niña tímida, una niña callada y reservada, aunque con un gran sentido del humor que compartía con todo aquel que estuviera en su vida. Mi hermana creció siendo la gran compañera de habitación a la que contarle todas las confidencias y preocupaciones. Mi hermana creció, sin saber que, de alguna manera, le debo parte de lo que soy…

Hoy hace veinticinco años de la llegada al mundo de esa niña… Un cuarto de siglo desde que por fin la tuvimos entre nosotros. Hoy es su día, su cumpleaños…

Mi hermana ha sido mi confesora en tantísimas situaciones… Siempre está ahí, para apoyarme, para reírse de mis paranoias, para ayudarme en todo lo que esté a su alcance. Siempre me llama cuando lo necesito, siempre me escribe, siempre se preocupa…

Porque un hermano es sin duda, el primer amigo que puedes tener  y en mi caso, así fue. Compartir habitación con ella ha sido lo mejor que me ha pasado. Porque en una habitación como esa, con dos niñas adolescentes, las emociones iban y venían demasiado rápido.

Es cierto que el mejor regalo que pueden hacerte tus padres es un hermano. Pero no es menos cierto, que el mejor regalo que puede hacerte un hermano es un sobrino. Y yo, vuelvo a estar de enhorabuena… Mi hermana me ha dado a mi niña, a mi sobrina y ahijada…

Mi hermana no solo me ha dado motivos para luchar y para continuar, charlas para subirme el ánimo y la autoestima, me ha dado un hombro en el que llorar y una mano a la que agarrarme cuando he caído… Pero también me ha dado una sobrina de ojos despiertos y mirada penetrante. Me ha dado el mejor regalo, el que no esperaba, el que no sabía qué me iba a hacer tan especial. Eres genial, hermana.

Así que, sopla las velas de esa maravillosa tarta y piensa que este año, es el tuyo… Así que a exprimir los días y las horas, y a ser muy feliz, aunque felicidad tienes a raudales.

Te quiero, hermana.

 

Ayer fue un día importante en mi vida, muy importante. Ayer celebré que me han propuesto hacer realidad uno de mis sueños, me han pedido que participe con uno de mis relatos en la elaboración de un ebook….

Es cierto que lo sabía desde hacía algunos días, pero aún no había sido capaz de digerirlo, aun no me lo había creído. Es más, el proyecto en cuestión es el “premio” al concurso de “sigue una escena…” Que organizaba #BukusCE , por lo que el libro va a seguir ese mismo guion, es decir, nos van a dar una introducción general a las tres autoras y tenemos que continuar la historia… Cada una lo hará a su manera, con personajes hechos a su medida y todas las historias serán diferentes.

Ayer por primera vez, leí el guion de la introducción que nos mandaron… Lo tenía desde hacía días y sin embargo, lo leí ayer. Me daba miedo comenzar a leer, comenzar a imaginar y pensar en una historia y que después saliera todo mal… Ayer lo leí, hice mis anotaciones, me imaginé escenas… Ayer fue el primer día.

Decidí salir con mi chica a comer por ahí, ¡esto no se puede celebrar en casa! Lo pasamos genial. Fuimos a un restaurante que me habían recomendado y la verdad que comimos de maravilla. Después fuimos a ver a mis suegros y contárselo. Se alegraron mucho también.

Camino de casa me puse un poco triste… Se que igual suena egoísta o suena tonto, pero era una noticia tan importante en mi vida y para mí, que echaba de menos también a mi gente, mejor dicho a mi “otra gente”, a la que tengo tan lejos… Porque sí, es cierto, la gente que tengo aquí es muy importante para mí, faltaría más. Mi chica… Que para mí es todo, ya lo sabéis, y su apoyo es fundamental para mí… Gracias a ella decidí abrir el blog y gracias a ella escribo y me da por presentarme a algún concurso… Pero también están mis hermanos, por ejemplo. Y ayer era un día para estar con esa gente que sí cree en ti y que ha creído siempre, que siempre te ha apoyado, incluso cuando estabas en el suelo… Por ese motivo, ayer les eché de menos más de la cuenta…

Pero después, llegué a casa y me di cuenta que a pesar de todo esto que os cuento, que soy muy afortunada… De verdad. Y a ti, cariño, que eres más buena que nada, gracias, de verdad, porque me cuidas como nadie… Eres todo para mí, no lo olvides.

La ausencia de la gente a la que queires a veces duele, claro que sí. Esa ausencia es difícil de llenar y sin embargo tu consigues, que a pesar de todo, crea que tengo dos casas, dos familias… Gracias de todo corazón, preciosa.

Gracias a todos los que de una manera u otra siempre me habéis apoyado, siempre me habéis animado y habéis estado junto a mí cuando lo he necesitado, gracias de verdad, porque gracias a todos vosotros ese ebook se hará realidad y con él,  uno de mis sueños, pero de esos sueños que sabes que son totalmente imposibles. Así que gracias por creer en mí.

 

 

http://bukusonline.blogspot.com.es/2013_11_01_archive.html

El tiempo pasa y muchas veces no nos damos cuenta de la velocidad tan vertiginosa que llega a coger. Creo que solo somos conscientes de que el tiempo pasa porque arrancamos hojas del calendario, pasamos fechas importantes señaladas en rojo, porque celebramos cumpleaños, porque a la caída de las hojas de los árboles, sabemos que le sigue la nieve y a continuación los colores de las flores en flor. Creo que somos conscientes de ese paso, de ese correr de agujas, aunque es gradual, como a cámara lenta… Pero el tiempo pasa y si vuelves la vista hacia atrás, te darás cuenta.

El tiempo pasa y estoy encantada a día de hoy con todo el camino que he recorrido, de la manera que he decidido hacerlo, de la gente que me ha acompañado en mi viaje, de todos los recuerdos que he podido almacenar y de todos los que decidí borrar, de todas las puestas de sol de las que me he empapado, de todos los amaneceres que he pasado a ti abrazada, de todas las personas que he conocido y que de una u otra manera me han marcado, me han ayudado y me han valorado, porque sí, el tiempo pasa y ahora, hoy, mirar hacia atrás, a veces me da un poco de vértigo… Pero vértigo bueno, of course.

¿Sabéis? De las personas más importantes, que más quiero, que más valoro tener en mi vida y con los que no pasa un solo día que no hable… Son mis hermanos. Les adoro, les necesito, les quiero, cuento con ellos para cada paso que doy en mi vida, les comento cada jugada, cada preocupación… Es cierto que estamos muy unidos, que nos llevábamos muy bien y que son, los dos, un pilar importantísimo en mi vida.

Yo soy la del medio, mi hermana es la pequeña y mi hermano, obvio, el mayor. Mi hermano siempre ha cuidado de nosotras, es increíble ver cómo se preocupa por nosotras, a pesar de que yo ni siquiera vivo ya en casa, pero se preocupa. Mi hermana es la pequeña de la casa, ya sabéis, la mimada y la más consentida.

Pues bien, hace unas dos semanas o así me llamó mi hermana para anunciarme sin preámbulos, sin calentamientos y sin nada parecido que iba a ser tía, ¡¡YO!!… Me quedé sin palabras… ¡TÍA! Después de las mil preguntas de rigor sobre su estado, sobre cómo se encontraba, su estado de ánimo y demás, porque lo importante es que ella esté bien, ya me fui haciendo a la idea…

Mi hermana… La pequeña de casa… La pequeña… Me va a hacer tía… Y  estoy encantada…

Llamé corriendo a mi chica… y se lo conté, “Vamos a hacer tías”… No os imagináis hasta qué punto nos hace ilusión y hasta qué punto estamos felices… Nos encantan los niños, nos encantan… Pero ser tías ya… que mi hermana pequeña, que hasta hace dos días me pedía dinero, le ayudaba con los deberes o… cualquier cosa parecida… Vaya a ser mamá… Es sensacional.

Estoy muy feliz y puedo asegurar que me apetece mucho ocupar este rol, un rol completamente nuevo para mí, un rol que no se si sabré desarrollar, pero lo único que sí puedo asegurar es que a esa personita que lleva mi hermana en su vientre… Jamás le faltará un beso, una caricia, un te quiero, una conversación seria o de cachondeo… Lo que necesite.

Solo quería compartir con todos vosotros esta noticia que me ha hecho tan y tan feliz, y también a mi pareja. Es increíble como una noticia así puede cambiarte todo lo que te planteabas de la vida, todo lo que pensabas que iba a pasar y en qué orden sucedería… Pero sin embargo, una vez más, la vida viene… Y te sorprende, y yo, que soy una enamorada de la vida… Me dejo sorprender, me dejo querer y me dejo mimar por una vida que hasta hoy, me está dando todo lo que necesito y todo lo que me hace feliz.

A mi hermana, a la pequeña, ¿qué decirte? Que te adoro, que me parece increíble lo mayor que eres ya… Lo feliz que te veo y la felicidad que te viene en camino. Que te lo mereces todo, porque tú eres todo para mucha gente. Que se me hace tan y tan raro estar escribiendo estas cosas… pero me hace tanta ilusión… Que “acepto barco”. Que te quiero con locura, de verdad que sí. Y que en esta nueva etapa verás que todo saldrá bien y así, cuando nosotras nos decidamos, podrás asesorarnos sobre un sinfín de cosas. Gracias por hacernos partícipes de todo esto.

Eres grande, pequeña.

 

 

Me falta una semana y un día para coger las vacaciones, mis ansiadas vacaciones. No os podéis hacer una idea de las ganas que tengo… Pensareis, ¿Quién no tendría ganas de coger vacaciones? Ya… Supongo que es lo normal, pero yo estas vacaciones me voy a casa, a mi casa.

Puede parecer una tontería pero no voy desde principios de octubre y el tiempo ya hace mella. Tengo ganas de ver a mis hermanos, a mi abuela, a mis padres y al resto de la familia y amigos, por supuesto. Pero también tengo ganas de “Estar en mi casa” de terminar de comer y sentarme en mi sofá, donde siempre me sentaba, disfrutar del olor característico de mi casa, ese que nota la gente de fuera y yo soy ya de fuera y lo noto. Me apetece comer la comida de mi madre, porque en ningún sitio se come como en casa.

A mí me encanta cocinar y siempre que hago algo nuevo, hablo con mi madre para que me ayude, pero no sabe igual. No sé si será la casa, la familia o el truco final, pero las comidas no saben igual.

Tengo ganas de vivir diez días como si el tiempo no hubiera pasado. Durmiendo en mi casa, mi madre llamándome para comer o salir de cervezas.

Me encanta estar en mi casa, en mi ciudad y además, como siempre, me acompaña mi chica, lo que significa que durante diez días le contaré mil historias. Las historias que voy recordando mientras paseamos. En cada calle tengo algo que contar, siempre. El problema es que hemos ido muchas veces juntas y la mayoría de las historias ya las sabe, pero me escucha como si fuera la primera vez que las cuento, creo que nota mi ilusión.

Me gusta mi ciudad, me gusta toda la historia que se puede leer en sus calles. Me gusta pasear por sus calles estrechas, tranquila, sin prisa, sin el sonido de las sirenas de bomberos o ambulancias, sin la prisa que lleva la gente por aquí por Barcelona. Pasear por pasear. Parar, tomar una caña o un vino, comer la tapa que te ponen ( Sí, gratis) y continuar.

No tener que coger el metro, coche o moto durante diez días, porque a todos los sitios se puede ir andando, si quieres, claro. Disfrutar de los espacios verdes que me ofrece la ciudad, que son muchísimos. Y respirar. Mirar al cielo y respirar y llenarme los pulmones de aire limpio.

Tengo ganas de estar con mi abuela que hace unos días fue su cumpleaños y no pude estar en la celebración. Le llevaré unos regalos. Estoy deseando que los abra, ver la cara de niña pequeña que se le pone, con una ilusión en los ojos que es indescriptible. Terminar de comer y jugar con ella al parchís, durante al menos dos horas… Y mientras jugamos que me cuente mil historias, las mismas de siempre, y como siempre, a mí me encanta. Disfruto como si fuese la primera vez, porque es ella, porque estoy junto a ella.

Estoy deseando estar por mi casa… Estar por mi ciudad… Estar con mi gente…

La verdad que echo mucho de menos mil cosas de allí. Echo muchísimo de menos a las personas que dejé allí, a las tradiciones, a las costumbres, a la forma de vida, a los paisajes… Pero sobre todo, echo de menos a mis hermanos.

Somos tres, contándome a mí, yo soy la del medio. Y puedo asegurar que estamos los tres muy unidos. Yo no doy más de dos pasos sin comentarlo con ellos. Son un gran apoyo.

La verdad es que no lo hemos pasado demasiado bien y solo contábamos con el apoyo que nos podíamos aportar nosotros. Es decir, que en las personas que más confío, son ellos. ¿Qué me pasa algo extraordinario? A ellos se lo cuento… Igual a mis padres ni se lo comento, por falta de confianza, por falta de cercanía… Pero a ellos sí.

Y estoy deseando que estemos los tres juntos, porque cuando estamos juntos, sé que no nos puede pasar nada. Cuando estamos juntos disfrutamos, nos reímos muchísimo, nos ponemos al día… Mi chica alucina cuando nos ve juntos, porque somos como un terremoto…

Así que, deseando que llegue el próximo domingo para poder estar diez días por mi tierra, que ya toca! Y descansar y recargar las pilas.

Un saludo, muac.

La verdad es que mi adolescencia no fue muy fácil, aunque ahora, con 27 años, miro atrás y pienso que en verdad no fue tan mala. Suele pasar.

Os pongo en antecedentes. Por esta época mis padres se pasaban todos los días peleados, y si estaban bien, poco les duraba. Yo creo que en verdad se pasaron toda la vida así, lo que pasa que de lo anterior yo no me acuerdo.  A veces se pasaban dos meses sin hablarse, así que imaginaros el panorama de mi casa. Al no hablarse ellos, al final lo pagaban todo con nosotros. Después lo arreglaban y se pasaban unos cuantos meses bien, hasta que volvían. Nunca sabías la situación que ibas a encontrar en casa.

Mi hermano, que es el mayor, era el que cuidaba de nosotras cuando pasaba esto. A veces venía a nuestro cuarto o se llevaba a mi hermana pequeña al suyo. Mi hermana, la pequeña lo pasó muy mal. Mientras desde el salón se oían gritos, mi hermana lloraba. Recuerdo que yo al principio también lloraba cada vez que les veía discutir, pero llegó un día en que no lo hice. Estábamos tan acostumbrados a oír voces, que era como algo normal. No me malinterpretéis, las discusiones no pasaban de cuatro voces, todo quedaba ahí.

Por esta época yo ya estaba sintiendo cosas, cosas diferentes a las que sentían mis amigas, pero no tenía con quien hablarlo, a quién dirigirme. No sabía qué hacer. No conocía a nadie que fuera homosexual.

Por aquel entonces yo tenía una “mejor amiga” en el colegio. Ella salía ya con un chico, un amigo mio. Nos hicimos amigas enseguida, nada más que llegó nueva al colegio. Lo pasábamos muy bien juntas. Así que un día se lo conté. Recuerdo contárselo entre lágrimas. No se que había pasado antes, ni que pasó después, pero de lo que sí me acuerdo fue de lo que me dijo : “Eso es lo peor que te puede pasar, es peor que un cáncer”…. Así, a bocajarro… Me dejó muy descolocada. Yo iba ya bastante preocupada, bastante asustada, y mi mejor amiga, que por cierto era un año mayor que yo, me decía eso. ¿Qué debía de hacer entonces? Me asusté y además estaba sola.

Con mis padres no podía hablar de nada de esto. No me llevaba mal con ellos, pero tampoco bien. Era una relación extraña. Quiero decir, cuando estaban de buenas…Bien, pero no teníamos confianza, no hablábamos de nada personal. Y cuando estaban de malas todo les parecía mal, así que yo prefería no hablar, no decir, no contar.

Me refugié en los libros, en escribir, en la música. Siempre me había gustado leer, pero en esa época devoraba los libros. Había una cafetería cerca de mi casa, que tenía mesas muy grandes y entraba muchísima claridad. Me escapaba allí, con mi cuaderno de pasta rojo, un libro, la música y me tomaba un café o dos… Y escribía, me desahogaba, interpretaba las canciones que escuchaba… Después volvía a casa, dejaba todo guardado y me iba con mis “amigas” y cómo que no hubiera pasado nada. Fingiendo, todo el día fingiendo.

Por aquella época mis amigas y yo salíamos a una discoteca “Teenager sesión” … Ya sabéis. Y hacíamos botellón en un parque cercano. Imaginar el panorama. La disco abría a las 18 y cerraba a las 22. Pues a las 17 o así ya estábamos haciendo botellón. Comprábamos calimocho para un montón de gente, es decir, que en verdad, bebíamos dos vasos como mucho… Pero en fin, hacíamos botellón. Esos días disfruté, disfruté mucho. Guardo buenos recuerdos de esa discoteca, de la gente con la que iba, de las peleas más tontas que surgían.

Las que íbamos siempre éramos tres, mi mejor amiga, a la que le había confesado lo mio y otra chica, la llamaremos A. Luego, si había suerte, venían muchos más.

Al año siguiente, el primer día de colegio, estábamos todas en la puerta, fumando un cigarro ( sí, éramos muy malas) apareció alguien… Alguien que me cambió. Digamos… M.

Era la chica nueva, mayor, había repetido dos cursos. Un estilo hippy, segura de sí misma, guapa, muy guapa, con unos ojos verdes…increíbles y una voz… Todos la miraban, todos y yo.

La pusieron en mi clase, y cómo nos ordenaron por orden alfabético la sentaron a mi derecha. Estaba perdida. Con el paso del tiempo nos hicimos amigas, muy buenas amigas. Pero la chica que era mi mejor amiga no lo veía con buenos ojos, no se si eran celos o simplemente estaba entendiendo que me gustaba, que me estaba pillando.

El tutor creó un grupo de debate e hizo dos grupos. Para mi suerte o mala suerte, nos puso en el mismo equipo. Nos mencionaba temas que nosotras teníamos que debatir, defender o atacar, estuvieras a favor o en contra. El tutor decía que para poder defender cualquier tema, tenías que poder atacarlo, conocer todos los detalles. Estos debates nos subían la media, así que la gente se esforzaba mucho. Cada vez que nos mandaba un tema, ella y yo nos repartíamos el material, lo sacábamos de casa y quedábamos para tomar un café y compartir lo que teníamos, para empezar a forjar los argumentos. Compartíamos muchas tardes de cafés, de risas, de argumentos a favor o en contra de la pena de muerte… Fueron buenas tardes.

Nos dimos el número de móvil, el número del fijo. Nos escribíamos, nos llamábamos, compartíamos cigarrillos a escondidas en el recreo…

En la época de exámenes recuerdo que me pasaba casi media noche estudiando, pero al día siguiente cuando llegaba a clase, ella me daba una carta. Cómo también se había quedado estudiando, había aprovechado para escribirme. Eran cartas muy graciosas. Así, poco a poco fuimos forjando una buena relación, hasta que un día, no se cómo me armé de valor, que se me pasó por la cabeza, pero se lo dije, le dije que me gustaba, que no sabía cómo había pasado, que no sabía muy bien que significaba, pero había pasado. No pasó nunca nada, pero ella me tranquilizó, me dijo que no pasaba nada, que era de lo más normal. Que ella no sentía lo mismo que yo, pero que seguiría a mi lado siempre y cuando yo quisiera… Fue la primera vez que me sentí…Bien.

Acabé la ESO sin ningún problema. Los estudios se me daban bien, no es que fuese la estudiante del mes, pero lo sacaba bien. Era la hora de ir al instituto. Aquí, aunque parezca una utopía empecé a disfrutar de los estudios. Yo soy de letras, desde pequeña. Y eso de tener como asignaturas Historia de España, Historia del arte, Historia de la filosofía, Latín, Griego lenguaje…. Y como optativa pude coger literatura. Imaginaros en clase de literatura…¿qué tenemos que hacer? Y el profesor nos decía leer mucho y hacer trabajos. Pensé, esto es increíble, me van a avaluar por algo que hago todos los días.

El instituto era diferente, los profesores y los trabajadores pasaban de ti. Tu entrabas y salías cuando quisieras, nadie te preguntaba, nadie te decía nada.

Recuerdo la primera vez que falté a una clase. Fue a la clase de griego. Mi mejor amiga y yo no teníamos ganas de ir, así que nos fuimos a un parque cercano y nos sentamos en la hierba. Estábamos las dos eufóricas. Habíamos faltado a clase para ir a sentarnos a un parque…increíble. Aunque como podéis imaginaros, no fue la última.

Por esta época mi hermano se fue de casa para estudiar fuera. Recuerdo cuando se fue. Él se fue bien, contento, sabiendo que comenzaba una nueva vida, a pesar de que se que nos iba a echar mucho de menos. Nosotras, mi hermana y yo, si que le echamos de menos. Por esta época, la relación que teníamos con mi hermano no era la mejor del mundo, pero mi hermano no dejaba nunca que nos pasara nada. Nos protegía de todo, se preocupaba de todo. Aunque luego viniera y se metiera contigo, o te hiciera bromas. Siempre estaba pendiente de que estuviéramos bien. Nadie nos ha protegido nunca como mi hermano.

Cada vez que pasaba cualquier cosa, le llamábamos al móvil, le teníamos informado de todo.

Otro día sigo explicando más cosas, porque esto no se acaba aquí, ni mucho menos.

Mil gracias a tod@s los que os pasáis por aquí, de verdad.

Un saludo, muac